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Fetiches : Hombres masturbándose

Al principio no sabía si calificarlo de fetiche, pero creo que algo tiene, pues me da igual la edad del interfecto, ver un tío masturbándose me pone a mil.

Hace unos años se me ocurrió explicar esta teoría, sentimiento o como queráis llamarlo en un foro sobre porno; la reacción generalizada de una amplia mayoría de los foreros fue mandarme por privado vídeos y vídeos de ellos mismos meneándosela, fulgor que duró unas cuantas semanas; si alguno piensa reaccionar así, por favor, que al menos sea algo creativo.

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Perdón, un inciso : la Virrrrgen. Que foto más maja he encontrado para ilustrar el post. Llevo cinco minutos mirándola. Casi se me olvida de lo que voy a hablar, y creo que estoy a punto de desmontarme a mi misma  toda la teoría de que me “da igual el interfecto”. Pero voy a mantener la dignidad y a comentar únicamente que en este caso, se la iba a desollar de lo que me iba a gustar verle hacerlo. De que igual paso del fetiche y si quiere que se la menee después recordando la serie de polvos que le echaría, no diré nada.

Inciso off.

Visualmente, aunque siempre se ha dicho que el cuerpo de una mujer desnudo es más bonito que el de un hombre ( creo que la culpa de ese criterio estilista lo tienen las venas de la polla), a la hora de masturbarse me parece mucho más exquisito el acto que tiene que realizar un hombre. Nosotras realizamos movimientos más bruscos y nos introducimos cosas para darnos placer, que visualmente me parece mucho más bestia que las caricias dedicadas que le dedica el hombre a su polla. Nosotras, para frotarnos el clítoris, no solemos mirarnos como lo hacemos por norma general ( yo si lo hago a veces, de vez en cuando me gusta ver un coño desde mi punto de vista y no desde el de la pantalla), pero los hombres si entran en esa comunión espiritual entre ellos y su verga, siempre se miran cara a cara como dos fieles amantes.

Me hipnotiza el comienzo, despacio, acariciando la cabeza, como para tranquilizar a la bestia, mientras el tio elige las imágenes o la fantasía en su cabeza a la que le va a dedicar la corrida; calentando motores despacio, hasta que un pequeño cambio de ritmo, una especie de “Eureka, ya se con que me voy a correr” indica el, por asi decirlo, verdadero comienzo de la paja, y ya no quiere tranquilizar a su polla, es el momento de hacer lo que sea por conseguir su rendición.

Y este es el momento que más disfruto, esa búsqueda del orgasmo, cada uno a su estilo; no se si me gusta más el ver como una polla de repente se vuelve brillante por la propia lubricidad de su dueño y de ella misma, o el momento salivazo lubricante a lo bestia cuyo resultado es el mismo, una polla brillante y una mano más armoniosamente resbaladiza.

He de reconocer que me da cierta grimilla un pubis completamente depilado fuera de la edad impúber; tampoco es cuestión de encontrarse la selva virgen, un recorte o un afeitado sin rasurado me parece lo perfecto; fuera de ahí, me imagino que están intentando estrangular a un gato Sphynx y pienso en llamar a la protectora de animales en vez de deleitarme con la paja.

Me deleito tanto visual como acústicamente. Me encantan los gemidos y gruñidos que se escapan de vez en cuando, el sonido de los jadeos o la respiración agitada; ese gemidito que se escapa automático de la garganta porque se ha encontrado un punto muy excitante; algún quejido casi lastimero por la impaciencia y ansiedad por alcanzar el orgasmo, aunque sea inconsciente.

Me gustan tanto las pajas dedicadas, las trabajadas, con todo el tiempo del mundo, en íntima comunión con su miembro al igual que me gustan las pajas de desahogo, las brutales, que duran poco, solo necesitan el placer de descargar para poder continuar pensando en otra cosa, sin la posesión infernal que supone tener otro cerebro entre las piernas.

Porque si, porque los años me han hecho darme cuenta de que es verdad que vuestras pollas piensan por ellas mismas, y encima, siempre lo hacen acerca de sexo. Hay cierta conexión neuronal con el cerebro de la cabeza, pero no tanta como quisierais. Las pollas guardan su independencia. No es un reproche, ni mucho menos, me encanta esa complicidad femenina que existe entre las pollas y nosotras, ambas sabemos antes que el dueño que vamos a follar, al igual que me encanta cuando una polla piensa en estar dentro de mi  antes que su dueño y es casi imposible que este disimule su decisión, que suele mostrar en forma de erección para agobio del hombre que la sufre.

Me vuelve loca cuando la otra mano entra en acción apretando los huevos o acariciando el pecho; los diferentes juegos que se le ocurren al futuro eyaculador, sus más íntimas perversiones; ver como se masturba un tío te da muchas ideas de como será en la cama, y lo que realmente le gusta a él y a su polla;

Cuando se acerca el final de la lucha, me gustan los movimientos acelerados, ya sin esa ternura a primera vista que desprendían al principio en conjunto, pero si de fondo; habrá muchos encuentros más, pero en este está claro quien va a ganar la batalla; y cuanto más acelerada es su tortura, más enhiesta y vigorosa está, esperando su final orgulloso como un miembro de la realeza antes de pasar por la horca; los gemidos, gruñidos, jadeos, se aceleran, hasta que se produce nuevamente ese pequeñisimo parón para abrir mentalmente las compuertas y que la bestia empiece a echar espuma por la boca ( vale, no es muy original el simil pero se me empieza a bloquear el cerebro, que estoy ya como el masturbador de mi imaginación).

Y es que ese momento de la eyaculación, del orgasmo, el ver como se sujeta la polla con fuerza porque parece que se le va a desprender del cuerpo, mientras aquello chorrea… me gustan  las corridas descontroladas que suelen acabar el cualquier parte, aunque me derrito si acaban sobre el pecho o estómago del gladiador; también me gustan las controladas, como una botella de champán recién descorchada, abundantes y  ordenadas dejando el  precioso charco de la derrota.

Agradezco a la madre naturaleza estos momentos de placer voyeur que me otorga el género masculino, y a la genética que la carga de testosterona que rezuman me haga saber de sobra que el último hombre en la tierra, se hará una paja.

V , o la serie que abrió la caja de Pandora

Por fin, por fin. He encontrado la escena de V que os he comentado, la que debió de despertar en mi el instinto Dominatrix además de mi extraña pasión por las iguanas. La podeis ver aqui, ( si, vale, es el capítulo entero, pero si le dais a cargar a partir de 1:20:00 , pues en el 1:20:37 me he encontrado un detalle que no recordaba y que me ha puesto a mil por el momento milisegundo fetichista.

Cuando de mayor ves algunas cosas que tenias en tu infancia, alucinas con que suelen cambiar de tamaño en la realidad en comparación con tus recuerdos; ese oso de peluche enorme que con los años ha ido empequeñeciendo, según tu punto de vista; las bolsas de gusanitos eran enormes para tus manos y para tu estómago; los peta zetas saltaban más en la boca … y las escenas que recuerdas en tu cabeza que duran minutos, en realidad son apenas unos segundos, como en este caso .. jajaja. Casi os la podía haber puesto en fotogramas.

Llevo buscándola desde el lunes, haciendo un esfuerzo sobrehumano de memoria, pues solo tenia vaguisimos recuerdos del capítulo en sí, pero me acordé de algo clave que era que recordaba que habian capturado a Donovan por intercambiarse con su hijo, asi que me puse en su búsqueda y captura. Y cuando vi a Diana con esa cara de mala leche que gastaba siempre dirigiéndose hacia el recién capturado, supe que la había encontrado. Y me iba el corazón a mil. Vi la escena, me puse como una moto, sonreí por la duración tan diferente que ha tenido en mi cabeza estos años comparado con la realidad, lo que yo recordaba ( o imaginaba como he podido comprobar) más lo que le he ido añadiendo con el paso de los años, se asemeja más a una porno que a una serie de media tarde. Lo que puede hacer una mente calenturienta, pardiez. Lo que me “preocupa” es que tenía ocho años cuando vi esa escena… debía  ser una auténtica perversa polimorfa de las que habla Freud.

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Ese psoturón lo recuerdo casi con devoción, en mi imaginación estaba su paquete más cerca de la imagen, y vale, con los años le he ido “empalmando” cuando he usado este momento para un ratito onanista. Por cierto que al buscar la escena, he visto algunas de Donovan sin camisa y cumple mis otros dos fetiches: tiene una espalda muy azotable y los músculos pélvicos tal y como me gustan. No, si al final la serie esta me va a haber condicionado sexualmente; mientras que a los niños de mi época les daba por comer ratas para imitarlos ( tremendo hoax infantil, por cierto) y después recordar la serie con nostalgia, a mi se me incrustó en mi débil cerebro de niña, cerca de la líbido.

Y al volver a ver este momento, ya fue el encendido de motores a toda máquina ( que ya lleva encendido unos días, que estado de salidez constante, por dios, no tenía que haber tocado el tema…) :

donovan1Ohh dios mio. Si hay algo que me gusta, es manejar una cabeza usando su pelo como joystick. Y la verdad que Donovan tiene una largura perfecta para engancharse bien con los dedos y dar unos buenos y manejables tirones al gusto. Si además tiene un buen cuello y aguanta bien los tirones sin que acabe con un esguince cervical, pueden ser reutilizables  y si encima lamen bien, se usan para otra sesión.

En una cosa no estoy de acuerdo con Diana; yo antes de enchufarle con la pistola del suero de la verdad, le hubiera intentado sacar la información por otros métodos; no se, un par de bofetadas que le crucen la cara de lado a lado cuyo eco se convierte en música para mis oidos en ciertas ocasiones; otro par de bofetadas agarrándolo fuertemente del pelo, para que la inercia no le deje mover la cabeza y le duelan más… le pediría amablemente la información pisándole ese paquete empetado que gasta .. y si se pone rebelde y no suelta prenda, usaría su cabeza entre mis piernas como la tortura de la bañera, pero imaginad por que lo sustituiría. Después de correrme unas cuantas veces en su cara ( ya no hace falta que tiréis de imaginación, no he podido ser más explícita) si no ha dicho nada ( que espero que no, porque si no me va a cortar el rollo por chivato y debilucho) igual ya utilizo la pistola esa, pero antes no.

Claro que quizás  por cuestiones de presupuesto, o de tiempo, esa escena hubiera quedado demasiado bestia en la serie y no se la recordaría precisamente por el rollo lagarto. Y me da que en el nuevo remake que han hecho, la van a obviar  por no darme el capricho.

Os dejo el trailer ; esta Diana no me gusta, y no sin antes advertir alos seguidores de Lost que puedan leer esto, que para mi hay un tremendo SPOILER en este trailer, por lo que aunque , si vas al dia de la serie , es decir, esperas ansiosamente a que llegue Enero de 2010 para ver si llevas 6 años enganchado a una tomadura de pelo o has vivido la experiencia de tu vida en cuanto a una serie de televisión, “te lo imaginas” , pero te jode verlo.

Si no eres seguidor de Lost, visiónalo tranquilamente y no intentes comprender porque veo spoilers de una serie en las escenas de otra distinta, porque guarda una lógica un tanto extraña, como Lost en si.

Fetiches : pelvis de hombre

Si hay una parte del hombre de manera frontal que me encanta mirar, aparte de los ojos y la sonrisa, esencial para mi aunque alguien piense que no (ejem) , es la zona pélvica, adoro ese par de músculos paralelos que forman la zona piramidal invertida del pubis; es como si señalaran hacia el tesoro escondido

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Para mi resulta como una invitación, un cartel de bienvenida, unas flechas guia hacia donde tengo que mirar y lo que tengo que coger, que lo que tengo que hacer ya lo se yo.

No me gustan excesivamente marcados, sólo que se dejen notar, que se diferencie su forma; Normalmente, los tios que se machacan en el gimnasio suelen tenerlos excesivamente marcados para mi gusto, convirtiéndolos en dos sogas antieróticas; A mi me gusta verlos como sutilmente se marcan desde la cadera hasta el principio de donde la tonalidad del vello empieza a cambiar de color; uff un delirio. Unos calzoncillos o pantalones enseñando esa pequeña hilera de vello púbico, el felpudo de bienvenida me enerva el lado perverso y me muero de ganas de ver que hay detrás de las flechas del camino. Porque si, reconozco que prefiero un tio con vello en el cuerpo y en el pubis, que un imberbe grimoso. Recortado si, rasurado no, por favor.

En este caso si que se quien es el culpable de esta “afición” a fijarme en la zona púbica que no genital de los hombres; no se si recordareis la serie  Calor Tropical ( Tropical Heat) , de detectives en Miami de principios de los 90; si eres tio, te acordarás de la pelirroja protagonista; si eres tia, supongo que te acordarás como yo del morenazo de la coleta .

Pues aqui el muchacho, siempre llevaba en la serie la camisa desabrochada y los pantalones lo suficientemente caidos como para que no me enterara del argumento del capítulo, siempre hipnotizada con aquello que dejaba entrever y que me hubiera gustado adivinar. Él es el culpable de esta mi pequeña perversión.

Fetiches : Espaldas masculinas

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No se si denominarlo fetiche, perversión, o salidez general y aumentada en proporción por el veranito, pero si ellos se ponen cachondos con nuestros escotes y minifaldas, a mi me ponen a mil las espaldas del personal masculino.

Obviamente, hablo de esos pedazos de espaldas en las que una podría cobijarse a la sombra, eso tipos que para mirarse los hombros tienen que girar la cabeza noventa grados; esa gente que existe para que los fabricantes de camisetas se sientan orgullosos de su trabajo.

No me gustan especialmente las espaldas de tios que se machacan en el gimnasio; prefiero las que parecen más naturales, desarrolladas bien por tener una fisonomia de adonis o por el esfuerzo físico que les supone su trabajo; estas, en realidad, son las que más me ponen,  las que el dueño no es consciente de tener.

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Por ejemplo, este bombero de espaldas en esa misma posición, tiene que estar de muerte. Porque si a la espalda le añadimos una pose manos en la nuca como si fuera un rehén sometido, aqui la chatarrera entra en combustión. Y a dios y a la naturaleza humana doy gracias cuando en mitad de la calle, algún hombre me regala esta pose , porque está pensando, se aburre o se ha acordado de algo. Bendita postura.

Y es que ante esas espaldas siento el deseo casi incontrolable de tocarlas, besarlas, y recorrerlas con mis dedos…  esa es la versión eufemística, lo que de verdad suele apetecerme es frotar mis tetas con ellas, para que vamos a engañarnos.

La última espalda salvaje que recuerdo en mitad de la civilización fue hace unos meses, mientras paseaba por la calle Luna de Madrid con un amigo; íbamos camino de una de las tiendas de comics de la zona, hablando vaya usted a saber de que, cuando desde una de las callecitas perpendiculares salió un chulazo de casi dos metros de altura con la espalda más impresionante que he visto en mi vida, remarcada por una camiseta de tirantes que casi se perdia en aquella inmensidad de carne y piel tersa e inmaculada,  además iba hablando por el móvil, por lo que estaba casi a mitad de tener la postura perfecta. Nos cortó a ambos la coonversación, y al unísono soltamos nuestro ” La Virrrrrrgen” ( muy remarcadas las erres) y comenzamos a fantasear, mientras nos acercábamos a él medio hipnotizados, soltamos todas las burradas que se nos ocurrieron ante aquello, que no era una espalda, era un tablón de anuncios.  El comentario ganador, ya casi a su altura y que nos provocó tal ataque de risa que hizo que el maromazo nos mirara, aunque centrado en su conversación, y ajeno a la nuestra fue : ” Recorrer esa espalda de lado a lado con las tetas te tiene que encender los pezones como cabezas de cerilla”.

Fetiches : Botas

Vale, se que este no es el fetiche más original que tengo pues amantes de las botas desde todos los ámbitos existen un montón, y muchos más que aún no lo saben.

Las primeras botas que recuerdo que ya me excitaban, eran las de Diana en V; cuando emitieron la serie por primera vez, yo tenia ocho años, y recuerdo que me hipnotizaban las botas que llevaba mi lagarta favorita; a esa edad, ciertamente, me fijaba en cosas raras de esa serie, pues además de las botas que calzaban las malas, me atraía irresistiblemente el paquete de Donovan con esos vaqueros que le estallaban. No se, no me parece muy normal que tuviera estos pensamientos a esa edad, pero debe ser que la criaturita ya apuntaba maneras.

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Y creo que a raiz de ahí empezó mi afición hacia las botas de todos tipos y colores. Reconozco que más de una vez me he comprado unas botas incomodisimas solo por el hecho de que me han excitado al verlas; ese es el factor principal para que acaben en mi armario : que verlas me produzca tal reacción lúbrica que mis pies necesiten calzarselas, bien sea para diario, para momentos especiales o directamente porque me seduce imaginar lo bien que quedaria una lengua lamiendo ese tacón. Cuando pienso esto último es cuando me suelo comprar las botas más incómodas, y cuando pienso que al igual que no se debe ir a comprar comida con hambre, tampoco debería salir a comprar zapatos si estoy  cachonda.

Aunque luego cuando veo la suela y el tacón recorridos por una lengua, nunca me arrepiento de mis compras.

Pero como en el dia a dia también necesito andar, no solo suelo centrar mis perversiones a la hora de comprar exclusivamente en que alguien me las limpie a lametazos, si no que también me guio por mis instintos más sádicos y oscuros y suelo dejarme una pasta en las maravillas que diseña New Rock, tipo de botas de los que he estado enamorada durante mi adolescencia, y que ahora que ya puedo costearme yo sola sin que mi madre me mande a paseo, casi estoy por empezar a coleccionar y quitarme la espinita del todo.  La época Dr Martens ya pasó, aunque aún tengo unas negras de las de toda la vida, y dos modelos que conservo a través de los años, uno en tela escocesa y otro imitando a serpiente, que ya tendrán la friolera de tres lustros, y conservo casi impecables.

Porque si hay algo que me pone nerviosa y me tensa, es llevar las botas sucias. Es algo que no soporto. Ni una ligera manchita, tienen que ir perfectas y brillantes. Antes de salir de casa todas las mañanas, les paso su gamuza, y en el bolso llevo una esponja limpiazapatos por cualquier imprevisto que pueda surgir. El barro puede llegar a paralizarme el corazón, jaja.

o_SED3063KLas botas que utilizo para follar, no suelen salir a la calle. Un detalle para aquellos a los que les ha tocado lamerlas o probar los tacones dentro de su cuerpo. Tenia un amante que me fue regalando botas con tacones de diferente grosor para que le follara con ellas. Llegamos a probar cinco pares diferentes, además muy bonitas, hasta que pinchamos un consolador en unos finisimos tacones de aguja, que se volvieron su delicia y ya no queria otra cosa. Hombres, que caprichosos.

Hoy he recibido mi última compra, la que motiva este post : mientras escribo, llevo puestas unas preciosas (y calurosas, jaja) botas de curo negro hasta medio muslo y buen tacón, que creo que usaré en plan mixto, aunque, estrenarlas, tal y como me está poniendo su tacto, va a ser en la cama seguro.

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No era un chico guapo, ni alto, más bien era bastante bajito, apenas superaba el metro sesenta; tenía un cuerpo bien definido, conseguido en esas horas de gimnasio que le prometían que iba a aumentar su tallaje; apenas había cumplido los veinte años, e iba loco por dejar de ser virgen.

Las chicas de su edad no querían nada con él; en realidad, él tampoco quería nada con ellas, les parecía demasiado insuficientes como mujeres;aún no estaban hechas. Prefería mujeres que le sacaran un lustro como poco, con más experiencia y con menos tontería encima. 

Y se chocó con ella, literalmente. Iba sumido en sus pensamientos cuando al doblar una esquina de repente encontró su cara incrustada entre dos magnificos pechos. Le costó reaccionar, se separó, completamente rojo y un poco aturdido.

-¿Estás bien ?-escuchó una dulce voz que le preguntaba 

En la gloria – contestó, a la vez que notaba una pequeña erección.

 

Ella se rió, y le acarició la cabeza. Él volvió a excitarse. Quería que aquella mujer fuera su primera experiencia, lo habia decidido en el momento. 

 

La verdad es que me encontraría mejor si me dieras tu teléfono- se envalentonó a decir. Ella le miró de arriba a abajo, se acercó a él, le metió la mano en el bolsillo del pantalón, donde llevaba él móvil y le apuntó su teléfono en la agenda.

 

Y allí se quedó paralizado, con el móvil en la mano y una fantástica erección. Buscó rápidamente su nombre en la agenda, y se sorprendió cuando leyó una nueva entrada que, junto al número de teléfono, habia clasificado como “Tu Ama”.

Estuvo a punto de eyacular en mitad de la calle. Entró en la primera cafetería que encontró directo al baño para masturbarse.

 

Al llegar a su casa, volvió a mirar el teléfono. El siguiente paso tendría que darlo él, pues ella no había mostrado ningún interés en coger su número. Y realmente quería ser utilizado hasta la saciedad por esa mujer. 

 

Basado en una historia real. 


Fetiches : Pijamas

Y si una corbata me pone tonta, un hombre en pijama despierta también mis instintos más bajos. 

Adoro los pijamas desconjuntados, el pantalón por un lado y la camiseta por otro; realmente lo que me importa del conjunto es el pantalón. A ser posible de tela suavecita, cuanto más viejo y gastado esté el pijama más me excita..

Y por favor, sin ropa interior. Me vuelve loca tocar una polla a traves de la tela del pantalón del pijama. Pillarla desprevenida, dormida, que no se espere mi reacción. Me gusta especialmente hacer este “ataque” mientras el dueño del pantalón está viendo la tele, y a mi no me interesa, por ejemplo, jaja.

Me encanta apoyar mi cabeza en el pecho de mi victima y jugar lentamente con el pantalón; pasar los dedos por la goma, comprobar si debajo hay algo que pueda interrumpir  mi jueguecito; en caso de hallar más ropa debajo, pierdo el interés del juego. Soy una caprichosa. 

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Me gusta mirar paquetes desde esa posición. Me gusta ver un montecito de color y tocarlo. Al principio está blando, pero en cuanto mi mano pasa por encima comienza a reaccionar. En este caso, me gusta empalmar lo más despacio posible. Me gusta notarla a través del pantalón en todos sus estados, en reposo total hasta que yo llego y empiezo a pasar mis dedos por la tela del pantalón, marcando su territorio; me gusta cuando se va poniendo morcillona a mis toques de dedo, elevando un poquito el pantalón, y atraparla entre mis dedos. Me gusta acercar mi boca y darle besitos a través del pantalón, incluso atraparla con los labios y traspasar mi aliento por la tela. En estos momentos, me encanta como va levantándose despacito arrastrando la tela del pantalón con ella, como va esforzándose por liberarse de la tela que le atrapa. Lo veo como la transformación de una crisálida, en un gran gusano. O un sacerdote elevando su cabeza desde el altar para el sacrificio. 

Pero no la libero. Sigo tocándola a través del pantalón, aunque su dueño empiece a requerir otro tipo de movimientos.  Me divierte ver como intenta sacar su cabeza por la goma de la cintura, requiriendo caricias directas. 

Es mi juego, tu sigue viendo la tele.

Me gustan los pijamas.

Fetiches : Corbatas

Me excitan muchísimo las corbatas. Me gusta verlas colgando del cuello de los hombres, sujetas a sus camisas con su alfiler correspondiente. Me gustan sus colores, como suelen contrastar con la camisa que conjuntan. Me gusta su rectitud, su sobriedad, su longitud, quizás. 

No me excita un hombre con corbata, me excita la corbata de un hombre. Siento un deseo irrefrenable de acariciarla, de pasar mis dedos por ella, recorrer toda su longitud..El súmmum de la lujuria es atraparla como una pinza con mis dedos metiendo la mano por la camisa y el pecho del usuario, y acariciarla con el pulgar.

Nunca he sentido el deseo de tirar de ella, de arrancarla, de quitársela a su usuario para atarle con ella…. No. La respeto. Me gusta en su estado natural, en su sitio, alrededor de un cuello y colgando sobre un torso.

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Si hablo con alguien que lleva corbata, al principio no puedo mirar otra cosa, deseo tocarla tanto que tengo que contenerme. Como os podréis imaginar, no es una práctica que esté aceptada en ningún libro de protocolo, por lo que tengo que luchar seriamente contra mis impulsos. Si al interlocutor lo conozco lo suficiente, me acabo enganchando a su corbata en cualquier descuido, la confianza siempre permite esas pequeñas licencias que en el fondo, son liberadoras.  

Si lo analizo, igual podria llegar a la conclusión de que me gustan por lo fálico que resulta el formato de la prenda, y probablemente, sea una representación de lo que ocurre realmente  de cintura para abajo; las mujeres nos ponemos pendientes y collares para atraer las miradas de los machos hacia nuestros puntos erógenos; las corbatas, podrian ser una representación de lo mismo, ya que ir con la polla fuera resultaria demasiado soez para una parte de la sociedad ( yo apoyo la moción, por si alguien va a recoger firmas…jaja)

Entrar en una tienda de corbatas es casi como entrar en un sex shop, tantas, de tantos colores, me las imagino colgando del cuello de cualquier hombre, del dependiente mismo que obviamente por ser de donde es lleva una puesta.. Nunca podrian imaginarse la excitación que puede producirme sus tiendas. 

Eso si, jamás he regalado una corbata. Siento tanta admiración por ellas que para mi regalar una significa lo mismo que proponerle sexo a mi regalado. 

Porque si te regalo una corbata, quiero  verte con ella puesta. Y tocarla. Y eso acaba en sexo, conciéndome, si o si.