Era una cálida tarde de primavera. Esperaba sentada en un banco del parque, a la salida del metro, la llegada de un par de amigos para irse juntos al cine. Sentada sobre el respaldo del asiento, escondida tras las gafas de sol, observaba el movimiento de gente por el parque, niños jugando, señoras con el carro de la compra, jubilados jugando a las cartas … le sacó de su mundo un amable anciano que se sentó en el banco, previo saludo, que ella correspondió.
<>- Eres muy guapa, niñita- le piropeó el anciano – tienes unos ojos muy bonitos, y unas buenas tetas.
!Vaya con el abuelo¡- pensó. Ni siquiera contestó, tampoco hizo ademán de moverse, el hombre con su bastón no parecia realmente peligroso.
-¿Me dejas tocarlas?- insistió. -Tengo dinero, puedo pagarte.
Ella se levantó del banco cabreada, joder con el viejo, y se dirigió hacia la entrada del metro. Sus amigos llegaron enseguida, les comentó lo ocurrido entre risas, y se fueron al cine.
Por la noche, en la cama, volvió a acordarse del momento. Pero en vez de recordarlo con asco, le dió cierto morbo la situación; se imaginó las manos arrugadas de aquel viejo sobre sus pechos manoseándolos con ansia; por su juventud, habia tenido pocas experiencias sexuales hasta el momento, y sentía una gran curiosidad por todo; se sentía mal por excitarse pensando en que la tocara un hombre que podría ser su abuelo; pero a la vez, sus manos frotando su sexo cada vez más húmedo, le indicaban lo contrario. Se corrió pensando en que al día siguiente pasaría por el parque de nuevo.
Durante todo el dia siguiente su excitación no paró de crecer. Decidió ir al parque a la misma hora que el dia anterior, pues los viejos suelen ser de costumbres horarias muy arraigadas. Se puso un buen escote, se maquilló ligeramente y fue a su morboso encuentro.
Se sentó en el mismo banco que la tarde anterior, que por suerte se encontraba vacío. Con las gafas de sol puestas, hoy le buscaba entre la gente, a la vez que sentía como latía su coño excitado. Se sentía una pequeña puta provocadora, su educación católica le decía que aquello estaba muy mal, pero el calor que sentia en sus braguitas le hacia olvidar cualquier tipo de rezo. Estaba tan cachonda que necesitaba masturbarse, si el abuelo no aparecía pronto tendría que volver a casa y acabar con su excitación ella misma.
Cuando vió como se acercaba al banco, lentamente, apoyado en su bastón, por un momento pensó en salir corriendo. Sus pezones, a punto de reventar en el sujetador la retuvieron.
- Hola, bonita, has vuelto.
- Si- dijo timidamente, con la voz ronca por la excitación
- Hoy me dejarás tocarte ? – le dijo mientras le rozaba la rodilla con la mano temblorosa.
Le dolieron los pezones y su cuerpo se estremeció, empapando sus bragas cuando sintió su contacto. Deseaba ser manoseada lascivamente por las manos de ese hombre. Casi podría decir que lo necesitaba, sabia que ni todas las pajas del mundo imaginándose como seria esa sensación no podrían acabar con sus ansias de probarlo, tarde o temprano.
-Si- dijo ella en un susurro. El abuelo se sorprendió, dando un paso hacia atrás.Por favor, que no se haya arrepentido, pensó ella. El anciano le sonrió, tocando ya con cierta lascivia su rodilla, y le propuso ir a su casa, vivia solo y alli nadie les molestaría. No le pareció buena idea meterse en casa de un señor desconocido, y tampoco hubiera sido lo correcto iniciar su perversión, porque en el fondo era eso por parte de ambos, en mitad del parque sin llamar la atención de todo el mundo,tanto por el acto en si como por la diferencia de edad de ambos.
En uno de los edificios que rodeaba el parque, habia un bar bastante transitado, asi que propuso al anciano encontrarse en el baño de caballeros del sitio, dentro de una de las cabinas.
Ella entró primero al bar, pidió una coca cola y se sentó en una mesa a la espera de que su ancestral amante llegara a su destino. Al verlo pasar hacia la parte trasera del bar volvió a sentir el deseo de salir corriendo, pero su cuerpo se levantó y se dirigió hacia los baños automáticamente. Al andar notaba como sus bragas completamente empapadas se metían estratégicamente por su coño excitándola más con cada paso que daba.
Llegó al servicio de caballeros. Oía su respiración agitada por encima de sus pasos, notaba como el corazón le latia directamente en los pezones. Oyó una voz que le llamaba desde dentro de uno de los cubiles.
Sentado sobre la taza, se encontraba su furtivo amante, tembloroso por la edad y la excitación, deseando tocarla tanto como ella lo necesitaba.
-Sientate en mis rodillas, preciosa.
Hipnotizada, se sentó sobre él, de lado, como si estuviera sobre las rodillas de Papá Noel, con la misma excitación que cuando lo hacia de pequeña, pero en este caso, mucho más perversa.
Gimió de placer en cuanto sintió sus manos sobre sus tetas. Aun por encima de la ropa, sentia el calor lascivo de su amante que habia dejado de ser el ancianito del bastón para convertirse en un niño con un juguete nuevo, buscando desesperadamente los pezones a través de la ropa para pellizcarlos.
Le facilitó la tarea quitándose la camiseta y desabrochando su sujetador, dejando sus hermosas tetas a disposición de aquel hombre, que, si hubiese sido capaz, en esos momentos tendría una tremenda erección, por la que ella, sin dudarlo, se dejaría follar.
Sentada sobre sus rodillas, desnuda de cintura para arriba, magreada lascivamente por la boca y las manos de aquel hombre mayor, se sintió como una puta barata, pero le gustó sentirse asi, como una zorra, como una cerda obsesionada por su propio placer. Se desabrochó el pantalón y metió las manos en sus bragas, tenia el coño completamente empapado, se le resbalaban los dedos en sus propios jugos,se pellizcaba el clítoris hinchado a punto de estallar,necesitaba correrse ya y eligió la mano de su amante para tal fin, que ante tal regalo movió con ansia sus dedos buscando la madriguera y le hizo estallar en un intenso orgasmo que después limpió de sus dedos lamiendolos con la lengua, como si de su polla se tratara. Se sentia tan puta que hubiera deseado poder hacerlo.
Se vistió. El anciano la observaba sentado, aun estupefacto por lo ocurrido.
- Cuanto te debo, bonita ?
- Nada, ha sido un placer.
Se fue. En el fondo no era una puta, solo le gustaba el sexo.