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El polvo de los muertos

 

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Intento hacer memoria de porque acabé allí y con quién, un habitual no era, aunque si fue en los comienzos de empezar a salir por aquellos garitos de oscuridad y perversión, de hecho no se porque hablo en plural pues solo existía uno, cerca de los cementerios de San Justo y San Isidro, y a plena luz del dia y pasados los años soy incapaz de distinguir a cual de los dos nos fuimos, aunque intuyo por la situación del garito que fue al primero porque queda más cerca.

Me hace gracia que no recuerde a quien me follé aquella noche, solo recuerdo que tenía el pelo largo liso y negro y llevaba una gabardina, supongo que con un aspecto vampírico que me atrajo lo suficiente como para dejarle disfrutar de mi yugular y mi femoral; pero si me acuerdo perfectamente de lo que llevaba puesto  aquel día, botas de militar, medias de red sujetas por  un liguero ( era la primera vez y descubrí lo práctico que es para follar sin tener que liarte con los pantys), una falda de tubo con raja enorme enseñando media pierna, mis martens inseparables en aquella época, y debajo de la recién estrenada gabardina negra con el forro rojo que era la envidia de mis queridas amigas, una camiseta de red y el sujetador negro debajo. Vamos, un pedazo de zorrita siniestra de diecieis años, de las que ahora se hacen llamar gothic lolitas, jaja.

Podría inventarme una bonita historia romántica a lo Crepúsculo ( saga que tampoco soporto) de como nos cortejamos en la discoteca, como se cruzaron nuestras miradas en la pista de baile mientras el resto bailaba como cuerpos retorciéndose en el purgatorio, pero seguro que no fue así  y en algún momento se acercaría a mi con un mini de cerveza que era lo que se estilaba alli.

Supongo que nos meteríamos mano allí dentro el tiempo suficiente como para calentarnos y querer salir fuera, momento genial en el que avisaba a mis envidiosas amigas adolescentes que aún no habían comprendido que se ligaba más haciendo reír que de pose, “ahora vuelvo” era la consigna eufemística para refrotarle a las demás que tu modelito desde luego habia surtido más efecto que los suyos.

Fuimos al guardarropa a por nuestras respectivas gabardinas, atrezzo indispensable por aquel entonces, asi que igual fue por esta época del año; al lado del garito había una pequeña bodega, donde compramos un litro de cerveza, me cogió de la mano y me dejé llevar entre callejuelas hasta llegar a una zona más abierta, rodeada por un muro y una valla de alambre, donde habían hecho un agujero por el que pasaba una persona sin problema. Obviamente, allí que fuimos, y al traspasar la valla una columna de nichos me dejó claro hasta donde habíamos llegado. Dios, que momento tan gótico, siniestro, romántico y sensual para una adolescente pirrada por ese tipo de fetiches mortuorios, y lo que hace el alcohol, porque igual es la edad o que estoy serena mientras escribo esto, pero hoy en dia o me estás echando el polvo de mi vida y tengo el cerebro desconectado, o me da que algo de yuyu por los ruidos percibidos en los alrededores. Pero no recuerdo ruidos, más bien el frío de una lápida bastante grande sobre la que nos sentamos a bebernos la cerveza que como no, abrió con el mechero, y lo que vino después, los besos y caricias que precedieron al polvo con la falda por la cintura, el descubrimiento de la comodidad de no tener que quitarse las medias antes mencionado, me hace gracia acordarme que no nos quitamos las gabardinas para nada, tengo flashes de cambio de postura porque recuerdo su pelo largo cayendo sobre mi más el frio de la piedra que traspasaba la ropa  y también el ver la cruz de la tumba sobre la que estábamos, así que hubo un claro encima y debajo por mi parte, y aunque no pueda catalogarlo de polvazo, si que se lleva la etiqueta de morboso cien por cien.

Y ahora acabo de recordar que, o perdí las bragas en el cementerio, o el “machito” se las quedó de recuerdo.

 

 

Una noche de otoño

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La primera vez que paseamos por allí me encantó, ya te lo dije. Esa paz, el silencio, la historia escrita en cada una de las piedras, el sol cayendo, paseábamos de la mano, siempre buscabas entrelazar tus dedos con los mios cuando caminábamos; cuando estábamos juntos, ahora me doy cuenta, te resultaba casi imposible no tocarme, aunque fuera un mínimo roce, conseguías que nuestra piel siempre estuviera en contacto.

Justo aquí, donde muestra la imagen, de repente, tu cara se transformó. El niño bueno que paseaba tranquilo de repente desapareció y dejó salir, a través de tu sonrisa picarona y el brillo de tus ojos, al pequeño perverso que llevabas dentro y que era capaz de emerger en cualquier momento. Creo que eso es lo que más me gustaba de tí, con sólo una mirada sabíamos donde volvía a empezar el juego, aunque en realidad lo nuestro fue una partida constante.

Me cogiste de la mano y riéndote, empezamos a meternos entre matorrales y caminos extraños, “te va a encantar, Amita” ; así me llamabas cuando no jugábamos, jamás pronunciamos nuestros nombres, aunque los sabíamos de sobra; cuando estábamos solos no permitía ningún diminutivo, pero tú pasabas de gusano, perro y cachorrito según me apeteciera. Aunque se que “peque” era como más te gustaba que te llamara, según me oías pronunciarlo tu pantalón se abultaba sin remedio. Conociéndote como te conocí, puedo imaginarme el porqué.

Llegamos a una especie de zona amurallada con pequeños recovecos, no muy accesibles a primera vista, donde había una serie de cuevas pequeñas y oscuras, con verjas que prohibían el paso. No hizo falta que me dijeras más, aquella noche mientras el resto de la ciudad celebraba la víspera de la virgen, nosotros aprovecharíamos para hacer lo que aún ni siquiera habíamos nombrado, pero que los dos sabíamos.

Volvímos a tu casa excitadisimos, a la espera de que se hiciera de noche y prepararnos para el evento. Bueno, yo, pues tu te pasaste el resto de la tarde castigado de cara a la pared con la polla como un palo escuchando el sonido de mis preparativos :  el agua de la ducha, la puerta del armario, los tacones de las botas, el característico olor de mi perfume cuyo olor una vez que me conoces ya es imposible no asociarlo a mi, mis risas mientras pensaba en silencio que iba a hacer contigo alli…

Y la noche se cerró. Era la hora de sacar a pasear a mi perro, después de más de tres horas de rodillas necesitaba estirar las piernas. No sabias que vestía debajo del abrigo de cuero, pero si que tú tan sólo llevarías los boxer negros y tu collar de perro debajo del tuyo, además de las botas de militar.

El camino hasta el lugar lo hicimos andando, aunque estaba un poco lejos de tu casa, era una preciosa noche de luna llena y siempre me gustó putearte con el tema de que tu cabeza quedara por debajo de la mia. Y además paseabas bajo la amenaza de ser atado con la correa en cualquier momento que no me pareciera bien tu comportamiento, a mi me daba igual, no me conocía nadie en esa ciudad, y aquello te ponía tan nervioso que casi preferías el atropello de un coche por no ir subido al bordillo que el no cumplir esta imposición.

Llegamos nuevamente al sitio, alumbrados por la luz de la luna que aquella noche se convirtió en nuestra cómplice; y el demonio nos abrió las puertas del delirio al darnos cuenta de que el candado no cerraba la cadena de la verja y que se podía retirar sin necesidad de forzarla, cosa que estábamos dispuestos a hacer aunque no hubiéramos dicho nada.

Era una pequeña cueva, con el techo no muy alto, en este  había una especie de claraboya protegida por una reja,por la que se colaban los rayos de la luna, que le daba un aspecto especialmente acogedor a nuestros ojos.

Aunque intentaba que no notaras mi excitación, mi respiración agitada me traicionaba. Yo gruñía ligeramente, tú soltabas tú “uy,uy,uy” , señales que nos indicaban mutuamente que el juego de verdad acababa de comenzar. Disfrutábamos de la complicidad suficiente como para no  necesitar la palabra mágica que acaba con el juego, y es que nunca dejamos de hacerlo; así que a mi orden te quitaste rápidamente el abrigo sin mediar palabra, te clavaste de rodillas en el suelo y bajaste la mirada hacia el suelo. Gemias asustado. Me ponía cachondísima oirte. Te ordené que te despojaras del resto de la ropa, botas y boxer, te puse las esposas con las manos a la espalda, recogí la ropa y me fui de allí cerrando la verja. Aunque tu no me veías, estaba lo suficientemente cerca como para oír tus gemidos y quejas, que empecé a concebirlas algo más reales cuando diez minutos más tarde, seguía sin aparecer. Y es que realmente hacía muy buena noche, y la zona estaba especialmente tranquila.

Cuando oiste mis pasos de vuelta, corriste a mis pies a lamer mis botas pidiendo perdón, e incluso derramaste alguna lágrima que recogiste con tu lengua antes de que dejara marca en las botas; te acaricié la cabeza para tranquilizarte, tu Ama había vuelto, y como premio te dejé meter la nariz en mi entrepierna.

Pero la noche no había acabado, mientras estaba fuera me había dado tiempo a pensar algo nuevo. Te dejé que me quitaras el abrigo con los dientes como tan bien sabías hacerlo para que descubrieras que llevaba bajo él : nada exceptuando unas bragas negras y un pañuelo al cuello, además de las botas de militar hasta la rodilla. Como premio al gemido de placer involuntario que se escapó de tu garganta y que interpreté como un piropo, te permití que me quitaras las bragas con la boca, y como recompensa te dejé que te las pusieras y sintieras lo más cerca que te estaba permitido de tu polla lo cachonda que estaba ya tu Ama en ese momento; y para que disfrutaras del momento con todos tus sentidos, te vendé los ojos con mi pañuelo, esposé tus manos unidas a la cadena de la puerta que colgué de la claraboya, dejándote ligeramente suspendido; te quejaste pero tus súplicas con la polla dura no me convencían lo más mínimo. Te besé ligeramente en los labios, estabas tan tierno; aunque te hice saber que había tenido que ponerme ligeramente de puntillas para hacerlo, y te puse nervioso al decirte que te castigaría por aquella osadía; tanto, que te quejaste hasta que te crucé la cara de una bofetada. Entonces empezaste a llorar, asustado y aturdido, no te había pegado nunca, y tus lágrimas rodaron por debajo de la venda. No pude evitar lamerlas, y salí de la cueva sin decir una palabra. Como no podías distinguir las sombras, te confieso que me quedé observando tu nerviosismo desde la puerta, durante treinta minutos exactos, en los que mi excitación aumentaba por momentos al oirte llamarme, suplicarme, pedirme perdón, gemir, quejarte, sollozar … y todo, sin intentar soltarte ni un sólo momento, apenas te movías, no buscabas liberarte de la cadena, solo mi benevolencia.

Oiste nuevamente mis pasos entrando en la cueva, me acerqué a ti y sin mediar palabra te liberé de tus ataduras. Te arrodillaste inmediatamente y comenzaste a lamer mi coño como un perro que bebe agua después de haber estado corriendo por el campo, ávido, deseoso, completamente agradecido. Cuando me encontré lo suficientemente satisfecha, salimos de allí, te devolví las botas y caminamos hasta casa, tú con mis bragas bajo tu abrigo y yo completamente desnuda bajo el mio, con el pañuelo nuevamente al cuello.

Y como regalo por tu buen comportamiento, te permití lamer mi coño durante horas y dormir entre mis piernas después de que te corrieras al mínimo roce con mi mano, una vez satisfechas mis necesidades orgásmicas.

Y es que hoy, hace nueve  años de aquella noche.

La torre de la Reina

O soy muy previsible, o me tenéis muy leída, pero demasiada gente por aquí acertó que con este viaje lo que pretendía era echar un polvo en las mazmorras del castillo de Loarre.  Yo llevaba cerca de diez años planeándolo, desde la primera vez que entré en ellas, y mi chico una semana, para darme la sorpresa.

Casualmente, hace dos semanas el novio de un amigo estuvo en Loarre, asi que aproveché antes de ir a hacerle unas cuantas preguntas, como si te podías seguir moviendo por todo el castillo como recordaba, y si solía haber mucha gente ( la primera vez que fui, estuvimos solos por el castillo los cuatro amigos que íbamos, cómo lo gozamos) y todas sus respuestas fueron lo bastante sugerentes como para animarnos más a hacerlo.

Lo mío era una lubricidad constante. Entre que desde hace unos días tengo el chip de Ama mode on, que llevo diez años soñando con esa mazmorra, un perro ( humano) con una buena espalda, un látigo y mi creatividad, y que mi chico me calentaba el ambiente llamándome mi Ama, pues ahí estaba yo en una constante ebullición, que me rozaba y me corría.

Decidimos ir a primera hora de la mañana, por el calor y por una posible afluencia de gente; como  íbamos desde Pamplona, cogimos el camino desde el pantano de Yesa, que te lleva por un puerto de montaña precioso y bastante tranquilo, por lo que podíamos ir disfrutando del paisaje. Además, nada más tomar el puerto, se nos puso un camión delante, lo que indicaba que una parte la íbamos a hacer a un ritmo bastante tranquilo, cosa que entraba en nuestros planes pues llevaba uno de mis juguetitos para ir entreteniéndonos por el camino, asiento hacia atrás, piernas en el salpicadero , falda subida y sin camiseta y jugando  con el consolador, por lo que decidimos que mejor adelantábamos al camión para que no se fuera recreando la vista, que en parte me daba bastante morbo, pero siendo lógicos, provocarle distracciones a un tío con un trailer de 3 ejes cuando tu vas detrás en tu pequeño coche, no me parece muy seguro y no me hubiera gustado ser recordada en el anatómico forense por la del consolador incrustado en la garganta.

Pues no hubo cojones a adelantar al diablo sobre ruedas ( que gran película, también le tengo que dedicar un post a lo que me hace sentir), el tio fue a 120 todo el camino, recordemos que hablamos de un puerto de montaña, por lo que dedujimos que ese conductor se hacia ese recorrido más de una vez a la semana, porque no era normal la velocidad. Asi que mi chico se dedicó a seguirle el ritmo al camión que en el fondo nos venia muy bien, y yo seguí a mis menesteres medio en pelotas entre gemidos y fantasias.

Una hora y media más tarde, llegamos a Loarre.

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Ays, que bonito es. Unos momentos culturales antes de seguir con los polvos, para decir que data del siglo XI, se mandó construir por orden de Sancho III y de sus habitantes más famosos cabe destacar a Doña Violante de Luna, abadesa del monasterio de Trasovares que se secularizó por ganas de rabo, perdón, por ser amante de su primo, en la costumbre endogámica de la época. Al final, le quitaron el castillo e intentaron convertirla pues ya sabeis que en aquellos tiempos te tachaban de bruja a la que te descuidabas, pero si tenias pasta o eras alguien importante, te exorcizaban.

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Y esta es la mazmorra. Esa es toda la luz que tiene en su interior, la que proviene de una pequeñísima ventana que daba al patio de armas. La oscuridad más absoluta, el silencio, es imposible que el pulso no se acelere en una mezcla de miedo y ansiedad, realmente debía de ser tortuoso estar ahí encerrado.

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Esa es la ventana por la que los presos distinguirian entre el dia y la noche. Los imagino rascando en la piedra el típico palo que marca el paso de los dias, encadenados fuertemente a la pared, y sufriendo las torturas de la verduga ( que pasa, es mi fantasia, era una verduga la que curraba alli, con su seguridad social y todo) que ejercia su trabajo  la luz de una antorcha, que a la vez usaba como instrumento de tortura. Si, ya se que queda más erótico con velas, pero estamos hablando del siglo XI, y ya que nos ambientamos, que haya el menos anacronismo posible.

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Lo bueno de visitar estos sitios diez siglos más tarde, es que con el flash de la cámara se solucionan todos los problemas de oscuridad. Esa es la mazmorra, con luz. Si os fijáis en el suelo hay un leve escalón que es el que produce una sensación de vacío dentro del vacío alucinante; la vez anterior que fui, en la pared del fondo aún quedaban restos de unas cadenas gruesas con esposas de hierro ancladas a la pared. Descubrir aquello hace diez años, a la luz de un mechero, fue de esas imágenes que no se me borrarán nunca de la mente.

Acordaos cuando erais pequeños y mientras os comíais un helado, este se iba al suelo desparramándose la bola en el asfalto y os quedábais entre con cara de gilipollas y ganas de llorar ; pues así me quedé yo cuando al llegar a la mazmorra después de adelantar a demasiados padres con niños para mi gusto que también venian a ver el castillo, y me encuentro con un cartel que pone ” zona peligrosa / prohibido pasar” . Bueno, vale, lo reconozco, lloré un poco de rabia.

Salimos al patio de armas, y seguimos viendo el castillo mientras que se me iba pasando un poco el ataque de mala leche que me corría por las venas en ese momento, como podréis imaginar. El castillo además, se iba llenando de gente, joder, y venga niños escandalosos con sus padres flipando con mi pelo ( ese día parecía Leela la de futurama con falda y dos ojos), hasta que nos metimos en una pequeña capilla, con su altarcito…

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Uhmm grrr … si, cuando me excito hago sonidos guturales extraños como una especie de gemidos gruñidos o algo asi. Se me empezó a ir la mala leche y volvió la salida que exuda una por los cuatro costados, y pensé en que si no cumplia una de las fantasias, cumpliría otra… así que me subí en el altar y empecé a provocar a mi chico que estaba junto a la puerta vigilando que nadie entrara, mientras tomaba fotos de mis posturitas. Esas se quedan en la intimidad de mi disco duro.

Pero mi chico que normalmente es mas consecuente que yo dedujo que era demasiado cantoso montárselo alli, asi que seguimos la ruta por el castillo, ya más pensando en donde coño echábamos un polvo que es a lo que habíamos ido, que en el momento cultural en comunión con la naturaleza de la que el resto disfrutaba. A mi ya andar por alli ya me empapaba de cultura y las bragas ( ya está la fina), y llegamos a la Torre de la Reina, a la que se accedia a través de la almena de otra de las torres, y descendiendo a un primer piso sin comunicación a través del suelo, llegabas a los que fueron los aposentos de la Reina. es decir, la típica torre del Homenaje de cualquier castillo, donde se escondia el rey en los asedios, pero con otro nombre.

Y allí, en el dormitorio de la Reina, echamos un polvo. No me voy a poner fantástica con la narración porque si llegó a los 5 minutos fue mucho, entre el calentón, el morbo, el que empezábamos a oir a la gente que se acercaba por la otra torre hacia donde estábamos, la madera crujiendo sobre nuestras cabezas porque los primeros visitantes ajenos a la fiesta empezaban a llegar a la torre y en cualquier momento se les iba a ocurrir bajar las escaleras… fue un aqui te pillo, aqui te follo contra el muro de piedra. Estuvo divertido, y muy morboso, pero a Dios , a Satán y a Doña Violante de Luna pongo por testigos, que acabaré follando en esa mazmorra, coño.

Feliz lunes.

Schhhh … a follar sin ruido

(Este post iba a ir dedicado a otra parte de la anatomía masculina que me pone mucho, los músculos abductores, pero me ha dado miedo, lo dejaré para más adelante XD)

Desde el miércoles tengo invadida la casa por familiares que han venido a pasar sus vacaciones con nosotros, incluida niña pequeña, que me tiene un pelín histérica pues soy bastante amiga del silencio o de la música muy alta, algo incompatible con esa tierna edad.  Y hay que ver lo que hace el no fumar a los dos años, que pulmones, que garganta, que decibelios,que lexatin le metía en la papilla…

Ruidos aparte, la otra cosa que me tiene desquiciadita es todo lo contrario, tener que follar en silencio y en los ratos posibles, no con mis gemidos habituales y cuando me da la gana. Otro de mis problemas es que mi cama hace un ruido espantoso cuando la usas para fornicar sobre ella, cosa que el resto del tiempo me la sopla pues no tengo vecinos a la redonda, e incluso me hace gracia, me recuerda a la famosa escena de Delicatessen.

Y ayer viernes, ya estábamos que mordiamos y la nena queria echar un polvo como fuera. Tuvimos que esperar a la noche, entrada la madrugada, para estar seguros de que todos habian caido en un profundo sueño. Precalentamiento sobre la cama, sin mucho ruido, sólo los típicos crujiditos de cambio de postura. Me sentia como una adolescente follando en casa de sus padres, en el fondo tiene su morbillo…( piénsalo asi, bonita, porque te quedan quince dias en este plan). Pero es que a mi me gusta el sexo escandaloso, coño, por eso no echo polvos en público que me pillan fijo; me gusta poder gemir a gusto, decirle cochinadas a mi chico y regalarle mis orgasmos entre berridos casi, jaja… y un polvo en silencio, casi sin respirar, sin mil cambios de postura, me da la impresión de estar follando en un capítulo de Cuéntame.

Como no es la primera vez que nos pasa, para esta, más o menos, teniamos estudiado lo que íbamos a hacer; yo , como soy más bruta, habia pensado directamente bajarnos a follar a la bodega, que está separada de la casa y podríamos movernos mejor ; pero mi chico que vió más lógico no andar abriendo y cerrando puertas para despertar a perros e invitados, me habló de nuestro fantástico suelo del dormitorio, sitio en el que no habia pensado, asi que alli que nos fuimos.

Se tumbó, yo me puse encima, caricias besos y mimitos, y en el primer intento de bombeo la espalda le hace ventosa con el suelo y empieza a hacer un ruido raro a la par que escandaloso. Ataque de risa superado, tiramos la sábana al suelo para evitar el momento succión espaldil de la tarima y seguimos a lo nuestro. Cambio de posición, me toca debajo. Me tumbo, momento cucaracha, me da el empujón de bienvenida, la sábana provoca un efecto tabla de surf empotrándome contra la mecedora, que a su vez del impacto, empieza a moverse aliñada con  el típico ñiqui ñiqui de las películas de terror, y del balanceo tira una caja de zapatos al suelo. A los de El Hormiguero no les hubiera salido mejor. Ataque de risa, nuevamente, al final los vamos a despertar de las carcajadas en vez de con los gemidos. Se nos pasa la risa, seguimos, nuevo cambio de postura, ahora toca a cuatro patas que me encanta que acabe agarrado a lo bestia a mis caderas. En esa postura me cuesta mucho no berrear, asi que pillé la almohada y hundí la cabeza en ella. Ayer entendí el concepto “muerdealmohadas”, y el polvo acabó sin ningún percance más y sin comentarios hoy al respecto del ruido de anoche, no se si por discrección, o porque de verdad no oyeron nada.

El próximo, en la bodega, se ponga como se ponga mi chico.

Inclemencias, venid a mi

“Follando bajo la lluvia” me parecía un título poco sutil. Que soy una dama. 

Adoro las tormentas. Debe de ser este lado oscurillo en el que vivo, o que mi padre me acostumbró desde pequeña a salir al balcón a verlas con él, que en cuanto noto los primeros rayos salgo a observarla. Me gusta la luz, el sonido estridente de los truenos rompiendo el cielo… 

Anoche tuve la suerte de disfrutar de cuatro a la vez. El cielo era una luz constante, y el sonido llegaba a resultar aterrador. Y me excité. Mucho. Y es que nunca he follado bajo una tormenta. Y quiero hacerlo, en mitad del campo, contigo, apoyada sobre el capó del coche, sentir tus embestidas a la vez que los truenos rasgan el cielo; solo la luz de los rayos que iluminen tu cara de fiera fuera de si , y que la lluvia moje nuestros cuerpos…

Sólo he follado una vez bajo la lluvia. Sin tormenta. En el descampado que hay enfrente de la estación de metro de Empalme ( ya el nombre invita a zumbar alli, jaja). Era otoño, de noche, y en mitad de nuestro encuentro empezó a diluviar, pero no nos importó, no nos metimos en el coche, seguimos allí bajo la lluvia, empapándonos  por fuera y por dentro. Me gustó. 

En la nieve. Otro sitio donde me encantaría echar un polvo. Con una gran nevada. Me gustan los contrastes frio-caliente. Sentir la nieve en mis pezones para que luego los calientes con tu boca. Tu cuerpo ardiente frente a los cero grados, acurrucarme entre tus brazos, escalofrios de placer, frente al temblor del frio ambiental. Y sentir como me penetras y me llenas de calor,del que me encanta sentir, desde dentro, el rojo intenso de nuestra pasión mezclado con el virginal blanco que nos rodea.

Quiero hacerlo. De este verano no pasa que folle bajo una  tormenta, y para este invierno, la nieve.

A follar a tu casa

Eso es lo que ha decidido el ayuntamiento de Granada, ya que ha decidido multar con hasta 3000 euritos el que te pillen realizando el acto sexual en la calle, como medida para que las putas no trabajen, y los clientes no disfruten. La cuantía de la multa irá en medida a lo cercano que te pillen zumbando de zonas residenciales y colegios, y en la medida están incluidas todas las parejas que practiquen sexo en la calle o dentro de un coche en las zonas públicas, ya seas puta-cliente o pareja de enamorados. 

 La medida me parece retrógrada, gilipollas y con ganas de no acabar con el tema …por cierto, que en mi opinión el oficio más antiguo del mundo es el de cliente, alguien tuvo que pagar a la primera puta para convertirla en, no ? … 

Me gusta follar en sitios públicos, me encanta el morbo y escandalizar al personal si es que llega el caso. No soy nada exhibicionista, o eso creo, pero si me pillan tampoco voy a poner el grito en el cielo. Ahora quizás tengo un poco más de cuidado porque cualquier persona tiene un móvil que graba video y no me gustaría acabar descargándome a mi misma del emule. He echado un polvo en el parque del retiro a plena luz del dia sobre un banco, insisto en el gran invento que son las faldas largas; con el chico aguarrás era constante la exhibición, ya que no teniamos casa, aunque soliamos refugiarnos en los portales; uno de los menos discretos lo echamos sobre un banco, en lo alto de un descampado, donde nos podia ver todo el que pasara en coche por la Avenida de América y edificios adyacentes. 

He follado en descampados, hay uno que me gusta especialmente que es el que queda en la salida de la estación de Empalme ( debe ser por el nombre, jaja) … recuerdo uno bajo la lluvia, empapados, sobre el coche… y al levantar la cabeza ver a alguien en una ventana. 

Pero mi sitio favorito es en mitad del campo, de noche. Y si hay luna llena, la perfección. Me gusta desnudarme completamente y sentir el influjo de la luna en mi piel. Me gusta como refleja en el cuerpo de mi amante. Adoro el silencio solo roto por las aves nocturnas y nuestros jadeos. 

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La única vez que me sentí mal

Si sólo contara que todos mis polvos han sido espectaculares y maravillosos dejaría de ser humana para convertirme en una fantasma, jaja. 

De todas las que “he hecho”, y he perpetrado alguna de ellas, de esta es de la única que me arrepiento, no por el acto en si, si no porque el tipo aquel me hizo sentirme mal. 

Tenía 22 años y habia conocido a un sevillano muy majete, de 40, felizmente casado y con dos hijos si mal no recuerdo, con bastante pasta, con el que quedé en Madrid para pasar un par de dias follando. Es que a mi el acento sevillano me puede. 

Fui a buscarle a la estación de Atocha y nos dirigimos al hotel Princesa, donde ya en la recepción se dieron cuenta de la diferencia de edad. Subimos a la habitación y tuvo la delicadeza de arrancarme la blusa literalmente una vez cerrada la puerta, tirarme sobre la cama y echarme un polvo un tanto conejero. 

Después del polvo se levantó y me regaló un colgante de oro con la inicial de mi nombre, que me colocó alrededor del cuello. Acto seguido decidimos que seria mejor ir a El Corte Inglés a por una blusa nueva, que obviamente pagó. Comida en restaurante de lujo y tarde follando (él debajo, yo encima ) hasta la hora de quedar con unos amigos para cenar y tomar unas copas. 

Cena, copas con los amigos comunes de internet, borrachera simpática, ya me conoceis, vuelta al hotel, polvo alcoholizado…. y a la mañana siguiente, sola en la cama del hotel. 

Una nota en la mesilla, y debajo dos puñeteros billetes de 50 euros .. ” Me he tenido que ir. Para que cojas un taxi de vuelta. Besos”

No volví a saber nada de él, claro, y me ha dejado el recuerdo de la única vez que me he sentido como una puta.

Cuernos familiares

Siguiendo con mi tradicional comportamiento de follarme lo que me ha apetecido siempre, nunca he sentido ningún tipo de respeto hacia los lazos familiares que pudieran unir , llegado el caso, entre mis partenaires. 

La primera situación morbosa que se me presentó de este tipo fue jugando con la nieve, en la primera gran nevada de la que tengo noción que cayera en Madrid capital, o al menos está claro que la recuerdo especialmente, jeje. 

Era un viernes por la tarde, salia de clase antes que mi chico aguarrás asi que decidí ir a darle una sorpresa y esperarle en su casa.  Era invierno, como podeis suponer, y habia nevado lo suficiente para que los coches estuvieran cubiertos con bastante nieve. Al llegar a la puerta de su casa me encontré con su hermano metiendo  el coche en el garaje; me saludó , me  hizo una señal de que le esperara y asi lo hice. 

De repente una enorme bola de nieve me impactó en la espalda, y cuando me quise girar otra me dio en el pecho, el hermano aguarras habia salido por otra puerta y empezaba una guerrilla de nieve con un ataque sorpresa. Estuvimos jugando un rato hasta que acabamos empapados. Miramos hacia las ventanas de su casa y vimos luz en ellas, por lo que intuimos que estaban sus padres y no era plan de subir, pero tampoco de quedarnos en la calle pues la pulmonia iba a ser inmediata. 

Nuestra mejor idea fue meternos en su coche y poner la calefacción para secarnos. Y mejor ir quitándose la ropa para entrar en calor. Y de ahí a entrar en calor de verdad sólo hay un paso, si quieres. Y quisimos. 

Los segundos cuernos fueron más morbosos aún. Tenia que asistir a la boda de la que entonces era mi cuñada que se casaba en segundas nupcias con un tio que tenia dos hijos, uno de ellos de mi edad. Mi pareja era el padrino del evento. A mi “sobrinastro” ya lo conocia de otras ocasiones, por lo que en cuanto nos encontramos en la boda nos quedamos juntos, ya que mi pareja ejercia de padrino a todos los efectos y yo pasaba mucho de la celebración y el festejeo en si. Además, sobrinastro era gran fumador de maria como yo, por lo que nos convenia estar juntos todo el rato. Con el cachondeo y el alcohol y la fiesta, unidas a nuestras escapadas para poder fumar sin la presnecia familiar, iniciaron el comentario de que parecia que estábamos liados. Como mi pareja sabia de sobra a que me estaba dedicando con tanto ir y venir con el sobrinastro, no hizo caso de estos y se los tomó a risa. 

Y yo también, hasta que en una de las escapadas acabamos echando un polvo en una terraza, en un cuarto piso, mientras veiamos la fiesta en el jardin que transcurria ajena a nuestros gemidos.

Concurso de Polvos

 

En la tonta lucha de ” a ver quien es la mejor de las tres”, en la que me vi implicada sin quererlo, llegó un momento de desfase de las tres salvaje en competición sin querer competir. Esta frase sólo la entenderás si eres tia, si eres tio da igual, no pretendas entenderlo, si total, voy a hablar de follar… pues al grano, nena.

Como ya he contado, nos hicimos las tres siniestrillas para conquistar al “siniestro de la coleta”, del que al final nos hicimos amigos y empezamos a salir con su grupo de gente, moviéndonos por los locales de la época como eran Brujas,Voltereta,Norton, Dark ( el antiguo aire madrid, y que después fue el garito de los de GH) y en el que ya nos dejaron fijos, el Yas´ta. Si perteneces a aquella época, seguro que se te ha escapado una lagrimita dse emoción, pero tranquilo, eso no te convierte en un emo.

Una de esas noches, entre minis de cerveza con granadina, decidimos hacer un concurso, a ver quien era la primera capaz de follarse tres tios esa misma noche. Eramos asi de estupendas.

Hasta aqui parece facil, pero no lo fue tanto, os digo porque: no se si actualmente ha cambiado, pero el mundo siniestro siempre ha sido muy endogámico. La gente solo se relaciona con la gente de su mismo grupo ( compuesto como poco por unas 10 personas), por lo que adentrarte en otro grupo para follarte un maromo era harto dificil, además de que andaba chungo encontrar algún hetero, sinceramente.

Asi que empezó nuestra caza. El garito no era gran cosa de tamaño, una planta baja  con su tipica cabina de DJ y en la parte de arriba los baños y unos sofás, que era la zona de folleteo generalizada. A mear se iba uno a la calle. Para que no hicieramos trampas, el siniestro de la coleta se ofreció voluntario/voyeur para dar fe de nuestras actuaciones. Tonto no es el muchacho, no.

Nunca habia actuado asi, y no lo he hecho nunca más ya que suelo tener amigos masculinos por lo que me los follo directamente sin tener que hacer tonterias, pero reconozco que fue bastante excitante eso de ser un putón por una noche, ayudada por el alcohol,para que voy a mentir.

Mi primera victima fue un tio al que ya le tenia echado el ojo desde hacia tiempo. Me acerqué sutilmente por detrás de el a la barra y me pegué mucho para que notara bien mis tetas en su espalda, truco que me ha funcionado siempre, jeje. Se dió la vuelta con su mini en la mano, y le comí los morros directamente. Y funcionó, porque sin intermediar palabra, nos fuimos hacia arriba. Este polvo fue en la zona de sofás. Ni recuerdo tamaño de polla, ni si me corrí o no, sólo recuerdo ver al de la coleta haciendome un gesto con la mano : 1-0-0. Iba ganando la apuesta.

Después el polvo numero uno se fue con sus amigos, y yo con los mios. Ambas, un rato después, bajo la atenta mirada de nuestro jurado voyeur, echaron sus polvos.  A las 23h ibamos 1-1-1.

Un ratito más tarde, se acerca nuevamente polvo nº1 para presentarme a un amigo suyo que queria conocerme.  Vamos, que queria ver a quien se habia follado su amigo. Hablé con ellos un rato, y amigo pasó a convertirse en polvo nº2, esta vez en los baños, que creo que es el sitio con más mieeeeerda en el que he follado en mi vida, y uno de los polvos más surrealistas, porque por la cabina de al lado apareció la cabeza del jurado voyeur para ver si cumpliamos las reglas. Nunca se lo he preguntado, pero me da que esa noche se lo tuvo que pasar teta.

A eso de la una de la mañana, cuando ya casi iban a cerrar el garito, y las apuestas iban 2-2-1, ya llevabamos todos un pedo de muerte y veiamos que tendriamos que trasladarnos al Lab’oratorio o similar para seguir el concurso cuando… entra por la puerta del garito, mi chico aguarrás. No hizo falta nada más, me dieron por vencedora absoluta de la noche, aunque según ellas con trampa. Ahhh…haberos pedido la muerte. A mi chico aguarrás me lo follé directamente apoyados sobre un coche en plena calle Valverde, y es que el alcohol, la confianza y las faldas largas ayudan a mantener este tipo de encuentros.

En especial recuerdo esa noche con cariño y asombro, por todas las locuras que hice ( eso si, cada folladita con su condón, que una es zorra pero no descerebrada), lo qe bebí y lo que me rei internamente de ese par de payasas que insistian en creerse superiores a mi.

Otra historia de fucked friends

En esta ocasión, ahora que me dispongo a pensar en aquel momento,  la hija de puta fui yo, pero ya iba siendo hora…

Como ya he comentado, tenia dos amigas en la adolescencia que gracias a su constante empeño y actuaciones, me convirtieron en la misógina que soy hoy en dia. Por algún motivo en especial, creo que porque siempre he sido más alta que ellas y porque la talla de mi sujetador tiene tres cifras en vez de dos, ambas se creian superiores a mi ¿?.  No es por echarme flores, no se si rosas o crisantemos, pero siempre he sido bastante individualista y me ha importado un pijo lo que la gente pensara de mi, y la gente en general, a no ser que tenga una cualidad específica que me haga sentir bien ( con hacerme reir, me tienes ganada en un 80%), me la suele soplar bastante también. Me considero una sociópata, por lo que no se que coño hago contándole mi vida a la gente en un blog.

Lo que si soy es igual que Susanita la de Mafalda, redios, me voy de un tema a otro a la que me descuido.

La historia de hoy, tiene una fecha concreta, mira tú, y es el 6 de noviembre de 1992. Y diréis, hija, que memoria más reconcorosa tienes… pues si y no. Ese dia actuaba The Cure en el Palacio de los Deportes de Madriz.

Pero pongámonos en antecedentes: en nuestra vorágine de jodernos la vida las unas a las otras, apareció en pantalla un siniestro nuevo ( al de la coleta ya lo teniamos cazado como amigo), muy majete, por el que las tres andábamos locas aunque ninguna nos lo habíamos confesado, viendo el plan amistoso que llevábamos. A mitad de competición una de ellas se retiró porque se centró en otro maromo, bien por ella, porque ese no nos interesaba a nosotras, no vestia de negro.

El 7 de noviembre era ( y sigue siendo, claro), el cumpleaños de mi amiga del alma, por lo que decidió dias antes, que lo celebraría después del concierto de The Cure, yéndose a la tipica fiesta temática de después de los conciertos  con x personas,  nuestro “trofeo” entre ellas. Todo hubiera transcurrido normal, si no llego a enterarme de sus planes un par de dias antes, ya que yo no estaba invitada a su cumple. Asi que puse el zorra-mala-puta mode on, y me preparé para el concierto.

Habiamos quedado todos en la puerta de El Corte Ingles para coger sitio y esas cosas que se hacen antes de un concierto. Como yo vivia al lado del “trofeo”, le propuse ir los dos juntos al encuentro del resto, cosa que le pareció bien.

Teniais que haber visto la mirada de odio que me echó mi amiguita cuando me vió aparecer con él.Obviamente, aquello era una lucha encarnizada, por lo que enseguida se le acopló y se puso tontorrona para calentar al trofeito y llevárselo a la fiesta.

Pero habia algo que le hacia estar en desventaja, además de su gilipollez supina: a ella le ponía mucho Robert Smith, ente que a mi no, yo era más de Dave Gahan, por lo que desatendió su caza y subestimó a su rival : lo bueno de los conciertos masivos es que hay mucha gente, te mueves hacia un lado, hacia otro, acabas colocada delante justo del “trofeo”, le pegas un poco el culo al paquete por si no te ha reconocido, bailas bien pegadito por si su paquete quiere acabar conociendo algo más, el paquete levanta la cabeza a la vez que el dueño empieza a meter la mano por tu falda…

Demasiada gente, y demasiado calientes, decidimos escabullirnos hacia una zona que oliera menos a laca… a través de los pasillos del palacio, acabamos en la zona alta de las gradas, sin nadie a nuestro alrededor, sonando “pictures of you” en directo mientras echaba uno de los polvos más morbosos de mi vida, con miles de espectadores que no vieron nada… uff bestial,nenes. 

Ya volvimos a encontrarnos con todos fuera, al acabar el concierto. La cumpleañera estaba en su salsa recibiendo las felicitaciones después del concierto, en su momento Diva, cuando me vió aparecer con, el ahora MI TROFEO, se le cortó la digestión. Mi trofeo la felicitó, porque me da que en ningún momento se enteró de que nos lo estábamos rifando, y ella le propuso ir a la fiesta.

Y aqui llegó mi momentazo :

Trofeo me preguntó si iba a ir a la fiesta, y le dije que no. Asi que Trofeo le dijo que preferia quedarse conmigo. Y Trofeo se ganó una mamada completa por haber dado la respuesta correcta un ratito más tarde en un parque.

Y mi fucked friend me dejó de hablar durante unos dias. Jo tia, porque ? Porque a ella también le gustaba el Trofeo. Hala tia, no lo sabia, perdona.

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