No me refiero a los alimentarios, a los que tengo alergia, aunque también se convierte en una apasionante encrucijada a veces el encontrar productos manufacturados que no los lleven en sus ingredientes.
Pero como esto no es un blog de cocina y salud, me centro en los que me llaman la atención, los que cuelgan debajo de una polla de menor o mayor esplendor. Y es que a los pobres mios no se les tiene tan en consideración como al nardo, del que siempre importa el tamaño y el grosor.
Me considero una tocadora de huevos, literal y metafóricamente, y es que lo de echar la mano a una bragueta y juguetear con ellos hasta que el dueño se pone palote y estropea la fiesta requeriendo los mimitos en otra zona, es algo que me apasiona, se me va la mano sola cuando tengo una bragueta sentada al lado. Me llama, me llama. Cuando es la de un desconocido o la de alguien que no debería tocar ( es decir, cualquiera menos la de mi chico), acabo con la mano en el muslo de mi interlocutor inconscientemente. Así que cuando quiero decir algo importante, siempre lo hago de pie, jaja. Es algo parecido a lo de las corbatas, pero estas si que me resultan completamente irresistible no tocarlas.
Escrotos aparte, piel no dolorosa que me encanta por lo fea que es, por su textura, versatilidad y por lo bien que se sujetan unas pinzas de la ropa en ella, lo que me hipnotiza es ese movimiento de los testículos en si, incontrolable, no dejan de trabajar nunca. Es hipnótico y relajante. Como si fueran dos bolas antiestrés, me dan ganas de apretarlos y hacerlos rotar entre mis dedos.
Follando también me entretienen mucho. Aparte de que me hace gracia su sonido rebotando, me encanta lo duros que se ponen, y acariciarlos mientras follo si la postura lo permite. Aunque ahora mi pareja sabe que cuando le echo mano no le voy a hacer daño de sobra, me gustaba esa sensación de ligero agarrotamiento o respingo por parte del esclavo al pasar dirigir la mano hacia sus huevos por lo que pudiera pasar.
Pero si hay algo que me gusta sin duda de ellos, es el poder que se puede ejercer sobre un hombre con ellos. Ya no sólo doblarlo del dolor durante un buen rato con una patada, o con una simple toba mal dada, si no que es su verdadero centro de operaciones sexuales. Cuando dejas a un tio sin follar, le dejas con dolor de pelotas, no de polla. Hoy he estado investigando acerca de la diferencia entre un dolor de huevos por calentón y uno por acción temeraria contra ellos. En conclusión he sacado que me parece más perverso el del calentón, que se queda más latente el hormigueo, y según me han contado, te impide hasta andar. Y eso me hace especialmente gracia, porque cuando una tia está cachonda a reventar, su mejor aliada es una buena costura y una carrera. Así que me parece mucho más elegante dejar a alguien con un calentón que pisarle los huevos solo por molestar, ya que con la segunda opción se acordará de mi padre mientras que con la primera, seguro que se acuerda de mi cuando se la menee para bajar el dolorcillo. Y además, el tio grita menos. O no. Depende.





