Hoy es mi cumpleaños.
Es el primer año, desde hace muchos, que tengo el dia libre, así que lo aprovecharé. Pensando antes en mis anteriores cumpleaños, en los que siempre me ha tocado trabajar, he recordado que cuando cumplí 24 años, lo que al principio parecía que iba a ser un dia aburrido, se convirtió en mi onomástica más ajetreada hasta el momento.
A esa tierna edad estaba casada, como creo que ya he comentado alguna vez, aunque la infidelidad era mi segundo apellido en aquella época. Aquel viernes, no tenía ningún plan especial para hacer, quería venirme a Madrid pero por el trabajo de mi marido, que ese dia estaba de viaje, me tuve que quedar en la ciudad que vivía.
Después de las típicas llamadas de felicitación de padre, madre y resto de familia, recibo una llamada de un número oculto.
-¿Si?
- Asómate a la ventana.
Y allí estaba mi Sadiquito favorito, dispuesto a pasar unas horas con su Ama y que le hiciera sufrir un rato. Me gustó el detalle de que se presentara sin avisar, y sabiendo que mi marido se hallaba a cientos de kilómetros en ese momento, disfrutamos de lo lindo de su visita sorpresa.
Sobre las ocho de la tarde se fue, ya que tenia que recorrer los mismos kilómetros de vuelta pues al dia siguiente trabajaba. Yo me daba por más que satisfechamente celebrado el día de mi cumpleaños, cuando suena el telefonillo de mi casa; pienso que es otra vez el Sadiquito pues habia transcurrido poco tiempo desde su marcha; para mi sorpresa, quien llamaba era un amigo Madero con el que también mantenia cierto derecho a roce, cuando su novia y mi marido no estaban. Y aquella noche se daba el caso. Y aunque estaba un poco cansada, y bastante satisfecha, a una le puede más el vicio, he hice mias las delicias del cuerpo del policía, que, como regalo especial, me ofreció la búsqueda de su punto g a través de mi arnes. Y en fin, no diré el placer que puede darle a cualquier ciudadano de a pie dar por el culo a las fuerzas represoras del estado, y más el día de tu cumpleaños.
De madrugada, llegó mi marido de su viaje, y aunque cansado, me regaló un polvo de cumpleaños. Los polvos de cumpleaños feliz ya me los habían regalado antes mi amante, y uno de sus mejores amigos.

