Cuando paso temporadas de nervios o estress, me cuesta muchísimo dormir, supongo que como a todo el mundo. Me da terror tomarme una pastilla para dormir, por muy natural que sea la valeriana, me da la impresión que no me voy a despertar, así que prefiero comer techo como se dice vulgarmente, el propio cansancio ya me hará dormir, sea esa noche o ya la siguiente.
Y anoche, supongo que por culpa de la luna llena entre otras cosas, fue una de esas noches en las que no conseguía que mis párpados se mantuvieran unidos más de tres segundos. Parecía una muñeca de película de terror, se me abrian los ojos solos de repente.
Antes de llegar a meterme en la cama a observar lo bien pintado que está el techo, lo bonita que es la lámpara, lo divertido de las sombras que se reflejan en la pared a través de la ventana, lo profundamente que está durmiendo mi chico, la puta manía que tiene de dormir boca abajo que no suele dejarme acceso a su polla y a esos momentos de violación nocturna que tanto me gustan, en ambos sentidos; ser yo la acosadora y que me acosen en mitad de la noche cuando más dormida estoy, es algo que me encanta, suelo relajarme a base de liberar endorfinas a lo bestia, véase, masturbarme.
El otro día hablando con un amigo que estaba angustiado porque llevaba dos noches sin dormir y pensaba ir al médico ya, le propuse unas largas charlas con Onán, que o se corría y se quedaba relajadito, o se aburría a mitad de darle al manubrio y se quedaba dormido, que era lo que buscábamos en cualquier caso. Se rió mucho con mi proposición, me dijo que nunca lo había probado y que ya me contaría. Me quedé un poco preocupada con el tema, más que nada por si yo era una salida que como dice Woody Allen en una de sus pelis, ” utilizas el sexo para expresar cualquier sentimiento menos amor” , y le pregunté a Patata Asada si él se había masturbado alguna vez para que le entrara sueño y ante su afirmativa respuesta, dedujimos que el rarito era el otro y no nosotros,que a veces usamos el sexo para las cosas que parece que no deben usarse.
Foto : Franck Leboulenger
Pues anoche fue una de esas de pajas e insomnio, todo en uno. Ya empecé a notarlo hacia las dos de la mañana, estaba trabajando y aún no había bostezado ni una sola vez, y el cerebro me iba a mil. Decidí bajar el ritmo y hacer cosas que me aburrieran más, como redimensionar fotos para un catálogo, hasta que en mitad de esa carpeta de archivos, vaya usted a saber porque, me encontré las fotos de una espalda Virgen de muchas erres, que redimensioné en el sentido contrario a lo que estaba haciendo hasta que ocupó en todo su esplendor las treinta pulgadas del monitor, podía jugar a unir los puntos con los lunares de esa espalda, que por cierto tiene uno bastante sexy en mitad de la espalda, y para cuando me quise dar cuenta tenia una mano en el ratón y otra entre mis piernas, y la imaginación estremeciendo esos músculos dorsales con caricias de cuero.
Un orgasmo más tarde, mis endorfinas debieron encontrar resistencia y en contra de relajarme, me excite más aún. Bien, no te pongas nerviosa, si total, es sábado por la noche, hazte a la idea que estás de marcha, peor es cuando pasa entre semana. Así que a base de maria y pajas, pasé las tres horas siguientes, a ver si conseguía tumbarme yo a mi misma, o del ciegazo o porque mi hipófisis había estallado del placer liberándose como una fuente. Pero después de haberme quedado sin saliva, sin pilas, sin papel de fumar y con calambres en los dedos, decidí meterme en la cama a ver si en posición horizontal como una botella conseguía que todos los líquidos que tenían que combinarse químicamente para llevarme a los brazos de Morfeo, entraran en contacto.
Hice un pequeño conato de intento de abuso sexual del ser que envidiablemente yacía en mi cama ya en plena lucha con Hipnos, por lo que mis besos en la espalda y refrote mamario no sirvieron para nada. Y tumbada en la cama, al lado de la ventana, veia el reflejo de la luna sobre la colcha, y aunque estaba muerta de frio me destapé entera para hacerme la última paja, desnuda e iluminada por un rayo de luna que se coló entre mis piernas al abrirlas, me hubiera gustado hacer una foto de los contrastes de luces, me resultaba una imagen muy erótica de mi misma. Y bajo el rayo de luna, mientras me acariciaba pensando en alguna situación o en alguien, no recuerdo, me quedé dormida antes de correrme por enésima vez, menos mal.
Esta mañana, a las nueve, como todos los domingos, el chatarrero ha venido a recordarme el porque de mi nick.


Las botas que utilizo para follar, no suelen salir a la calle. Un detalle para aquellos a los que les ha tocado lamerlas o probar los tacones dentro de su cuerpo. Tenia un amante que me fue regalando botas con tacones de diferente grosor para que le follara con ellas. Llegamos a probar cinco pares diferentes, además muy bonitas, hasta que pinchamos un consolador en unos finisimos tacones de aguja, que se volvieron su delicia y ya no queria otra cosa. Hombres, que caprichosos.
