Pajas recurrentes

A estas alturas de relación, ya sabemos todos de sobra que me gusta más masturbarme que a un tonto una tiza, aunque tenga una vida sexual bastante activa. Y monógama, que para mi es todo un reto.

Esta mañana pensaba en la evolución que han ido sufriendo mis pajillas a lo largo de los años; hoy en dia es tan fácil conectarse a internet, buscar un sitio de videos o relatos porno gratuitos y proporcionarse un orgasmo en cuestión de minutos, que le quita bastante emoción al asunto; no envidio a los adolescentes de ahora en ese sentido.

Me gustaba más la experiencia morbosa que traia en si hacerlo cuando era una quinceañera: esperar a que no hubiera nadie en casa para buscar los videos “prohibidos” de mi padre y poner las escenas más excitantes; creo que la que más veces he puesto para correrme en el sofá de mis padres ha sido el partido de paddle de Emmanuelle , escena que ahora que lo pienso, deberia de haberme supuesto algún trauma adolescente, pues me masturbaba mirando a dos mujeres acariciándose, y se supone que a esa edad todos somos superheteros y tendría que tener mis prejuicios sobre ese tema, que cambié por orgasmos a raudales.

emmaTambién me he dado cuenta en lo que hacia la captura de la foto desde la película, es que me calentaba enseguida, que la escena dura apenas dos minutos y a mi me daba tiempo a correrme…juventud ardiente, Vive Dios, o mente ya no calenturienta, si no en combustión.

En mi casa siempre se ha leido mucho, y de todo; asi que tampoco fue dificil encontrar a esos autores prohibidos escondidos en la segunda fila de los libros de la estanteria, a Henry Miller y sus trópicos, a Anais y su Delta de Venus ( adoro esos relatos), y los más fáciles de detectar, los libros rosas y sus sonrisas verticales. De estos últimos, el que más leí, releí, imaginé, sentí y disfruté fue “Memorias de una cantante alemana”, que a esa edad, me hizo flipar del todo.

Pero lo que más me ha gustado siempre, ha sido usar mi propia imaginación y montarme alguna historia a raiz de algo que me pasara, que en su momento me pudo parecer excitante o no, pero que mi mente lo procesa como tal a espaldas mias. Situaciones que pasan de ser anécdotas a orgías salvajes y depravadas en mi cabeza, que conmigo no voy a andarme con tapujos y correcciones politicas; es la sinapsis  perfecta entre los impulsos nerviosos de mi cerebro y las terminaciones nerviosas de mi clítoris.

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Y hay alguna de estas historias que me monto que se vuelven recurrentes, durante unos días o semanas utilizo esa misma fantasía para masturbarme, y le voy añadiendo capítulos, personajes, posturas y depravaciones, asi hasta que la dejo “redonda” a mi parecer, y empiezo con otra diferente. Pero la anterior no queda en el olvido, si no que al tiempo, en meses, incluso años, vuelve a aparecer por mis calenturientos recuerdos dispuesta a proporcionarme uno o varios placenteros orgasmos, con la posiblidad de sufrir también algún  cambio en este inicio de juego nuevo.

Hace poco, intenté plasmar en un relato la más recurrente de todas mis historias pajeras, mitad real, mitad ficción, en su versión original, es decir, sin los añadidos que le he ido adaptando en estos diecisiete años de fantasía orgásmica. Y en este caso, por ejemplo, fue una situación que en su momento me dio entre asco y repelús, pero que me ha proporcionado una ristra de orgasmos durante casi dos décadas.

¿Queréis leerla?

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