Al recordar el episodio de la vela, me he acordado de una época de salidez extrema, en la que además de con el que era mi marido para cumplir, follaba habitualmente con dos tios más , y me pasaba el dia hablando por internet con la que era mi “criatura celestial” de sexo, entre nosotras, rollo bollo , o contándonos las historias de los polvos que habiamos echado durante la semana. Duró unos meses la vorágine. pero en esos dias mi entrepierna era navegable el dia entero. Que nivel de salidez, vive dios. Follaba todos los dias. Tres dias para uno, tres dias para otro, uno para cumplir con el legal. Jaja, que zorra.
Tuvimos una perversa época, desquiciante casi, las dos, en la que fantaseábamos con tener a nuestra disposición una virgencita a la que iniciar en los placeres del sexo. Y nos pasábamos las ocho horas del curro, con alguna interrupción porque de vez en cuando nos tocaba trabajar, fantaseando con tenerla sobre nuestras rodillas y acariciarla a duo, convertirla en nuestro juguetito. Y llegaba un momento en que se hacia insoportable estar en la silla de la oficina sentada, nos describíamos como íbamos acariciándonos discretamente sin que el resto de los compañeros se enteraran. Aquello era casi delirante, el tener que disimular cuando alguien ajeno a lo que pasaba, te pedía algo acerca de trabajo, casi rogando que no te rozara lo más mínimo o estallabas.
Y llegaba el momento en que era inevitable el que nos fueramos cada una a nuestros respectivos baños de oficina a masturbarnos, porque ya éramos tan incapaces de seguir hablando como de dar pie con bola en el trabajo.
Y fue en uno de esos momentos de lujuria descarada, en el que descubrimos lo buen amante que puede ser un rotulador edding, de los gordos, da igual el color. Y ambas teniamos uno en nuestra mesa, al que sólo le habiamos dado el uso que indica su nombre.
Y disfrutamos del amor furtivo, cada una por su lado, en la soledad del baño, con nuestro cilindrico y metalizado amante.
Pero como el vicio nos podía, fuimos aumentando el grosor y el tamaño del rotulador, no os podeis imaginar el catálogo que tiene edding, verdaderas pollas; entrábamos con vicio en las papelerias y grandes almacenes; siempre nos daba la risa cuando por último, comprobábamos a ver si pintaba.
Hasta que un dia se mascó la tragedia, aunque en este caso no la sufrí yo, ambas nos reimos aún del asunto : después de haberle hecho de todo en nuestra imginación a la muchacha que teniamos a nuestra merced, llegó el momento ” ¿ Nos vamos al baño? ” que hacíamos al unísono para orgasmear juntas en la distancia. Después de mi orgasmo y de la recolocación disimulada pertinente, vuelvo a mi sitio y compruebo que aún no ha llegado. 10 minutos más tarde, aún no ha dado señales de vida, y pienso en lo que le está costando correrse a mi criatura. Unos segundos más tarde, suena mi móvil : ella, me llamaba desde el baño de su oficina. Pienso que quiere montárselo rollo perverso y quiere que la escuche mientras se corre, pero nada más lejos de mi imaginación : le había reventado el rotulador en el coño, en su caso verde, y le habia pringado hasta mitad de muslo, parecía que se había corrido en sus pantalones la niña del exorcista. Se había lavado con agua pero aquello no salía, por suerte llevaba pantalón y negro, por lo que la mancha, aunque se notaba en el cambio de color, no era tremendamente escandalosa. Me tuve que salir de la oficina a fumar un cigarro pues las carcajadas se debían de oír en todo el edificio.
Y aquel dia jubilamos ambas a nuestro amante rotulador, y decidimos que como nuestros dedos, no habia nada, aunque miramos con cierta lujuria la barra de pegamento pritt.


