Archivos en la Categoría 'también fui teen'

TFT : Salida de misa

Estos dias de recogimiento y paz interior (¿ein?), digo, de lluvia imparable jode procesiones (ja,ja, eso os pasa por prohibir la procesión atea) me he acordado de la época de mi vida en la que no paraba de ir a misa. No es que fuera una devota de cojones, si no que no me quedaba otro remedio porque como muchos ya sabéis, estudiaba en un colegio de monjas, y claro, la religión puntuaba demasiado en la media. Asi que a parte de tener que oir misa una vez al mes por cojones en la capilla del colegio, los domingos no me quedaba otra que asistir también porque los lunes nos preguntaban en clase lo dicho en el evangelio del dia anterior. Que ahora que lo pienso, claro, con la edad y más maldad, podía haber hecho lo mismo que solíamos hacer, preguntar a la otra clase las preguntas que habían caído en el examen, y decirle a mi abuela que se apuntara las coordenadas bíblicas que da el cura antes de leerlo y leermelo más tarde. Coño, se me podía haber ocurrido antes.

El caso es que en mi barrio de toda la vida había dos iglesias principales: la primera, iglesia normal y corriente de barrio donde las beatas y beatos de cincuenta para arriba se reunían los domingos, y la otra, anexionada a un colegio de curas (sólo estudiaban chicos al igual que en el mio sólo éramos chicas) cuya misa era más entretenida porque tenía coro, un cura bastante ameno para lo que suele haber por ahí, y lo más importante: chicos de todas las edades que tenían la misma obligación que nosotras de asistir. Así que estaba claro a cual de las dos iglesias íbamos.

Vista la afluencia de juventud, a los curitas marchosos se les ocurrió crear un grupo mixto que se reunia los domingos antes de misa, al que llamaron “preadolescentes” pese a que todos teníamos ya pelillos, donde nos hablaban supongo que de castidad , religión , dios y esas cosas para prepararnos para la confirmación (si, también me tocó confirmarme, menos casarme por la iglesia me ha tocado pasar por todos los sacramentos, joer si me ha costado acordarme de la palabreja), pero que realmente para nosotros era un hervidero de carne de ambos sexos, cosa de la que andábamos bastante escasos.

Y es que el problema principal residía en lo bocazas que sois los tios de adolescentes, principalmente. Aunque entre un colegio y el otro apenas habia tres calles de separación, intentábamos no cruzarnos los unos con los otros. Y es que el enrollarse con alguno de los chicos de ese colegio significaba llevar colgado el cartel de putón durante el resto de tu vida. Si lo hacíamos en Jácara no, lo que allí sucedia, dentro de las puertas de la discoteca se quedaba, era zona neutral, pero cualquier paso en falso dado fuera de ella, te marcaba para los restos, por un lado por todo lo que se había inventado el tio que había tocado o metido (siendo el 99% de las veces mentira, que aún éramos jovencitas…de hace veinte años) más la envidia cochina de tus compañeras que ayudaban a que tu fama de puta traspasara fronteras. Total, que era mejor aguantarse las ganas antes de criar fama en el barrio.

Pero en preadolescentes había una especie de bula, en la que con dios como nexo de unión, podíamos tirarnos los tejos y frotarnos como si aquello fuera Jácara, pero con más luz. Como nos dejaban mezclarnos ambos sexos con la excusa de socializar, el coro y demás polladas, no sólo nos llevaban de excursión, si no que también nos preparaban fiestas (con sus carabinas pertinentes, por supuesto) y al salir de misa no resultaba ni extraño ni sospechoso que nos quedáramos hablando o decidiéramos quedar para tomar algo. Y si encima la iglesia quedaba cerca de un descampado dónde había un banco, sólo uno, pero que fue el banco más respetado del mobiliario urbano de Madrid, ya la teníamos liada. Durante la hora que teníamos de reunión curas-adolescentes salidos aprovechábamos para echarle el ojo a nuestra presa (tanto los unos como las otras) para luego acabar de emparejarnos mientras cantábamos en el coro de la iglesia, que con la excusa de tener un cuadernillo de canciones para cada dos, acabábamos rozándonos mucho, y ya sabéis que a esas edades un simple toque te puede encender hasta niveles insospechados, asi que imaginad sentir el aliento cerca de tu cuello del chico que te gusta aunque esté berreando “Señorrrrr me has mirado a los ojjooosss”.

Al acabar la misa, saludábamos a nuestros padres que los pobres se sacrificaban por nosotros y acudían también (supongo que para constatar que no estábamos haciendo pellas místicas) y volvíamos a reunirnos en la puerta de la iglesia con nuestros compañeros para…ir a meternos  mano al banco del descampado. Así de directos, ya habría tiempo para coca colas y comprar la super pop. Como el banco, además, estaba en lo alto del descampado, se podía ver si estaba ocupado o no cuando te entraba el apretón, ya que nunca nos interrumpimos unos a otros. Y ahí pasábamos la mañana, desde las doce hasta las dos, hora de volver a casa,besándonos,dejándonos tocar las tetas, haciendo pajillas, dejándonoslas hacer y yéndonos a casa con un calentón exagerado que quedaría en standby durante toda la semana hasta el domingo siguiente, porque eso si, si entre semana nos encontrábamos por la calle, ni nos saludábamos.

TFT : Mi primer beso

 

Vamos, no me lo puedo creer. Después de hacer un repaso mental a todo lo que he ido contando por aquí, creo, no estoy muy segura, que no he hablado nunca de mi primer beso, así que aprovechando que es un tonto domingo por la tarde y que estoy a punto de abrirme en canal y acabar con el ardor de estómago que tengo, voy a ver si concentrándome en este post acabo con mi martirio. Que igual tomándome un almax o un vaso de leche helada acababa con mi sufrimiento, pues también, pero esa es una solución  tan fácil, que no entra en mis planes de momento.

Era verano, y como siempre, estaba en el pueblo de mi padre pasando la época estival. Era un pueblecito de apenas 300 habitantes en verano que para el invierno se reducían a 50, ubicado en la sierra de Madrid. Lo bueno que tenía el pueblo, es que pese a su reducido número de habitantes, en verano llegábamos a juntarnos cerca de treinta niños y adolescentes, así que se convertía aquello en unas vacaciones divertidísimas, ya que todos nos hablábamos con todos y jugábamos y gamberreábamos juntos.

Yo tenía 12 años , y el grupo oscilaba entre los 9 años ( mi hermana y sus amigas) y los 20 años ( los “mayores” para nosotras). Yo creo que más o menos estábamos equiparados en número, no recuerdo que nunca hubiera una batalla sexista de “nosotros/as somos más y mandamos” éramos bastante democráticos en ese sentido.

Y como no, sufríamos lo típico que ocurre desde que el mundo es mundo : los niños de nuestra edad se dedicaban a putearnos y jugar con nosotras, mientras a nosotras nos molaban los “mayores” y empezábamos a tontear con ellos.

Aquel verano, apareció un chaval nuevo en el pueblo. Tenía 14 años, era muy guapete, moreno con los ojos verdes, alto, simpático y bien educado. Venía de Madrid capital, como la mayoria de nosotros, a pasar las vacaciones en casa de sus abuelos, de los más ricos del pueblo de toda la vida. Al chico se le notaba muy pijo y al principio un poco “crecido”, y en un primer momento no nos cayó bien. Acabo de recordar, que la cabrona que le puso el mote de “Marie Claire” porque llevaba ejecutivos con zapatos ( en un pueblo dónde había mas mierda de vaca que asfalto), fui yo. Así que se quedó con el “maricler”, aunque no se si se enteró alguna vez de que le llamamos así.

Fue un día, jugando a policias y ladrones, cuando empezamos a hablar con él. Las partidas eran gloriosas, porque valía el pueblo entero para esconderse y la puerta de la iglesia, la típica del centro del pueblo, era donde se rescataba al personal. Con un “¿puedo jugar?” que era la frase mágica para hacer amigos en nuestra época, se integró al grupo aquella misma noche. Me pregunto si hoy en día los niños harán lo mismo. No se, me da que casi todos los lectores de este blog tenemos las rodillas peladas de jugar en parques y jardines con niños que conocíamos y que no, pero veo que ahora que ya no se estila tanto, es más difícil presentarte en casa de un desconocido con un mando de consola ( y que sea la misma que él tiene) haciéndole la misma pregunta. Qué queréis que os diga, a mi me parece que tiene que ser una experiencia que hay que vivir darte un hostión corriendo o en bicicleta que te desolle las rodillas y que la herida te haga tal costra que no puedas doblar la pierna en una semana, y que te intenten convencer de que el agua oxigenada no duele mientras ves como las burbujas de oxígeno intentan desinfectar lo que ni mil capitanes actimeles podrían hacer hoy en día.

Hay un lector de este blog que me llama “abuela cebolleta” cariñosamente, hoy te estoy dando más motivos eh ? jaja. Prosigamos.

Bien, pues con “maricler” incluido en el grupo, siguió el verano. Como era dos años mayor que nosotras, entraba en el campo de chico que nos podía interesar, y al parecer, nosotras también entrábamos en el suyo. Éramos ya unas cinco chicas detrás de él, y sin decírnoslo entre nosotras que hijaputas las tías somos desde que nacemos, aunque él seguramente lo notaba sin necesidad de que se lo dijéramos. Como aún éramos inexpertas en el arte de la seducción, entre nosotras realmente no existía esa rivalidad que te entra a los quince y con la que no acabas ya hasta el dia que te mueres, si no que casi podríamos decir que éramos su harén. Supongo que al final él eligió como en el chiste. “la que tuviera las tetas más grandes”, que en ese caso era yo misma que ya usaba sujetador ( y en aquella época sufrí la gracia del tirón del sujetador tantas veces que para mí que tengo una vértebra hundida).

Total, que mi querido “maricler” una noche sentados en el poyete de la iglesia esperando a que llegaran el resto de los colegas, me preguntó si quería salir con él. Como en el momento no sabía que contestar, me dijo que me lo pensara durante la noche y que a la mañana siguiente le diera la respuesta. Ni que decir tiene que no dormí en toda la noche dándole vueltas a la cabeza, y en cuanto llegó la  hora de salir a la calle ( como poco que hubiera amanecido), le contesté que si.

Como no queríamos que nuestros padres se enteraran y los demás tampoco, pretendimos llevar nuestra relación más o menos en secreto. Jugábamos con todos, pero en cuanto la ocasión nos lo permitía, cogíamos las bicis y nos íbamos los dos solos a la zona del cementerio del pueblo que era la menos concurrida ( normal por otro lado). Allí, sobre una piedra enorme llena de musgo y con el sonido del cencerro de las vacas de fondo, nos dimos nuestro primer beso. De novela pastoril total, lo se. Beso, o más bien pico que recuerdo con cariño, aún puedo sentir esa primera impresión de tener otros labios calientes y acolchaditos pegados a los mios. Intuyo que también le dejaría que me tocara las tetas, que yo para eso he sido bastante fresca siempre, pero quedaos con el momento más romántico.

Después de aquel beso, no se si es que lo leyó en la Superpop o en el Vale, empezó a hablarme de “pasar a la siguiente base”. Vale que esta expresión es muy de película americana, pero hace 22 años ni sabía de que carajo me estaba hablando con las bases, ni se llevaba esa manera de llamarlo, al menos que yo sepa, porque jamás me he vuelto a encontrar otro idiota que creara una relación a tramos.

Su idea de pasar a la siguiente base, era el beso con lengua. Como me parecía algo fácil de realizar, no le puse ninguna pega al respecto. Ayyyy debería de habérsela puesto. Los niños de ahora no se porque me voy a talego de cabeza si me da por comprobarlo, pero los de antes a los catorce, no sabían besar, o al menos este. Casi me muero del asco al notar aquella lengua blandita intentando meterse en mi boca y tocando mi lengua, puags, que repugnancia. Aguanté el tipo como pude y pensé que aquello sería la primera vez y que después le cogería el gusto. Después de dos semanas enrollándome con una lengua flácida no dejé que el bateador volviera a lanzar y con la excusa del final del verano, no volvimos a rozar nuestras lenguas nunca más.

Dos años más tarde recibí mi primer beso con lengua rosca chapa de verdad, una lengua dura, erecta, potente ( vaya, esa tenía que haberla probado entre las piernas), que me demostró que el “maricler” pese a sus esfuerzos y reglas, era un terrible , terrible besador. Espero que haya mejorado con la edad.

Uhmm que bien, ya no me duele el estómago. Como desconozco que aire me va a dar esta semana, si no voy a parar quieta o voy a estar en estado vegetativo y podré escribir algo más, aprovecho ya para desearos unas felices fiestas y bla, bla, bla…

¿Estamos tontos? y TFT : La excursión maldita

La primera parte del título va para aquellos que me han hecho saber via email que se sentían escandalizadísimos porque me gustaría darle una paliza salvaje al mecánico. ¿¿¿WTF??? Pobrecito mio, ya tiene suficiente con lo que tiene. Que sea un gilipollas integral no me parece razón suficiente para hacerle eso; de hecho hay muchos gilipollas integrales que estarían en la lista antes que él. Esta explicación, es por si alguien más también lo ha pensado. Menudo cocazo extraño lleváis, queridos. Que sea una sádica no significa que sea una descerebrada psicópata asesina ni nada por el estilo. A ver si nos enteramos. Y si no, mejor dejad de leerme. Cojones.

Bien, segunda parte. Antes viendo el telediario me he reido bastante con tres chavalicas a las que han entrevistado en el puerto de Navacerrada con la excusa de las primeras nieves; ellas habían ido allí aprovechando el buen tiempo que ha hecho estos dias para hacer la ruta de las piscinas y tomar un poco el sol, y claro, lo contaban descojonadas.

Y me ha hecho acordarme de una situación, que ahora mismo no recuerdo si ya la he contado por aquí ( creo que no, y si es así disculpen esta repetición) de la que dos amigas y yo, llevamos 14 años descojonándonos.

Nunca se me olvidará la fecha de aquella excursión, el siete de agosto de 1996, tanto por lo vivido como por lo que ocurrió ese mismo dia en el camping de Biescas, donde una semana más tarde me iría de vacaciones con estas dos amigas y el que entonces era mi novio.

La tarde anterior a dicha excursión, aburridas ante la deserción madrileña habitual en estas épocas de todos nuestros amigos, decidimos que al día siguiente en vez de estar tiradas en el Retiro como única diversión, nos iríamos de excursión a Manzanares el Real, una zona de la sierra madrileña donde podríamos pasar un bonito día de campo, ya que un autobús interurbano nos dejaría en la misma plaza del pueblo y ya desde ahí, nos dispersaríamos por el campo. Decidido esto, nos largamos a nuestras respectivas casas ( ellas eran gemelas) para preparar la comida y lo necesario para el dia siguiente. Ahora recuerdo que en aquella época aún podía comer huevo, asi que mi madre me preparó la típica tortilla de patata excursionera con sus filetitos, mientras yo, previsora, y previa llamada a las gemelas para que hicieran lo mismo, metía botellas de agua en el congelador de mi casa para que al dia siguiente el agua no se nos convirtiera en caldo con el calor del mes de agosto antes de tiempo.

Así que a la mañana siguiente, las tres nos presentamos en la Plaza de Castilla dispuestas a tomar el autobús que nos llevara a nuestro estupendo dia de campo veraniego, al que además de la comida y el agua congelada ( idea por la que nos felicitamos) añadimos los bañadores y unas toallas porque nos acordamos de la cercanía de un pantano en la zona donde íbamos a estar. Todo perfecto. O casi todo, porque aunque estábamos emocionadas por aquella escapada de la rutina, para ser las nueve de la mañana de un dia de agosto, hacía fresquito.

Una hora y media más tarde, llegamos a nuestro destino. Nada más aterrizar en Manzanares, en la misma plaza del pueblo, nos hicimos con una hogaza de pan recién hecha que, como no cabía dentro de las mochilas, atamos en una bolsa a una de ellas ( very important dato) y un litro de cerveza fresquita, que para eso éramos adolescentes descerebradas. Dimos rienda a nuestro particular desayuno de cebada, y medio pedos decidimos irnos directamente hacia el pantano, ya que en el camino de ida lo habíamos visto y más o menos quedaba cerca. Cogimos el primer camino que encontramos en aquella dirección y empezamos a andar. Media hora más tarde, descubrimos que aquel camino tan sólo llevaba al vertedero del pueblo, por lo que no nos quedó más remedio que desandar lo andado y volver al punto de partida. Como además el día parecía que no levantaba mucho, pensamos que mejor atravesaríamos el pueblo montaña arriba hasta llegar a la zona del rio y a unas piedras enormes que se veían desde abajo y donde podríamos tumbarnos a tomar el sol y a comer. Nos pareció una idea tremenda, así que nos encaminamos hacia allí, hasta que al poco nos topamos con el río , y en un alarde aventurero, cambiamos nuestra ruta para seguir su curso, no sin una amplia dificultad, ya que suponíamos que desembocaría en el pantano siguiendo la lógica de que los rios desembocan en zonas de agua más grandes, aunque sea un riachuelo de mierda de la sierra norte de Madrid. Vamos, como si nos da por pensar que siguiendo el curso del Manzanares acabamos en las playas de Cádiz, lo mismito. Y nuestro gozo, si al menos hubiera acabado en un pozo hubiera seguido con nuestra teoría, pero aquel riachuelo acababa … en el vertedero. Así que vuelta a desandar lo andado, ya con cierto cachondeo, y prometiéndonos seriamente no desviarnos de nuestra ruta cuesta arriba nunca jamás de los jamases hasta alcanzar nuestro preciado tesoro, la enorme roca.

Llegamos a las afueras norte del pueblo, sin notar aún el calor pese a ser ya más del mediodía de agosto, pero con algo de deshidratación, por lo que nos dispusimos a hacer un alto, fumarnos un cigarrito y beber algo de agua fresquita de nuestras botellas previamente congeladas con destreza. Para otro día de agosto si, pero aquel, sólo nos proporcionó un ligero traguito a cada una pues un bloque enorme de hielo, aún sin deshacerse, nos prohibía saciar plenamente nuestra sed. Eso nos agobió un poco, pero en ningún caso nos detuvo. Las afueras del pueblo constaban de varios chalets a ambos lados de la carretera, con largas parcelas unidas entre si que no nos permitian más que pocas veces, acercarnos al campo campo por algún lateral. En uno de estos recovecos descubrimos una bonita piedra en mitad del rio ( el que ya sabíamos que desembocaba en mierdalandia) y que nos pareció un sitio estupendo para pasar el dia en un futuro, pero no ese, ya que nuestro propósito seguía siendo la puta roca. Anduvimos y anduvimos, bastante rato, hasta llegar a las afueras de las afueras, donde nos encontramos un hermoso camping que no sólo no nos permitía llegar a nuestra ansiada roca, si no que además nos prohibía llegar a ella.

Mosqueadas, pero con un plan b, decidimos volvernos hasta la roca del rio donde ya por fin nos pararíamos a comer y descansar, después de darle en correspondiente buchito de agua descongelada cada una, y pasar ya de la puñetera roca y del pantano, que menudo día llevábamos. Menos mal que no hacía mucho calor.

Así que a eso de las cuatro de la tarde, conseguimos llegar a nuestro bucólico destino b, o,c, o d, de piedra en piedra y de salto en salto, uy que me resbalo, y nos sentamos a disfrutar de nuestra deliciosa comida campestre, aunque si mucho líquido elemento. Desplegamos las tarteras y la hogaza, y dos minutos más tarde, empieza a llover. Primero flojito, y enseguida más fuerte. Como es verano, llueve, se empiezan a oir los truenos, y estamos en mitad del campo, precavidamente, decidimos levantar el campamento no vaya a ser que un mal rayo nos partiera en la arbolada zona en la que nos encontrábamos. Los tres minutos que nos costó recoger, fueron los suficientes para desatar la ira del cielo, y para cuando llegamos a la carretera nuevamente, aquello era el diluvio universal. En pantalones cortos, camiseta de tirantes y deportivas, con el agua congelada y una hogaza de pan colgada de una mochila, nos encaminamos hacia el centro del pueblo, a unos cuantos kilómetros de allí, con la intención de irnos a nuestra puta casa de una santa vez y acabar con la pesadilla. Y llovía. Y llovía. Y no paraba de llover. Las zapatillas encharcadas, las gotas caían con tanta fuerza que nos dolían, y andando por una carretera, el único sitio por el que podíamos movernos, con una visibilidad nula tanto para nosotras andado, como para cualquiera que condujera por ella. Gracias a dios las únicas tres gilipollas que andaban en ese momento por el pueblo y alrededores de la comarca, creo yo, éramos nosotras. Imaginaos la fuerza del agua que deshizo el nudo de la bolsa en la que iba nuestra hogaza y la vimos bajar haciendo surfing carretera abajo sin haberle dado siquiera un pequeño bocado.

Para cuando conseguimos llegar a la parada del autobús, éramos tres esperpentos a los que parecía que habían tirado a un pilón en las fiestas del pueblo. Recordamos nuestras toallas de playa, pero estas sólo sirvieron para proteger del agua las botellas de agua congeladas, ya que estaban más que empapadas. Y allí, subidas al banco típico que hay en las marquesinas de los autobuses pues el agua nos llegaba a los tobillos pero al menos no nos mojábamos la cabeza más, estuvimos una hora riéndonos histéricas por la situación, hasta que pasados esos sesenta minutos, llegó el autobús que nos devolvió nuevamente a la civilización con paraguas y alcantarillas de la que nunca debimos salir. Al día siguiente, cuando oímos la noticia del camping de Biescas, cierto escalofrío nos recorrió por doble motivo, uno porque había sido nuestro lugar de vacaciones escogido unos dias antes, y otro por lo vivido el día anterior, y es que aquella no fue una tormenta normal en ningún sitio.

Espero que a las chicas de Navacerrada les haya ido mejor que a nosotras.

 

 

TFT : Ensayos con el grupo

Venga, que hace mucho que no me rio de mi época adolescente. Como bicho que se crió en un colegio de monjas, una de las actividades que realizaba era cantar en el coro. Primero empecé de pequeñita como actividad extraescolar, después, si mal no recuerdo, en 1º de B.U.P. lo tenía como asignatura obligatoria (¿?) y todos los martes de 9 a 10 nos tocaba hacer gorgoritos frente al director del coro, que era el mismo que tenía de pequeña, por lo que ya había confianza con el buen señor, que lo vivía como si fuéramos los del anuncio de Mutua Madrileña. Para aprobar la asignatura era necesario cantar en las comuniones que se celebraban en el colegio durante el mes de Mayo, así que  durante ese mes nos jodieron los fines de semana a propósito, porque encima las muy putas de las monjas las celebraban por la tarde.

En fin, que a lo tonto, nos educaron bastante la voz. Además, aprovechando que cantaba bien, el director me sugirió seguir cantando en las comuniones los dos años siguientes, por lo que me saltaba clases a mi antojo con la excusa de ensayar con los otros cursos.

Una vez acabado el colegio, ya en el instituto, una noche de juerga en el bar habitual, me encontré con que en media hora comenzaría un concierto de gente del barrio; como no era habitual, decidí quedarme a verlos. Mi sorpresa fue que sobre el escenario estaba el Chico del Aguarrás, guapísimo, monísimo, transformadísimo ( hacía bastante tiempo que no nos veiamos) junto con otros tres chicos y una corista. En el mismo concierto me encontré con una examiga-amiga-examiga con la que me había dejado de hablar pero cuyo novio era el batería del grupo. Y claro, no hay nada que más una a dos mujeres que el que puedan criticar a una tercera. Y pusimos a la corista a caldo dando cuenta de lo zorra que era, lo mal que cantaba, y lo lejos que la queríamos de nuestros hombres ( yo seguía con mi estatus de amiga con derecho a roce y no quería que la tipa aquella lo jodiera). Así que planeamos una estrategia, y al acabar el concierto me presentó a su novio y le convencimos de que echaran a la tiparraca aquella y me hicieran una prueba a mi. Su local de ensayo era el garaje de la casa de mi Chico Aguarrás, sitio en el que había follado tantas veces con él  que no me era nada desconocido, e incluso me ponía,claro.

Al recordar que es lo que me hicieron cantar para la prueba, me muero de la risa. Llegué al garaje, y Chico Aguarrás, que no sabía que era yo la que iba a hacer la prueba pero que sonrió picaronamente nada más verme, me hizo cantar esto :

Que me quedó bordado, oye. Pero no sólo contento con eso, también tuve que cantar :

Vaya dos horteradas, querido, sobre todo la segunda. Pero vamos, supongo que le hubiera dado igual que le cantara una jota aragonesa, porque según me vio entrar, decidió que me quedaba en el grupo, como me dijo después mientras follábamos sobre el mrecedes de su padre, una vez acabada la audición.

Así que los sábados nos dedicábamos a encerrarnos en el garaje, bebernos unos litros, ensayar un rato y una vez recogidos los instrumentos y despedido el grupo, a follar como conejos. Para mi el “sonido garaje” adquirió otro significado.

Llegamos a dar un concierto en un famoso bar de conciertos de Madrid, e incluso grabamos una maqueta en estudio, de la que perdí mi única copia hace dos mudanzas, cachis. Yo salí del grupo en el momento que decidieron que como habíamos dado un concierto debíamos dedicarnos en serio al tema y dejar los estudios, cosa que no me pareció nada lógica y decidí que prefería labrarme un futuro antes de ser una descerebrada sobre un escenario. El grupo se disolvió unos meses después ante la presión paternal y sus unoscojonesvasadejardeestudiar, y hoy por hoy, eso si, el único que tiene un disco publicado es el Chico Aguarrás, aunque siguió estudiando.

Pero lo que bebí, follé y me reí ese año y medio, no me lo quita nadie.

TFT : Mi primer 15 de Junio

Hoy, hace exactamente 22 años, tuve mi primera menstruación, chispas.  Como este blog no es la Ragazza de momento, no voy a hablar del tema en sí, aunque buscaré un texto que escribí hace unos años sobre este paso de niña a mujer y os lo pegaré por aquí, que me quedó muy gracioso.

Bien. Esto lo cuento porque mis ovarios deben de tener una especie de aniversario perverso en el que cada año desde entonces, tal día como hoy,  me viene la puta regla. Da igual que se adelante, se atrase o coincida el día, siempre se que en Junio me viene justo a mitad de mes.

Total, que ahora mismo me hallo hasta las orejas de ibuprofeno, balanceándome en la silla a ver si se me pasa el dolor y con ganas de matar gente,que se me suelen pasar cuando las pastillas hacen su efecto. Y como de lo que realmente tengo ganas es de gritar y arrancarme los ovarios con cucharas pero paso de moverme y bajar a la cocina ahora que parece que he pillado postura, me desfogo con el teclado.

Estar con la regla me pone de mala leche por dos motivos, uno por el hormonal y esencial, y el otro porque significa que no estoy embarazada, que yo sigo con ganas de alien aunque la primera vez no fuera posible. Por lo que en cierta manera, me frustra un poquito, no lo voy a negar, mi carácter también tiene sus puntos débiles como todos.

Pero volvamos al tema, que era reirme de mi misma. Todas las tías tenemos nuestras manías hormonales que nos delatan que la proximidad de la regla está cerca. A estas alturas no hace falta explicar los cambios de humor, el paso de llorar como una magdalena porque un perro en la tele ha tenido cachorritos, como las ganas de desollarlo veinte minutos más tarde si te da por pensar en como te iba a dejar la alfombra después del parto.

Además de esos cambios de humor, también es fácil  reconocer su cercanía por el deseo incontrolable de comer chocolate que le suele pasar a muchas mujeres, cuyo razonamiento científico se basa en que el cuerpo se prepara para la pérdida de hierro que vamos a tener, y queda mucho menos glamouroso que te apetezcan unas lentejas. Aunque seguro que a los tíos sería lo que se les antojaría en vez del chocolate si tuvieran la regla. Si tuviera morro y un título de ciencias, solicitaba una beca para que me dejaran investigarlo.

Pues a mi no me da por comer chocolate precisamente. Me da por comer cosas redondas. En serio, una semana antes aproximadamente los donuts, tortillas de trigo, calabacines, hamburguesas, y latas de paté me parecen los alimentos más deliciosos sobre la faz de la tierra. Si pudiera comer huevo ( una intolerancia a la albúmina me lo prohibe) se que me alimentaría de tortillas de patata esos días, plato que por otro lado me hace llorar a lágrima viva ( y no es broma) cuando lo veo en la televisión en esos mismos días, porque si algún día tuviera la posibilidad de que al limpiar el polvo de una de las lamparas de Ikea de mi casa me saliera un genio Ströngert y me concediera un deseo por 24 horas ( por aquello de que los muebles son más baratos, los deseos son más cortos) pediría poder comer huevo durante ese tiempo, que además es una solicitud válida según sus condiciones porque las tortillas me las haría yo misma.

En fin, que a mi chico no le hace falta llevar ningún tipo de control en un calendario para saber cuando le toca convivir con la niña del exorcista, con mirar las cosas redondas que pueblan nuestra nevera, sabe que el armaggedon se acerca.

La otra es ya más a título personal sexual, y son las 24 horas anteriores a la explosión. Salida como una perra, mi cabeza no deja de pensar en sexo a lo bestia, y el momento masturbación compulsiva se vuelve grado mono del zoo. El problema hasta ahora es que no me solía acordar de un mes para otro, por eso lo estoy escribiendo hoy como si esto fuera el diario de Faraday aunque a ratos el post esté más cerca del de Patricia. Y encima, me da por comprar cosas en el sex shop a altas horas de la madrugada. Y esta vez como no iba a ser menos, me he lucido. Además de pillar el Sqweezel para probarlo ( las lenguas lamedoras aquellas, ya os contaré) , se me fue la olla por completo ( esta mañana me reía yo sola repasando mi compra) y me compré lo más sórdido que encontré en la web, pero que no desvelaré hasta que no lo reciba y use, pero ya os puedo avanzar que me da que os vais a reír. Y aquí va mi segunda queja, no que os riais, al contrario, la payasa que cohabita conmigo se siente halagada, si no que siempre pido gastos de envío en 24 horas si siempre lo hago 24 horas antes de que me venga la regla y no lo voy a poder usar hasta unos dias después, que reduciría además en si el precio del envío. Ansiosa y salida, oiga. Por eso, si ustedes me lo permiten, me lo dejo aquí escrito para el próximo mes.

Resumiendo, que ya se que el post no os aporta nada, pero a mi me ha servido para que las pastillas hicieran efecto y recordarme que :

- si mi nevera tiene más de un 75% de alimentos redondos u cilíndricos,

-  si me emocioné explicándole a mi chico que la reina de Holanda ( la actual no, su madre), le estuvo regalando a   Ottawa tulipanes todos los años hasta el día de su muerte por agradecimiento a la ciudad cuando la familia estuvo exiliada allí durante la guerra, (que parecía que era yo la que recibía el homenaje de los lagrimones que me caían ante su cara de “dios mío, la batidora de hormonas ya está aquí”)

- si ayer te dio por comprarte lo que te dio por comprarte ( que no, que no lo voy a decir aún),

y para rematar, hoy es 15 de Junio .. que te hacía pensar que no iba a suceder ?

Gracias.

TFT : Mis primeras pellas

Debe de ser porque esta semana me he reencontrado con dos viejas amigas del colegio después de trece años intentándolo ( que se dice pronto, la última vez que nos vimos fue el día de mi boda) que no paro de acordarme de cosas de mi adolescencia. Y hoy, por ese tipo de asociaciones de ideas que siguen una lógica que sólo uno entiende, me he acordado de la primera vez que hice pellas, siguiendo esta conexión de pensamientos : Esta mañana me han dicho que el 9 de Octubre actuan Guns ‘n’ Roses en Madrid. Acto seguido me he acordado de esto y claro, no lo iba a contar otra vez. Como ayer estuve ordenando un poco mi biblioteca, me he acordado de la versión que hicieron para “Entrevista con el Vampiro” de ” Sympathy for the Devil ” de los Rolling;

Mientras veía el video y recordaba el truñazo de película y la mezcla de libros que se marcó el guionista, (película que vimos todos los siniestros  y maricas emocionados, cada uno por sus diferentes motivos, nosotros porque nuestra trilogia de cabecera – si, en aquella época la tarada de Anne Rice tan sólo tenía tres tomos al respecto y no la enciclopedia británica que ha escrito hasta el momento y que yo, he pasado de leerme olímpicamente por pesada y chiclosa- y los maricas, por todos y cada uno de sus protagonistas) . Lo más. Claro que nuestro gremio pensó que Tom Cruise como Lestat pegaba lo mismo que … da igual, Tom Cruise no pega con nada haga lo que haga.

De ahí he pensado en la otra película por antonomasia de vampiros de mi adolescencia    ( Jovenes Ocultos aparte, of course) “Drácula de Bram Stoker” dirigida por F.F. Coppola y que estrenaron un 15 de Enero de 1993 en los cines españoles,viernes, cuya primera sesión era a las 16h y desde luego,como buena siniestra, tenía que ir al estreno. Cada uno de adolescente se encapricha de sus pavadas, oye, y la mía era esa en ese momento, porque quedaba super super gótico haber sido de los primeros en ver la película.

Todo habría sido normal si yo no fuese estudiante de un colegio privado de monjas por aquel entonces, y mi horario  incluía que las tardes de los viernes de 15:30 a 17:30 había clase. A mí,  que siempre había sido una correctísima estudiante de sobresaliente aún con mis pintas, cosa que traía de cabeza a las monjas porque no sabían como regañarme, se me presentó  la tentación, en forma de amigo que estudiaba en otro instituto en el turno de noche por lo que hasta las siete de la tarde no tenía clase, de ir a ver al película el mismo día del estreno a primera hora, y por consiguiente, realizar las primeras pellas de mi vida porque por horario, me tocaba estar en el cole.

Aquí hago un inciso para aclarar, por si alguien piensa que lo hice por ver la peli de los primeros siniestros que nos daba un +3 de carisma, es que me conoce muy poco. Lo hice porque mi amigo tentador me ponía berraquísima y me lo quería hacer con él si o si, y esa invitación al cine era sin duda una pequeña provocación, seguro que le gustaba porque si no no me dice que vaya con él al cine con la de personas que conoce me ha elegido a mi y sólo a mi y aprovechando la oscuridad del cine y la pasión vampiresca que se va a desarrollar en la pantalla me va a besar por primera vez en el entorno más romántico que podía esperar en ese momento, cementerios al atardecer aparte.

16 años, recordemos. Había pintado los pájaros de mi cabeza de negro para que parecieran murciélagos. Y yo con toda mi emoción, sí, mi gran amor de adolescencia, yo hago pellas con tal de ir contigo al cine vamos que si las hago, voy y se lo cuento como una puta pardilla emocionada a una de mis dos supuestas mejores amigas. Y va la hija de perra y se presenta en la cola del cine dispuesta a hacer pellas solo por cortarme el rollo con mi gran amor de juventud, que ella también quería verla de las primeras aunque al dia siguiente habíamos quedado para verla con su novio y otros amigos. Porque si, la muy perra hortelana tenía novio, pero desde luego no soportaba que yo llegara a tenerlo si ella podía. Así que no sólo tuve que aguantar que me cortara el rollo y mi ataque premeditado en mitad de la oscuridad a los labios carnosos de aquel muchacho que me volvía loca, si no que encima tuve que callarme y disimular que no la había visto frente a su churri para que no la pillaran, además de preocuparme en ese momento, y aquí la parte más trágica de la historia, de que mi madre no me pillara pues pasaba con el autobús a esa misma hora por la puerta del cine y encima con parada asegurada. Que estress, que nervios, que creía que se me iba a notar en la cara igual que el dia que perdí mi virginidad o que me fumé mi primer porro. Si, follé y fumé antes de hacer mis primeros novillos, siempre he sido rarita, siniestradas aparte.

Aparte también era un poco gilipollas, ya lo se. También tendría algo de inocencia, por la edad vamos. Que aún te estas llevando tus primeras hostias de la vida y no sabes por donde te vienen. Porque si me lo hace ahora, mañana le hago una sipnosis a su novio mientras me lo follo, por hija de puta.

Epílogo a lo fin de película mientras se ven los títulos de crédito :

Mi madre no me pilló, claro, las pellas no se notan en la cara a no ser que las hagas en el Parque de Atracciones y te casquen el sello en la frente.

Al año dejé de hablarme con la cerda de mi amiga y en consecuencia, con casi todas las féminas del planeta, pues me las hizo una detrás de otra. Hombres y perros, la mejor compañia. Y si ya se combinan, mejor, jeje.

La película se encuentra entre mis favoritas, aparte de verla dos veces seguidas, lo he hecho otras cuantas decenas.

Mi gran amor de juventud … es mi colega incondicional de conciertos, del que ya os he hablado alguna vez.

Quizás debería agradecerle en el fondo a la hija de puta aquella que aquel beso no llegar a a suceder.

Está bien, sólo me follaría a su novio, sin spoilers.

TFT: Madrid-Barça

Mientras escucho música y paso de poner la tele porque me da exactamente igual lo que está pasando en el Bernabeu ahora mismo, he empezado a recordar que he ido haciendo a lo largo de mi vida tal dia como hoy, en el que se celebra el partido del siglo, como todos los años, dos veces, y al que me niego a llamar derby porque si mal no recuerdo asi se llamaba solo a los partidos que se jugaban entre equipos de la misma ciudad,además que acabado en i latina me recuerda a una de mis primeras bicis. Luego ya tuve la bicicross de bh, que siempre he sido muy bruta y a mi me gustaba hacer la cabra con la bici, no salir de paseo con mi cestita y mi timbre.

Muy bien hija, después de esta ida de tema de las tuyas, volvamos a los partidos. Como buena adolescente madrileña en su momento,era inevitable acabar tal día como hoy en los bajos de Argüelles mini en mano a la espera de que el Madrid acabara con ellos. Claro, que estoy hablando de la época en la que Guardiola jugaba y tenia pelo, por lo que incluso tenía que pedirle permiso a mis padres para llegar a casa una vez que hubiera acabado el partido ( 30 minutos como máximo calculados con bastante margen de llegada desde Argüelles a mi casa para que no pudiera poner ni una puta excusa, bueno ha sido mi padre siempre con la puntualidad, manía que me ha inculcado tanto como para ofrecerla como para exigirla).

Otra vez me voy del tema. El momento Argüelles-mini se acabó en un año, es decir, una liga, pues para la siguiente ya era siniestra. Y si el partido hubiera sido entre hombres lobo y vampiros, pues igual hubiera entrado en la lista de preceptos a seguir desde siniestrolandia,pero no era el caso, asi que siguiendo el estilo etéreo desencantado con el universo, a los gotiquillos no les va el fútbol, lo que nos hizo irremediablemente amantes del footing con botas de militar. Era el Madrid de los 90, plagado de skisn y niñatos descerebrados que se creian los dueños de la calle, y como no, de la Cibeles, sitio donde no solo se celebran las victorias madridistas, si no que también es el centro neurálgico donde paran los autobuses nocturnos para volver a casita con tu borrachera una vez el metro se ha cerrado, para los que leeis desde fuera de Madrid. Más de un sábado por la noche, nos hemos tenido que quedar a cierta distancia vigilando ( es decir, tomando copas en la puerta del bar) cuando se despejaba la zona para volver a casa sanos y salvos, que todos los siniestrillos de la época nos llevamos alguna hostia por parte de estos descerebrados, y para que engañarnos, les teníamos bastante miedo, poder coger el buho sin percances y volver a casa sanos y salvos. Otro dia os cuento en plan batallita de la abuela mis experiencias con ellos ( en especial con ellas).

Después, al marcharme fuera de Madrid, me hice super futbolera, por un lado por morriña, y por otro por tener algo de conversación con el 99,9% de la gente que me rodeaba, y de paso me sirvió  para venirme a follar a Madrid con alguno de mis amantes, después de ver el partido, claro, con la excusa de que me gustaba sentir el ambiente de la ciudad. Más bien eran pollazos lo que llenaba mis sentidos, pero eso no lo sabrá nunca. Para ser equitativa, alguno también me fui a vivirlo a Barcelona, sobre todo en la época de mi amante girundense que además de sumiso, era seguidor del equipo contrario y me encantaba putearle tanto si ganábamos como prohibiéndole cualquier muestra de satisfacción ante un gol de su equipo o tendría que aplicarle un correctivo. Algún pisotón se llevó ( él siempre estaba a mis pies, claro, como mucho le dejaba que me sujetara la cerveza,o incluso le ponía de espaldas a la tele y quitaba el volumen para putearle) por no poder resistirse a celebrarlo algunas veces.

Al volver ya pasé del fútbol gracias a que entre las miles de cualidades de mi chico entre las que se encuentran ser como McGyver ( por cierto que ya tenemos todas las piezas de la fuckingmachine, yuujuuu, ahora a construirla), hacer unas paellas que te mueres, gastar un rabo de órdago y comprarme el MacBook Pro aquel que dije que le iba a cambiar por mamadas, además, no le gusta el fútbol, por lo que hoy he disfrutado de un divertido dia de compras con alguien que no ha mirado el reloj en ningún momento y que ahora no está dando gritos como un descerebrado solo en el mejor de los casos, o con unos amigos mientras se beben unas cervezas y que el resultado del partido no va a afectar en nada al polvo de esta noche.

TFT : Esto ya no es lo que era

Ayer después de leer las noticias en el periódico y guardarme el chiste de Forges con un clic ( lo que ha avanzado la tecnología, antes tenía que recortarlo del periódico y esperar a que todo el que vivía en casa lo hubiera leído para no dejar editoriales inconclusos), me dio por mirar la guía de televisión y ver que porquerias invitaban a escuchar música mientras trabajo en vez de tener la tele de fondo. ¿Seguirán echando la porno en canal plus? Es la primera pregunta que me hice  después de ver las mamarrachadas programadas para anoche. Pues si. Y se titulaba “Solteras en Nueva York”, discreto título pero no tanto la sipnosis : “Parodia. ¿Liberales? No, son mucho más que eso. Estas zorritas neoyorquinas no buscan el compromiso de un hombre, sólo quieren que las monten.” Pues muy bien bonitas. No era un gran argumento, tampoco esperaba una adaptación de una novela de Kafka, asi que me puse la alarma en el móvil para acordarme a la una y diez de bajar a ver la porno. Mi idea original era ponerla, y ya que mi chico estaría también currando con ella de fondo, se pondría cachondo, soltaría sus herramientas y vendría a echarme un polvo en el sofá, vamos, lo que pasa en ese tipo de películas.

Como tenía el teléfono silenciado, se me fue la pinza y el comienzo de la peli no lo vi. Mi chico que andaba visionando otro tipo de videos en su ordenador, se sorprendió de verme bajar como una exhalación, encenderle la tele y  que apareciera una rubia a la que se lo estaban comiendo todo:

-¿Que haces?, me pregunta sorprendido.

-¡ Poner la porno del plus! -contesto emocionada

-Ah. ¿Ya te has visto todo el porno de internet?- responde sarcástico

- No, me quedan un par de páginas pero me las guardo para mañana-contesto yo más sarcástica aún. – Jo, déjame, me hacia ilu ponerla en la tele sin tener que esconderme de mis padres.

Me alegra comprobar que la rubia tiene las tetas naturales, no tanto que pasados los años, los cunnilingus no sean ni una tercera parte del tiempo que ellas se pasan con la polla en la boca, como siempre. “Chupa, chupa”, ahi ya me dio la risa y tuve que quitarla y dejar que mi chico siguiera con lo suyo.

Y es que si hay algo que me baje la libido, son los doblajes de las peliculas porno. Será porque de adolescente las tenia que ver sin sonido y ahora me he acostumbrado al sonido original de los polvos y de las series que me gustan gracias a internet, o que en realidad son malos los doblajes como demonios, pero siempre me ha dado mucha risa los momentos “chupa chupa”de ellos  o “fóllame” de ellas que dan ganas de contestarles ” y que te crees que estoy haciendo, calceta?”

Por otro lado se que, porque tengo una amiga que se dedica a ello, que todos los actores de doblaje han empezado por el porno, que se paga bastante bien, aunque reconoce que es algo aburrido, y les pasa una cosa que me hace descojonarme, y es que de tanto gemir, les suele dar flato, además de ser casi todo el guión improvisado ( obviamente). O sea, que los chupa chupa y fóllame encima, son ideas suyas.

Ver la porno del plus ya no es lo que era. No tengo que hacer esfuerzos sobrehumanos para mantenerme despierta hasta la una de la mañana, lo raro es que a esas horas esté en la cama; antes veia la peli en una tele de ocho pulgadas en blanco y negro; ahora, cuarenta y dos pulgadas en alta definición resultan hasta agresivas; antes era el único acceso al porno que tenía, sin hermanos mayores pajilleros y sin internet ya me diréis; hoy en día estoy hasta planteándome protagonizar alguno, jaja. Gracias a todo el porno al que tenemos acceso, el tradicional, con el que hemos crecido me resulta aburrido : tu me lames, yo te la chupo hasta que me desencajo la mandíbula, me la metes, me cambio de postura, me la metes por el culo, un par de cachetes y te corres en mi cara mientras yo sonrío a la cámara. Pero sobre todo, he descubierto, que donde esté un polvo con sus gemidos originales, que se quite cualquier antilibidinoso doblaje.

Después de esta pequeña decepción, no volveré a poner el plus un viernes de madrugada. Mejor conservar un bonito recuerdo de aquellas pajas célebres con “La Marioneta” y “La masajista 2″ silenciadas.

TFT: Vente a mi casa

“Vente a mi casa” para mi es otra frase eufemística del sexo, como el quedar a tomar un café. Quizás sea por mi mente calenturienta, o porque las circunstancias y los hechos me han llevado a creer que esto es así, pero cuando alguien te invita a su casa, es porque te quiere follar.

Si te invita a su casa a tomar café, mi cabeza ya ve una orgía en la proposición, aunque esté viendo la cafetera y el azucarero y como su madre acaba sirviéndome el líquido elemento, yo sigo pensando que ahí va a haber lio. Quizá sea porque las circunstancias y los hechos que me he encontrado en este tipo de visitas han acabado la gran mayoría en polvo, también es que yo soy muy sociable cuando quiero, jajaja.

“Vente a mi casa” es la contracción de ” vente a mi casa que en cuanto te sientes en el sofá voy a hacerte una de acoso y derribo que te vas a creer que estás en un partido de rugby” , pero esa frase completa asustaría a muchas féminas. Y es que he de reconocer que ese momento abalanzamiento sobre la presa, me pone muy cachonda. Ya sea yo la que vaya a atacar o sea el otro,ese momento indefenso cuando te encuentras la boca, las manos o el maromo entero encima tuyo de manera desprevenida, reconozco que me gusta mucho. Si soy yo la que llevo en mente atacar, desde que entro por la puerta ya voy pensando en el momento de lanzarme, siempre y cuando haya recibido señales positivas, claro, que lanzarme a piscinas sin agua no es mi estilo, y me gusta hacerles pensar que son ellos quienes dominan la situación, estamos en su territorio, rollo buen anfitrión….y me gusta agradecer esos esfuerzos.

De todos estos momentos sofá, hay de dos de los que me acordaré toda mi vida, en uno fui la atacadora y en otro la atacada. Hoy os contaré en la que ataqué :

Años 90. Madrid. Yo tenía 18 años,estaba repitiendo C.O.U. e hice nuevos amigos en clase, aparte de un par de colegas que repitieron conmigo. Dentro de este grupo de amigos, también entraba un chico de tercero de B.U.P. muy modosito él, de padres ultracatólicos, muy pijín él, que vivia en el Barrio Salamanca, jugador de voleibol federado y que a mi me ponia burrisima con sus dieciseis añitos. Pero mucho. Debía de ser porque era todo lo contrario a mi, porque los domingos por la mañana no podia quedar con nosotros para ir al rastro porque tenía que ir a misa, me ponía los pezones como piedras. Yo tenía que pervertir a aquel alma bendita fuera como fuera. Guapo en si no era, se parecía mucho a Felipe el amigo de Mafalda, pero entre el cuerpo que le había dado el deporte ( en aquella época no era muy normal que tus amigos tuvieran tableta de chocolate) ese morbo que desprendia su halo virginal, y su edad, me tenían berraca perdida.

Yo siempre he tenido a mi vez, ese halo de persona inalcanzable, de borde por antonomasia con aspecto que no invita al acercamiento ( jaja, me estoy poniendo a caer de un burro), que si os soy sincera me encanta porque me sirve de criba de gilipollas. Hay que echarle un par de huevos a entrarme de primeras, eso me lo ha dicho mi chico siempre, aunque la respuesta siempre es buena.

Asi que al muchachito le daba un poco de miedo al principio, por lo que mi acercamiento fue un poco más costoso, cosa que me ponía más cerda aún, ya tenía bien desarrollado ese sentido de serpiente que se va a comer al ratoncito en cuanto se descuide. Lo bueno es que los minis de cerveza y de “muerte súbita” ( que era algo asi como una mezcla de todos los alcoholes habidos y por haber con un chorrito de lima, que entraba de puta madre pero que a los diez minutos se había evaporado la sangre de tus venas ) ayudan a congeniar con el personal, y poco a poco se fue atreviendo a hablar conmigo y nos fuimos haciendo amigos. Incluso más de un dia llegamos a despedirnos antes de irnos a casa con un pico. Yo cuando llegaba a mi casa me hacia unas pajas de alucinar pensando en el chaval, él supongo que se pondría el pijama, rezaría por sus pecados y se iria a dormir.

Un dia, me pide ayuda con una parte de ciencias naturales ( si, en aquella época aún se llamaba así la asignatura), la química orgánica, una de mis secciones favoritas.Normalmente siempre que estudiábamos juntos todos lo hacíamos en la biblioteca del instituto, pero aquella vez me propuso que fuera el sábado por la tarde A SU CASA que estaríamos mucho mejor. Siii siii, te vas a cagar nenin, vas a empezar a creer en dios de verdad, es lo que pensé en decirle,pero con un “perfecto” confirmé la cita.

Sábado, siete de la tarde, alli que me voy yo con muchas transparencias y escote a darle clase a Felipito, arreglada pero informal para provocar lo que quería  y por si nos cansábamos de estudiar y decidíamos salir por ahí con el resto. Una preparada para todo, oiga. Era la primera vez que me acercaba siquiera a su portal, el típico majestuoso y grandioso de casa de principios de siglo del Barrio Salamanca, con el típico ascensor de la misma época, actualizado en el mecanismo pero conservando las piezas originales, y la típica escalera de madera crujiente y brillante mitad por la cera, mitad por el desgaste. Subo al primer piso andando, siento como cruje el suelo bajo mis pies y temo que mis botas vayan a dejar algun marca en la madera. Llamo al timbre de su casa, el típico pezoncito negro pequeño; me abre la puerta un señor muy alto, fornido, con el pelo cano, que extendiéndome la mano no sin una pequeña mueca de disgusto al ver mi aspecto, se presenta como el padre de la criatura. La Virgen.

Me hizo pasar a una biblioteca mientras desaparecia por el tipico pasillo estrecho y larguísimo que desemboca en otro igual, todo con suelo de madera chirriante como el de la escalera; la estancia, forrada de libros del suelo al techo, la gran mayoria de ellos de medicina, estaba presidida por un cuadro a tamaño natural del caudillo, y para mi que era más grande el cuadro que el propio representado, porque aquel cuadro era enorme. En un vistazo rápido a la habitación, descubrí varias fotos del hombre que me habia abierto la puerta junto al enano de jardín vestido de militar, el incombustible Fraga y el que hubiera visto a San Pedro directamente si no lo para la cornisa del edificio. Vamos, fachilandia en veinte metros cuadrados.

Cuando estaba a punto de desaparecer por la puerta todo lo sigilosamente que me hubiera dejado el puto suelo de madera crujiente, apareció mi adolescente con sus vaqueros, su camisa casi almidonada de cuadros y sus zapatos de niño pijo y recordé porque cojones me había metido en ese berenjenal.

Nos fuimos a su habitación precedidos por su padre, ñiqui,ñiqui,ñiqui, y una vez allí, el buen señor se ocupó de dejar la puerta bien abierta para que no hubiera la más mínima posibilidad de acercamiento. El señor médico estaba empezando a desquiciarme, pero el olor de la colonia de su hijo me hizo centrarme en lo que estaba, en enseñarle parte del escote y volverle loco con los típicos rocecitos mientras disimulaba que le enseñaba la parte orgánica de la física. Cada vez que nos callábamos demasiado tiempo, aparecia fugazmente la cabeza de su padre por la puerta a la espera supongo de encontrarnos intercambiando saliva y poder castigarnos frente al retrato de la biblioteca; cuando después de cuatro disimulados paseos , en los que se le oía llegar de sobra gracias al corcanti de madera que poblaba su suelo, decidió comunicarnos en un quinto que se iba a misa con su madre ( a la que no vi en ningún momento) y que volverían en una hora.

En mi vida me ha gustado más que la gente crea en dios. Mientras disimulaba entre carbonos e hidrógenos a la espera de oir a la madera sufrir su artrosis nuevamente y que se oyera la pesada puerta cerrarse, no paraba de pensar en los sesenta minutos que tenía por delante. Y creo que él también, porque nada más oir el cierre, propuso un descanso y una coca cola.

Nos fuimos a la cocina, y de ahí decidió coger folios del despacho de su padre, a la par biblioteca, a la par refugio del cuadro de Franco más grande que he visto en mi vida, que además, tenía un bonito sofá de cuero de esos en los que uno piensa que va a acabar con escoliosis si está más de diez minutos en él de lo que se hunde cuando te sientas. La solución está en compensarlo: que uno se siente sobre el cojín y el otro a horcajadas sobre el primero para equilibrar, jeje. Asi que allí sobre el sofá empezamos a meternos mano, bueno, le puse las manos en mis tetas porque si no el muchacho de los piquitos no pasaba, y yo estaba ya más caliente que una plancha, aunque un poco cohibida por la atenta mirada del de la voz aflautada y nuestra cercania a la puerta, por lo que le pedí que volviéramos a su habitación. Y en el suelo de esta, porque si su padre notaba un milímetro de colcha revuelta nos fusilaba a los dos, nos metimos mano como dos adolescentes frotándonos hasta corrernos pues el colega era tan católico que queria llegar virgen al matrimonio, y la verdad es que ya era fuerza de voluntad lo suyo, teniéndome con su polla en la mano y abierta como las puertas del cielo, preferir a hacerlo con alguien inexperto unos años más tarde. Pero correrse, se corrió como un perrito sobando mis tetas mientras le hacía una paja. Al recordarlo ahora me inspira ternura y todo.

Cuando volvieron sus padres, allí no había pasado nada. Me despedí amablemente antes de que aquel hombre empezara a detectar el olor a sexo que debiamos de desprender ambos, y las siguientes clases las dimos en la biblioteca del instituto, con ligeros roces y picos de despedida, aunque el dia que aprobó el examen nuestras lenguas llegaron a juntarse nuevamente.

Hace poco se me ocurrió buscarlo en Facebook; ahí estaba, en una estupenda foto de familia con rubia de perlas en las orejas, con su misma cara de Felipito y dos churumbeles que confirmaban que al menos un par de veces habia consumado con la rubia. Me alegro por él, era buen chaval.

TFT : Competencia desleal, pero chica, si eres tonta que le vamos a hacer

Esta mañana mientras jugaba con mi chico en la cama a practicar las dos cosas que más me joden, que me toquen la cara y que me hagan cosquillas, me he acordado por el nombre de una calle, de un chico al que me zumbé en mi tierna adolescencia y que dejó a un lado mi parte Toy Story  y sacó parte de la hija de puta que hay en mi.

Principios de los noventa. En aquella época para conocer a gente ajena a tu grupo de amigos habitual pero con tus mismos gustos, no habia otro medio de encontrarlos más que a través de los anuncios para jóvenes de El Gran Musical, la Super pop o Ragazza. Diciendo esto hoy en dia, me siento casi como si fuera coetánea de Graham Bell, pero esto debe de ser el progreso.

A la vez coincidió la época en la que empezaba a ser siniestra junto a mi gran amiga, y como éramos tan superfriends y nos lo contábamos todo, cada una escribió por su cuenta a dichas revistas buscando carne fresca. Y que pasó? Pues que como en nuestro mundillo éramos cuatro y el de la guitarra, escribimos ambas a los mismos anuncios y nos respondieron las mismas personas, lo que inició una de tantas batallas que mantuvimos.

Y ambas nos fijamos en el mismo chico, cada una por nuestro lado. El tio, que ya rozaba la veintena y para dos quinceañeras como nosotras eso era un handicap ( era “mucho” más mayor, lo que le daba un +2 de atractivo automáticamente) se lo pasó de muerte jugando con nosotras, ahora que lo veo más objetivamente y doblándome la edad.

Ella como siempre seguía creyéndose superior a mi, cosa que a mi me la soplaba mucho porque yo si que era superior a ella ( jaja) y gastaba menos esfuerzos en joderla. Bien, pues cada una por nuestro lado tuvimos una cita con el tipo este, sin decirnos nada la una a la otra. Un dia, viene como una energúmena a decirme que se ha enterado por el tio este, hablando, que yo también he quedado con él. Pues si, que yo supiera no tenía ella la exclusividad, y además le confieso que me mola. Esas son las palabras mágicas como todas sabemos, para que nuestra “mejor amiga” se convierta en una hija de puta automáticamente. Ella dice que no le gusta, y que me deja toda la via libre, pero si no me importa ella quiere seguir siendo amiga suya. Tachan. Por si quedaba alguna duda, a ella también le mola, y mucho, probablemente más que a ti.Me encanta ese momento condescendiente por su parte dejándome el camino libre, porque si ella, la gran y maravillosa gothic teen estuviera interesada, yo, no tendría nada que hacer. Y tres veces, tres, le demostré en lo que duró nuestra “amistad” quien llevaba las riendas. Esta fue una de ellas, y que nos hizo dejar de hablarnos durante unos cuantos meses.

Va pasando el tiempo y nuestra amistad con el tipo se va afianzando, cada una por nuestro lado, claro. Una noche, aprovechando que sus padres no estaban en casa y que yo me quedaba allí a dormir, decidimos llamarle para que se una a nosotras y pasar la noche de buen rollo los tres juntos. El acepta, nos ha jodido, y se presenta en su casa. Aguantó todas nuestras gilipolleces de adolescente como un jabato, hasta que a eso de las seis de la mañana, viendo que no iba a mojar esa noche, nos comenta que se va para su casa, pero que podiamos acompañarle en el metro un rato. Mi gran amiga, que era una cretina integral, le contesta que le acompañamos pero que ella antes se va a dar una ducha. ¿?. Y nos deja a los dos solos en el salón. Pues tia, que te esperabas, en cuanto echaste el pestillo del baño, el tipo lanzó la caña y yo piqué rápidamente el señuelo, que además le tenia ganas.Nos pusimos a follar en el sofá. Y o se nos fue la olla, o ella se duchó muy rápido, porque nos pilló en plena faena mancillando la tapicería de su sillón.

Acompañamos al tipo en el metro, y a la vuelta ella me confesó que le había sentado muy mal porque en el fondo el tipo le gustaba, que lo había llevado a su casa para enrollarse con él,y que esperaba que él hubiera reaccionado yéndose a la ducha con ella. Recordando esa conversación aún me descojono. Me quedé con ganas de decirle que se jodiera, que sabia desde el principio que a ella también le gustaba,que por eso me había empeñado especialmente en zumbármelo y que habia sido especialmente morboso hacerlo en su propio sofá, pero me limité a un “jo, tía, lo siento, habérmelo contado” aunque mi cara no debía de reflejar lo mismo porque dejó de hablarme una larga temporada.

Página siguiente »


NO RECOMENDADO A MENORES

Más de lo mio

Escribeme a :

chatarreranordica@gmail.com

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.