
Ayer, después de 17 años sin pisar la zona, volví a salir por Chueca de marcha.
Menuda ristra de recuerdos, aunque casi todos se han vuelto de la bandera multicolor; hace más de tres lustros, el barrio que ahora es conocido como el centro neurálgico gay, era conocido por las putas y los yonkis que se agolpaban en sus calles. Era un barrio casi maldito, lleno de mitos y leyendas urbanas a los ojos externos.
Pero en realidad no era asi, teniamos nuestras putas y yonkis, si, pero también conviviamos todas las tribus urbanas en dulce armonía , ya que era el único sitio donde los skins ( muy de moda en madrid en aquella época) no se atrevian a entrar, por lo que aquellos que no estábamos dentro de sus cánones de raza aceptable, (vease siniestros, punkies, rastafaris, rockers,homosexuales etc…) podíamos tomarnos unas copas tranquilamente.
Ahora, ha cambiado todo, como ya sabreis los que vivis en Madrid y los que no, el barrio está literalmente tomado por el mundo del arco iris, cosa que me encanta, todo hay que decirlo. Y más un viernes por la tarde-noche, cuando las señoras con las compras se entremezclan con los chulazos apostados cada diez metros.
Como mujer hetero libidinosa me encanta pasear por alli y ver la exposición de carne en la que se convierte el barrio, sabiendo que alli soy más que una mera espectadora de los juegos y provocaciones sexuales que flotan constantemente en el ambiente.
Ayer iba acompañada de cuatro amigos gays, dos de ellos emparejados entre si; me deleité y entretuve mirando las reacciones que provocaban, y las que ellos buscaban; es un mundo diferente, se vuelve completamente femenino en el baile de miradas y sutilezas, cosa casi imposible entre una relación hetero, los hombres no entienden las sutilezas…cuando quieren, me quedó claro. Me sentía como una espía en ese baile de miradas,como una voyeur que robaba esa intimidad porque también se lo que significan, se lo que pretenden, yo también suelo utilizarlas…aunque con peores resultados, jaja, inisisto, hombre hetero, no valen sutiliezas.
Por eso casi los envidio, el poder decirse las cosas sin tener que pronunciar una sola palabra, siempre me ha gustado el juego de miradas que puedas tener con una persona, ya sean sexuales o amistosos de guasa, me encanta encontrar complicidad en unos ojos. Y allí parecen estar todos conectados entre si, no existen palabras, solo miradas.
Y carne, nenas, mucha carne .. jaja. Es imposible resistirse a semejante ir y venir de cuerpos de hombres de todos tipos, colores, medidas, anchuras y proporciones. Si el cielo está cerca de eso, prometo ser buena a partir de ahora para acabar alli. Es imposible no deleitarse y no acabar cachonda perdida pensando en tener entre las piernas a cualquiera de esos tiarrones, aunque sabes que es harto improbable. Por eso me gusta mirarles descaradamente, como trozos de carne follables, porque se que aunque entienden mi mirada porque entre otras cosas es de todo menos sutil, no significa nada para ellos, ningún tipo de provocación sexual. Y eso me pone mucho. Me gusta este mundo en el que en cada esquina tienes a tres chulazos a cual mas alto, mas guapo o con la espalda más ancha para tu deleite. Y que con una sola mirada puedas decir que quieres que te la acabe clavando hasta las entrañas, y lo entienda.
Heterosexualmente utópico, lo se. En resumen, que Chueca es un barrio que me ha gustado u me gustará siempre, por mis recuerdos de adolescencia bebiendo y escuchando música en sus bares, como ahora deleitándome con el ganado que adorna sus calles.

