Publicaciones Etiquetadas 'petting'

TFT: Vente a mi casa

“Vente a mi casa” para mi es otra frase eufemística del sexo, como el quedar a tomar un café. Quizás sea por mi mente calenturienta, o porque las circunstancias y los hechos me han llevado a creer que esto es así, pero cuando alguien te invita a su casa, es porque te quiere follar.

Si te invita a su casa a tomar café, mi cabeza ya ve una orgía en la proposición, aunque esté viendo la cafetera y el azucarero y como su madre acaba sirviéndome el líquido elemento, yo sigo pensando que ahí va a haber lio. Quizá sea porque las circunstancias y los hechos que me he encontrado en este tipo de visitas han acabado la gran mayoría en polvo, también es que yo soy muy sociable cuando quiero, jajaja.

“Vente a mi casa” es la contracción de ” vente a mi casa que en cuanto te sientes en el sofá voy a hacerte una de acoso y derribo que te vas a creer que estás en un partido de rugby” , pero esa frase completa asustaría a muchas féminas. Y es que he de reconocer que ese momento abalanzamiento sobre la presa, me pone muy cachonda. Ya sea yo la que vaya a atacar o sea el otro,ese momento indefenso cuando te encuentras la boca, las manos o el maromo entero encima tuyo de manera desprevenida, reconozco que me gusta mucho. Si soy yo la que llevo en mente atacar, desde que entro por la puerta ya voy pensando en el momento de lanzarme, siempre y cuando haya recibido señales positivas, claro, que lanzarme a piscinas sin agua no es mi estilo, y me gusta hacerles pensar que son ellos quienes dominan la situación, estamos en su territorio, rollo buen anfitrión….y me gusta agradecer esos esfuerzos.

De todos estos momentos sofá, hay de dos de los que me acordaré toda mi vida, en uno fui la atacadora y en otro la atacada. Hoy os contaré en la que ataqué :

Años 90. Madrid. Yo tenía 18 años,estaba repitiendo C.O.U. e hice nuevos amigos en clase, aparte de un par de colegas que repitieron conmigo. Dentro de este grupo de amigos, también entraba un chico de tercero de B.U.P. muy modosito él, de padres ultracatólicos, muy pijín él, que vivia en el Barrio Salamanca, jugador de voleibol federado y que a mi me ponia burrisima con sus dieciseis añitos. Pero mucho. Debía de ser porque era todo lo contrario a mi, porque los domingos por la mañana no podia quedar con nosotros para ir al rastro porque tenía que ir a misa, me ponía los pezones como piedras. Yo tenía que pervertir a aquel alma bendita fuera como fuera. Guapo en si no era, se parecía mucho a Felipe el amigo de Mafalda, pero entre el cuerpo que le había dado el deporte ( en aquella época no era muy normal que tus amigos tuvieran tableta de chocolate) ese morbo que desprendia su halo virginal, y su edad, me tenían berraca perdida.

Yo siempre he tenido a mi vez, ese halo de persona inalcanzable, de borde por antonomasia con aspecto que no invita al acercamiento ( jaja, me estoy poniendo a caer de un burro), que si os soy sincera me encanta porque me sirve de criba de gilipollas. Hay que echarle un par de huevos a entrarme de primeras, eso me lo ha dicho mi chico siempre, aunque la respuesta siempre es buena.

Asi que al muchachito le daba un poco de miedo al principio, por lo que mi acercamiento fue un poco más costoso, cosa que me ponía más cerda aún, ya tenía bien desarrollado ese sentido de serpiente que se va a comer al ratoncito en cuanto se descuide. Lo bueno es que los minis de cerveza y de “muerte súbita” ( que era algo asi como una mezcla de todos los alcoholes habidos y por haber con un chorrito de lima, que entraba de puta madre pero que a los diez minutos se había evaporado la sangre de tus venas ) ayudan a congeniar con el personal, y poco a poco se fue atreviendo a hablar conmigo y nos fuimos haciendo amigos. Incluso más de un dia llegamos a despedirnos antes de irnos a casa con un pico. Yo cuando llegaba a mi casa me hacia unas pajas de alucinar pensando en el chaval, él supongo que se pondría el pijama, rezaría por sus pecados y se iria a dormir.

Un dia, me pide ayuda con una parte de ciencias naturales ( si, en aquella época aún se llamaba así la asignatura), la química orgánica, una de mis secciones favoritas.Normalmente siempre que estudiábamos juntos todos lo hacíamos en la biblioteca del instituto, pero aquella vez me propuso que fuera el sábado por la tarde A SU CASA que estaríamos mucho mejor. Siii siii, te vas a cagar nenin, vas a empezar a creer en dios de verdad, es lo que pensé en decirle,pero con un “perfecto” confirmé la cita.

Sábado, siete de la tarde, alli que me voy yo con muchas transparencias y escote a darle clase a Felipito, arreglada pero informal para provocar lo que quería  y por si nos cansábamos de estudiar y decidíamos salir por ahí con el resto. Una preparada para todo, oiga. Era la primera vez que me acercaba siquiera a su portal, el típico majestuoso y grandioso de casa de principios de siglo del Barrio Salamanca, con el típico ascensor de la misma época, actualizado en el mecanismo pero conservando las piezas originales, y la típica escalera de madera crujiente y brillante mitad por la cera, mitad por el desgaste. Subo al primer piso andando, siento como cruje el suelo bajo mis pies y temo que mis botas vayan a dejar algun marca en la madera. Llamo al timbre de su casa, el típico pezoncito negro pequeño; me abre la puerta un señor muy alto, fornido, con el pelo cano, que extendiéndome la mano no sin una pequeña mueca de disgusto al ver mi aspecto, se presenta como el padre de la criatura. La Virgen.

Me hizo pasar a una biblioteca mientras desaparecia por el tipico pasillo estrecho y larguísimo que desemboca en otro igual, todo con suelo de madera chirriante como el de la escalera; la estancia, forrada de libros del suelo al techo, la gran mayoria de ellos de medicina, estaba presidida por un cuadro a tamaño natural del caudillo, y para mi que era más grande el cuadro que el propio representado, porque aquel cuadro era enorme. En un vistazo rápido a la habitación, descubrí varias fotos del hombre que me habia abierto la puerta junto al enano de jardín vestido de militar, el incombustible Fraga y el que hubiera visto a San Pedro directamente si no lo para la cornisa del edificio. Vamos, fachilandia en veinte metros cuadrados.

Cuando estaba a punto de desaparecer por la puerta todo lo sigilosamente que me hubiera dejado el puto suelo de madera crujiente, apareció mi adolescente con sus vaqueros, su camisa casi almidonada de cuadros y sus zapatos de niño pijo y recordé porque cojones me había metido en ese berenjenal.

Nos fuimos a su habitación precedidos por su padre, ñiqui,ñiqui,ñiqui, y una vez allí, el buen señor se ocupó de dejar la puerta bien abierta para que no hubiera la más mínima posibilidad de acercamiento. El señor médico estaba empezando a desquiciarme, pero el olor de la colonia de su hijo me hizo centrarme en lo que estaba, en enseñarle parte del escote y volverle loco con los típicos rocecitos mientras disimulaba que le enseñaba la parte orgánica de la física. Cada vez que nos callábamos demasiado tiempo, aparecia fugazmente la cabeza de su padre por la puerta a la espera supongo de encontrarnos intercambiando saliva y poder castigarnos frente al retrato de la biblioteca; cuando después de cuatro disimulados paseos , en los que se le oía llegar de sobra gracias al corcanti de madera que poblaba su suelo, decidió comunicarnos en un quinto que se iba a misa con su madre ( a la que no vi en ningún momento) y que volverían en una hora.

En mi vida me ha gustado más que la gente crea en dios. Mientras disimulaba entre carbonos e hidrógenos a la espera de oir a la madera sufrir su artrosis nuevamente y que se oyera la pesada puerta cerrarse, no paraba de pensar en los sesenta minutos que tenía por delante. Y creo que él también, porque nada más oir el cierre, propuso un descanso y una coca cola.

Nos fuimos a la cocina, y de ahí decidió coger folios del despacho de su padre, a la par biblioteca, a la par refugio del cuadro de Franco más grande que he visto en mi vida, que además, tenía un bonito sofá de cuero de esos en los que uno piensa que va a acabar con escoliosis si está más de diez minutos en él de lo que se hunde cuando te sientas. La solución está en compensarlo: que uno se siente sobre el cojín y el otro a horcajadas sobre el primero para equilibrar, jeje. Asi que allí sobre el sofá empezamos a meternos mano, bueno, le puse las manos en mis tetas porque si no el muchacho de los piquitos no pasaba, y yo estaba ya más caliente que una plancha, aunque un poco cohibida por la atenta mirada del de la voz aflautada y nuestra cercania a la puerta, por lo que le pedí que volviéramos a su habitación. Y en el suelo de esta, porque si su padre notaba un milímetro de colcha revuelta nos fusilaba a los dos, nos metimos mano como dos adolescentes frotándonos hasta corrernos pues el colega era tan católico que queria llegar virgen al matrimonio, y la verdad es que ya era fuerza de voluntad lo suyo, teniéndome con su polla en la mano y abierta como las puertas del cielo, preferir a hacerlo con alguien inexperto unos años más tarde. Pero correrse, se corrió como un perrito sobando mis tetas mientras le hacía una paja. Al recordarlo ahora me inspira ternura y todo.

Cuando volvieron sus padres, allí no había pasado nada. Me despedí amablemente antes de que aquel hombre empezara a detectar el olor a sexo que debiamos de desprender ambos, y las siguientes clases las dimos en la biblioteca del instituto, con ligeros roces y picos de despedida, aunque el dia que aprobó el examen nuestras lenguas llegaron a juntarse nuevamente.

Hace poco se me ocurrió buscarlo en Facebook; ahí estaba, en una estupenda foto de familia con rubia de perlas en las orejas, con su misma cara de Felipito y dos churumbeles que confirmaban que al menos un par de veces habia consumado con la rubia. Me alegro por él, era buen chaval.

El petting

Claro, esta entrada viene provocada por Jason, la Kylie, los recuerdos, la Maria, y las casi casi vacaciones de verano.

Hay que joderse lo estresante que es ser teen en la década en la que te pille…bueno… igual estas dos últimas hornadas de teens lo tienen más fácil que la cocaína y las pastillas están más accesibles.En mis años mozos no la chupabas por una raya, lo hacias por gusto.

A mi me pilló la adolescencia a principios de los noventa, casi la primera generación de adolescentes de la democracia ya asentada…porque dudo mucho que Sex Pistols consintieran ser portada de Super Pop alguna vez. 

Si, yo me crié con la superpop y la teleindiscreta por las pegatinas que regalaban de mis ídolos favoritos, el vale para leer alguna historia de sexo explícito ( vaaaa que todas lo haciamos) y la Ragazza, la biblia de cualquier adolescente que se precie de serlo. 

Claro, que yo os estoy hablando de la época del primer número de la revista, cuando después de una pequeña supervisión de nuestras madres nos dejaron empezar a comprarla, no en el folletin del kamasutra que se ha convertido ahora…  Coño, acabo de entrar en la web y he flipado…que yo me compraba esta revista con 12 o 13 años¡¡ … han debido de cambiar de tipo de público… pero entonces…de verdad que con 15 o 16 años aun hay bobas que se compran esta revista ? Yo a esa edad ya sabia sujetar cubatas con la cabeza sin tener que leerlo :P  

En fin, que me desvio del tema. 

Pero el motivo por el que esta revista merece permanecer en los anales de la historia, de nuestros recuerdos, es por haberse inventado la palabra que trajo más loca a mi generación que los libros de “busque su propia aventura” : el petting. 

” Sin llegar a la penetración, con tu novio (porque en los noventa aún se les llamaban así) puedes practicar PETTING”

Dios, aquella frase marcó mi vida. Que era el petting, esa cosa que podia hacer en vez de follar? Como se hacia ? Donde ? .

A mi madre no se lo iba a preguntar, claro, asi que me fui al diccionario a ver si habia algún tipo de definición.Nada. Como español no es, y suena a inglés, vamos mejor a mirar el Collins. Nada. Lo más cercano es pet, mascota. ¿?. Acariciar al perro con mi novio no creo que me ponga tan cachonda como un pollazo. Esperaré a la próxima semana a ver si la revista desvela algo nuevo.

Y la semana siguiente compré la revista. Y no había definición explícita de lo que era hacer petting, pero si se dejaba intuir. Y semana tras semana seguí investigando lo que era el petting, porque además las chicas que escribian al consultorio ya lo habian probado, y yo seguia sin descubrir exactamente como se hacia… porque a mi me sonaba a meterse mano.

Y eso era. Simplemente. Años más tarde, ahora, lo piensas fríamente, y era eso. Petting es la manera cursi o tabú de decir meterse mano ( en todos sus grados, desde el ligero roce por encima de la ropa hasta el sexo oral) eso si, siempre sin penetración, porque eso ya era hacer el amor ( en los primeros números de Ragazza, insisto, ahora miedo me da saber como lo llamarán) y entraba dentro de otro tipo de artículos de la revista, los románticos creo que los llamaban. 

Haced la prueba, en una reunión de amigos/as sacad el tema petting , y el que diga que no estuvo rallado con la palabra… miente.


NO RECOMENDADO A MENORES

Más de lo mio

Escribeme a :

chatarreranordica@gmail.com

Seguir

Get every new post delivered to your Inbox.