Esta semana me está resultando más extraña de lo normal. No se si será por el gripazo que arrastro que hace que me duela todo el cuerpo de esa manera demencial que hace la gripe que tu cuerpo sea una carga para tí, con sus estornudos y toses, pero sin fiebre, por lo que es una sensación extraña de me estoy medio muriendo pero el termómetro está intentando ocultarlo para no asustarme; soy un pelín hipocondríaca.
Pues aún con todos mis dolores y mis kleenex, ando más salida que el pico de una mesa. Es como si mi coño no entrara en el resto de mi cuerpo y fuera independiente como las pollas de los hombres. Si además le añadimos que mi chico está fuera de la ciudad hasta mañana, basta que no pueda follar para que me entren más ganas. Quien me ha visto y quien me ve, hace diez años mismo si mi marido se iba una semana fuera, significaba que su mujer se pasaba encamada con su mejor amigo el mismo tiempo. Pero que puta y que mala que he sido. Y soy.
Como mi salidez es completamente bisexual, esta Masturbation Week se la he dedicado por completo a una estupenda veinticincoañera que ha creado mi imaginación, con mucho vicio y un tanto sumisa, de la que aún no se el nombre porque en mi cabeza solo la llamo zorra y puta, con la que he compartido una cantidad exagerada de orgasmos estos días, hasta límites insospechados, pues el miércoles acabé follándome hasta a su padre, un cincuentón interesante y morboso que de repente apareció en la historia y que no me ha importado dejar como personaje secundario, folla bastante bien y suele vestir traje y corbata. Mi chica imaginaria también tiene un hermano de mi edad, pero no se que me pasa que no acaba de darme morbo el muchacho para zumbármelo, asi que en cualquier momento lo sustituyo por una hermana gemela que vive en América y viene de visita para que acabe esto en trio de reinas.
Me gusta más ser la guionista de mis pajas que una mera expectadora de un video porno, aunque también consumo porno hasta la saciedad, pero hay épocas en las que no me gusta que me lo den hecho, si no más bien soy de crear mi propia aventura, como los libros que leíamos de pequeños. He pensado varias veces en escribir estas historias que me monto, pero me cuesta una barbaridad; mi excitación es inversamente proporcional a mi elocuencia gramatical, por lo que al tercer párrafo se me olvida cualquier sinónimo de follar, polla y coño; por otro lado, a mi me pone meterme una polla dura y chorreante y no una verga enhiesta y palpitante; ciertas palabras políticamente correctas y engoladas que se deben usar en este tipo de historias si no quiere parecer uno repetitivo, me resultan antilibidinosas y me cambian la imagen que tengo de un rabo duro a una lanza del amor que convierte a mi amante en un galán de telenovela y se me baja la erección y las ganas de escribir.
Ayer que me encontraba un poco mejor y lucia el sol como si de un primaveral dia se tratara, decidí salir a dar una pequeña vuelta por mis bucólicos y pastoriles alrededores, tomar el sol y estirar un poco las piernas. Antes de tomar esta decisión ya había fantaseado nada más despertarme con mi compañera de aventuras de esta semana, por lo que aunque andaba algo relajadita, decidí que podría hacer del paseo algo tremendamente excitante con una utilización masiva de objetos vibradores. Para esta ocasión utilicé mis tres ultimas adquisiciones : tanga vibrador, consolador topo moradito con 8 marchas y el Icome.
Así que allí fue la batidora humana con ideas de bombero jubilado a prepararse para el evento, que casi me tenía más cachonda en si la idea que la ejecución. Primero me inserté el topito, de 14 cm, una buena medida para andar y que no moleste; en la base de este hay un botón pulsador que es el que va cambiando el ritmo de la vibración, y con un ligero toque salta de un programa a otro. Coloqué la funda de silicona a la bala del Icome y me la puse de tal manera que hacia tope con la base del topo a la vez que se acomodaba plácidamente entre mis labios apuntando al clitoris. Para asegurar que todo se mantuviera más o menos quieto en cuanto empezara el roce, la lubricación y el movimiento y asi evitar pellizcos dolorosos entre máquinas, me puse unas bragas y sobre estas, el tanga con si propia bala vibradora, no regulable y que es un taladro,que a la vez hacia una deliciosa presión sobre los otros dos aparatos ya colocados. La bala del tanga va metido dentro de un forro para evitar el contacto directo con la piel y lleva un mando a distancia con un solo botón, de apagado y encendido. Estuve un buen rato riéndome sola al enchufar el Icome al Ipod (si, soy Itonta) e intentar disimular el “pulmón de acero” que hay que llevar a cuestas como ya habeis visto en el video. No es que viva en una zona muy transitada por humanos, pero de vez en cuando si te encuentras con alguien y una será una salida, pero dignidad tengo a raudales, y yo antes muerta que sencilla.
La idea era una especie de efecto mariposa; en cuanto la música empezara a sonar activaria la bala vibradora que a su vez encendería el topo al chocar con la base y el mando a distancia del tanga se activaria y apagaria aleatoriamente según fuera andando ya que lo había puesto junto al receptor del Icome que llevaba sujeto al pantalón del chandal, que a la vez hacia de sujeción extra para toda la parafernalia. Vamos, que era imposible no correrse aunque ninguno de los cachivaches se activara del roce que había ahí. En mi vida me ha parecido tan placentero subir y bajar escaleras, que de la emoción me iba sin las llaves y tuve que retroceder.
Nada más salir por la puerta le di al play del reproductor y me eché a andar, apenas había llegado a la esquina cuando los primeros compases de la canción activaron la bala, que como yo queria encendió al topo en una suave vibración, que fue cambiando según avancé más y que ya me tenia los pezones como piedras sin que hubiera salido siquiera aún de mi calle. Tenía dos opciones, caminar cuesta arriba o más descansadamente en dirección contraria; pero como me va la marcha y me parecia más hardcore el roce que iba a producir aquello en su ascenso, tiré camino hacia arriba lo que descolocó de manera inmejorable la bala, dejándola exactamente encima de mi clitoris,( una de las reglas de este juego, si que pasa, también me pongo reglas, era que no podía tocar nada de lo que se descolocara hasta que volviera a casa pasara lo que pasara), no sin antes darle el toque que aumentó un punto la vibración del consolador, que empezaba a molarme más. El movimiento natural de la cintura hizo que el mando del Icome activara el del tanga que empezó a zumbar como una bestia, cambiaba las frecuencias del topo a toda leche y empujaba la bala que a la vez seguia su propio ritmo de vibración al ritmo de la música sobre mi clitoris.
Si hubiera llevado zapatos de tacón, podian haberme usado como martillo neumático. La Virgen. Intenté acabar de subir la cuesta pero a dios pongo por testigo que me corrí como una perra en mitad de la cuesta con el Mayumaná que tenía montado entre las piernas. Como me tenia prohibido pararlo, imaginaos en lo que se convirtió aquel no parar de vibrar en diferentes intensidades, los pezones habian perforado ya el sujetador e iban camino de rasgarme la camiseta, además de pensar en que con tanta pila y humedad generada iba a acabar aquello como si hubiera metido un secador en una bañera,y después de semejante orgasmo sincronizado me veía incapaz de acabar de subir la cuesta siquiera sin deshidratarme antes, asi que lentamente, pues dentro de mi propia derrota me estaba gustando aquello una barbaridad, volví hacia mi casa sintiendo a Pavarotti entre mis piernas.
Mola. Mucho. Eso si, no recomiendo hacerlo en zonas concurridas por si acaban llamando a una ambulancia por un supuesto ataque epiléptico.








Por el formato lo vi como un entretenimiento de sustitución de las bolas chinas a la hora de tener que hacer cosas que me joden o me aburren, como limpiar la casa. Y también se puede jugar a los pistoleros porno con el, ya que al cogerlo tiene el formato de una especie de pistola con el cañón poco erecto, pero con la curvatura efectiva para la búsqueda del punto G. Dándole vueltas y echándole imaginación se pueden encontrar combinaciones placenteras, hecho en silicona que de momento, aparte del gelatinoso, es el material que más me gusta para estos juguetes, pues es duro pero suave a la vez y muy fácil de limpiar.




Y es que siempre me ha puesto muchisimo ver una cabeza entre mis piernas, y si está usando la lengua la imagen se torna algo borrosa, pero mucho más delirante. Por eso veo especialmente perverso el clic del colegial japo, por lo que creo que acabaré comprándolo también, no me gustaria perderme que se le ocurre a mi calenturienta cabeza cuando se vea con el uniformado adolescente.





