Después de un año, ya todos habremos llegado a la conclusión de que me gusta masturbarme más que a un tonto una tiza, aunque mantenga relaciones sexuales habituales, provocarme y que me provoquen orgasmos al parecer es una de mis mayores aficiones, y el haber iniciado una colección de consoladores, lo corrobora.
El otro día pensaba que hasta que no me independicé a los 21, no empecé a comprar juguetes en un Sex Shop, y empecé a recordar que artilugios utilizaba para autosatisfacerme en mi adolescencia, y como no, al recordarlos, pasé un buen rato riéndome de mi misma y ahora disfrutaré de mi momento de vergüenza ajena porque claro, os lo voy a contar.
Cuando el leoncito ya me suponía más esfuerzos que orgasmos, y además ya había dejado de ser virgen por lo que disfrutaba con las penetraciones, pensé ya que habia que buscar algún objeto agradable al tacto y a la inserción para experimentar.
El cuarto de baño siempre es el mejor sitio para encontrar este tipo de objetos de tono fálico gracias a la multitud de formas que tienen los botes que alli se encuentran. Pero creo que no me equivoco si digo que casi todas tenemos en común el haber probado en nuestra adolescencia el mango del cepillo del pelo.
Plateado y negro en mi caso, provocó mis primeras penetraciones fuera de una polla real; no era lo mismo ni mucho menos, pero servia para entrenarse. El pobre sufrió baja cuando le partí la base en un momento de pasión, por lo que quedó inservible, ya solo peinaba.
Probado un cepillo, probados todos, por lo que retraje mis horizontes onanísticos y busqué el placer en la estancia de la casa que mejor conocía : mi dormitorio.
Como fui una adolescente siniestra que tenia la habitación llena de calaveras, brujas y velas ( como si ahora no la tuvieras igual, chata), utilicé estas últimas como siguiente artefacto autosatisfactorio. Las velas eran las típicas que todos teníamos en casa para los apagones, en mi caso de colores negro y rojo, y solía tenerlas camufladas en sus respectivos y tenebrosos candelabros. Pero cuando llegaba la noche, aquellas dos velas se convertían en mis perversas y duras folladoras. Tenía que estar monísima, vamos, para que alguien abriera la puerta en ese momento : una siniestra habitación con una adolescente en pelotas sobre la cama y una vela metida por el coño. Totalmente bucólico.
No se si os habéis masturbado con una vela alguna vez, pero por todos es sabido que la cera se derrite con el calor. Entre las piernas no tenemos fuego, pero si la suficiente temperatura para que la cera de la vela se vuelva más blandita y moldeable, por lo que al contraer los músculos vaginales sin querer le vas dando forma. Asi que aquellas velas rectas y erectas, poco a poco se fueron convirtiendo en dos cilindros en curvatura y la base la fui redondeando de tal manera que se convirtieron en velas deformes de dia, pollas placenteras de noche.
Y me aficioné. Y como parecia un vicio sano coleccionar velas de diferentes grosores, a nadie le parecía extraño que mi habitación pareciera un altar de peticiones ; lo que no sabia nadie es que todas y cada una de las velas que adornaban la habitación, habian estado dentro de mi coño proporcionándome placer.
Un viernes noche aprovechando que mis padres habian salido de cena y volverian muy tarde, hice el que supongo que seria mi primer ritual masturbatorio, gocé de aquella primera paja tranquila en casa sin nadie que me pillara y con el suficiente tiempo para recrearme en mis fantasías. Atranqué la puerta con la silla por si las moscas, me desnudé por completo y puse la peli porno del plus ( por lo que podemos deducir que era aproximadamente la una y media de la mañana) y esta vez, para darle más morbo al asunto, decidí usar dos velas.
En lo que llevo de post, aún no había empezado a sentir vergüenza ajena … pero con lo que viene ahora, reconozco que me estoy sonrojando y pensando porque coño os lo voy a contar, jajaja…
Bien, pues la teen, o sea, yo, se acuesta en pelotas en la cama con las dos velas en la mano. Esto no tiene que ver, pero acabo de pensar que si en aquella época hubiera sabido lo que es un lubricante, hubiera tenido mucho peligro. El uso de las dos velas no era ni para hacer doblete ni para desvirgar lo que me quedaba, si no para algo más retorcido que ya había visto en una revista del hermano de una amiga y que me excitó muchisimo ( jesús, que poco acceso al porno teníamos entonces, estos jóvenes de ahora son unos privilegiados), en el que vi a una tia atada con el cuerpo lleno de cera y un vela metida en el coño. Telita las revistas del hermano de mi amiga, y telita la niña y sus ideas.
¿Quien no ha jugado alguna vez con una vela siendo niño , ha dejado que se derrame la cera y ha caido sobre la piel sin ningún dolor extremo ? Pues eso pensé yo, que la chica de la foto se lo habia pasado de puta madre con su vela y con su cera que no duele al igual que iba a hacer yo.
Seguro que estais esperando el momento en el que se escuchó el berrido de dolor en el edificio entero en cuanto la cera tocó mis tetas , pero no fue asi , a la muy perrilla de la adolescente, que ya se habia metido la vela , apagada,claro, en su horno habitual, le gustó esa sensación de dolorcillo al caer la cera que hacía que contrajera su coño y sintiera mejor la dureza de la vela. ( Me estoy acordando y me estoy poniendo muchísimo, todo hay que decirlo, jaja).
Al contraer, la vela se salia, por lo que empezaba a ser complicado sin sufrir quemaduras el sujetar una vela dentro de mi coño con una de las manos y con la otra echarme la cera, por lo que aquí a miss mcgyver pajillera, se le ocurrió colocar la vela encendida tumbada en la estanteria que había sobre la cama , sujeta por unos libros y piedras mágicas para que no rodara y se cayera. Yo me coloqué debajo de tal manera que podía masturbarme con ambas manos a la vez que dejaba la vela derramarse encima mio en las zonas que me gustaba sentirla.
Pero pensemos por un momento en una vela encendida, tumbada, pegada a unos libros, y quedémonos mentalmente con la dirección que tiene la llama en esa posición.
La adolescente cachonda ya se habría corrido un par de veces cuando decidió tener el último y apoteósico orgasmo antes de dormirse, y para ello pensó que tenía que probar la cera cayendo sobre su coño. Puso las piernas contra la pared, abiertas y dobladas para acercarse lo más posible a la pared y a la cera, con la otra vela aún dentro. Al ser una cama de noventa, la cabeza le quedaba colgado hacia atrás, postura que ya le pareció muy erótica para su propósito, y se dedicó a su propio placer sintiendo la cera que, he de reconocer, también me gustó en aquel momento.
Y si tardo dos minutos más en correrme, en aquella habitación se masca la tragedia. Del movimiento que yo creia que no provocaba pero si, los lomos de mis libros de matemáticas y física se fueron acercando peligrosamente a la llama de tal manera que el resto del curso estuvieron marcados en negro por el humo de la vela.
De la charla que me echó mi madre por llenar las sábanas de cera de vela, mejor no os hablo.









Y es que siempre me ha puesto muchisimo ver una cabeza entre mis piernas, y si está usando la lengua la imagen se torna algo borrosa, pero mucho más delirante. Por eso veo especialmente perverso el clic del colegial japo, por lo que creo que acabaré comprándolo también, no me gustaria perderme que se le ocurre a mi calenturienta cabeza cuando se vea con el uniformado adolescente.
Y escribo ahora esto pues me encuentro en ese momento, en el que deberia de estar currando pues el viernes tengo que entregar un proyecto que llevo un pelín retrasado, y las musas en vez de ayudarme, se han dedicado a provocarme con su jugueteo. Al principio he intentado obviarlas, esperando que se aburrieran y me dejaran centrarme en mi cometido. Pero cuando más concentrada estaba, o eso creia yo, en mi proyecto, mis pezones han empezado a endurecerse como si alguna de ellas se hubiera dedicado a acariciarlos mientras estaba bajo algún tipo de hipnosis mientras me fijaba en la pantalla. He soltado la mano del ratón y con las yemas de los dedos he comprobado la dureza, que se ha acentuado hasta ponerlos como dos verdaderas piedras, y he vuelto a mi trabajo. Parece que no te conoces, chata(rrera), ya no puedes pensar en otra cosa. Vuelvo, pero con la respiración agitada. Las musas calientes me van a ganar. Noto ya las bragas húmedas, pero no quiero tocarlas porque se que no me voy a resistir y acabaré masturbándome, y no debo entretenerme , pues viendo al ritmo que sube la excitación, estoy segura de que con un orgasmo no me va a bastar. Y en serio, musitas, que no tengo tiempo.
