Gente insoportable y desagradable

Sábado por la noche. Chueca en plena ebullición por la celebración del Orgullo. Miles de hombres de todas las razas, colores, alturas y larguras que os podáis imaginar.  Hacia las dos de la mañana, uno de mis amigos recibe un sms de un conocido suyo, que le pregunta por donde anda. Mi amigo le contesta y me mira riéndose. Se acerca y me comunica que viene a nuestro encuentro un amigo suyo, conocido por internet, que me va a sacar de quicio, pero que no me corte, que sea cruel con él. El resto del grupo, que también lo conocia, y me conocen a mi, le preguntan entre risas como se le ocurre juntarnos, pero todos me recomiendan que no me corte y le ataque. Yo, que a esas horas ya llevaba una buena mezcla de thc y alcohol en mis venas, aparte de las pupilas dilatadas por ese ir y venir de tiarracos ( alguno seguro que hetero y todo), no acababa de entender semejante revuelo y esas ganas del personal de que me lanzara como una gata contra el tio ese.

Y a Dios pongo por testigo que me dieron unas ganas locas de estrangularlo con mis propias manos varias veces; de atravesarle la sien con el tacón de la bota, de empalarlo en una farola para que saliera algo reluciente de su boca y no aquella sarta de gilipolleces,que  una tras otra, iban rellenando mis oidos, porque encima, le cai en gracia y no se despegaba de mi. Y daba igual lo cortantes e hirientes que fueran mis comentarios, su escaso cerebro no los pillaba, por lo que mi desesperación iba en aumento, ya que no queria decirle claramente “tio, eres un gilipollas integral insoportable”, preferia matarlo directamente.  Me rescataron al final. Pero esta se la guardo a estos cabrones.

Y me recordó a una cita a ciegas terrible que tuve hace muchos años, creo que la cita más corta que he tenido jamás. Viviamos en ciudades diferentes, él era militar y tenia que venir a la mia a pasar una revisión médica. La verdad es que no tenía el más mínimo interés en conocer al muchacho, pero un café no le hace mal a nadie. Quedamos en una calle cercana a la mia ( el idiotano supo llegar hasta la que yo vivia), y nos fuimos a un centro comercial cercano a tomar un café, estábamos en pleno mes de agosto y eran las cuatro de la tarde, por lo que necesitábamos aire acondicionado con urgencia. Aparcamos el coche en el parking del centro y nos dirigimos a una cerveceria muy buena que conocia. Nos sentamos en una mesa, yo pido una cerveza y él un café. Comenzamos a hablar de banalidades, de internet y el foro por el que nos habiamos conocido; y no tenia más conversación el muchacho, que a los 20 minutos habia dejado de ser interesante para mi.  Empieza a hablarme entonces de su trabajo, muy apasionante también, y mientras lo hace, con la uña del dedo indice de la mano derecha, empieza a rascarse despacito el antebrazo izquierdo, quitando una pequeña costra de una herida, que cuando extirpó, se metió en la boca.

Tengo que ir al baño un momento. Agarro el bolso y casi sin que se cerrara la puerta tras de mi, estoy llamando a un amigo ” por favor, por favor, rescátame. Llamame en tres minutos y dime que tengo una urgencia de trabajo y debo acudir corriendo a la oficina. Por favor. 180 segundos, ni uno más”.

Vuelvo a la mesa, intentando aguantar la nausea, y le encuentro haciendo lo mismo que provocó mi levantamiento como lanzada por una catapulta anterior. Miro su brazo, y veo que lo tiene lleno de heriditas. Dios, se pega el dia haciendo eso. Cuando ya casi no podia estar más asqueada, llama mi amigo. Uff. Si, si, voy urgentemente. A mi acompañante le da por empezar a hablar de nuevo. Pasan diez minutos y estoy deseando irme ya, pero parece que no se ha dado por aludido con la llamada. Mi amigo, que era un gran amigo, vuelve a llamarme para preguntarme donde estoy y porque no he llegado ya. Muy buena, tio, esa segunda llamada fue muy inteligente por tu parte. El soldadito plomazo, dice que me lleva hasta la oficina con el coche. Le digo que no hace falta, que prefiero ir andando a las 4 de la tarde en agosto y asi me doy un paseito sintiendo como se derrite el asfalto bajo mis pies; no cuela, insiste, asi que bajamos al parking. Al llegar alli, el muy gilipollas no se acuerda de donde ha dejado el coche. Dios mio, aquello empezaba a ser como una pelicula de terror, no me podía deshacer de él, que tío más inútil, que torpeza de hombre, me dieron ganas de abandonarlo alli que yo si sabia salir del centro comercial de sobra… Y fue lo que hice. Cuando se dio la vuelta mirando al horizonte buscando el coche , supongo que esperando que este saltara diciendo “aqui, aqui, estoy, tonto del culo”, me fui despacito por la puerta y le abandoné a su suerte.

No volví a saber nada de él, y tampoco leí en el periódico ninguna noticia acerca de que un tonto muriera deshidratado buscando su coche en un parking, asi que supongo que sabría salir de alli.

Y de propina, una estupenda canción con un buen ritmo para tararearla mientras sutilmente, mandas a tomar por culo a alguien :

Es lunes, ya sabeis ;)

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