Pollitas, pollas y pollones

Este post viene motivado por una situación un tanto boba pero de la que aún me estoy riendo: Sábado por la noche, en casa con tres amigos gays, viendo la porno (hetero) del canal 8 mientras le rendíamos cuenta a unos mojitos y hablábamos de lo humano y lo divino… 

AMIGO 1 : Nena, a las tias os cabe de todo por el coño 

YO : Si, yo llevo un kit de supervivencia siempre por si me pierdo 

AMIGO 2 : Uy, se me ha roto una media¡ ( hace gesto de sacarse el hilo y la aguja del coño y enhebrarla)

AMIGO 3 : De hecho, las mujeres llevan bolso por pudor. 

La mejor frase que he oido en los útimos meses. 

A raiz de este momento almodovariano total, me dió por pensar en la media de nardos que me he ido follando a lo largo de mi vida. Ah¡ yo si, cuando un trozo de carne me ha sorprendido por su tamaño o grosor, pido una medición forense y verídica ( o sea, mido el miembro yo misma) para comprobar que la cifra “fantasma” que me ha dado el dueño es real, que quiero aprender a aparcar bien. Llamadlo entre empirismo y puro viiiicio.

Asi pues, la primera polla a la que le tomé medidas extravaginales fue a la del aguarrás, obviously, cuyo nardo media 16 cm, cosa que para ser el primero, no estaba nada mal. La siguiente fue la del profe, solo por comprobar, porque me parecia más pequeña que la del aguarrás y asi fue: si mal no recuerdo se quedaba en los 14 cm justitos.Ahora que lo pienso friamente, y viendo como ha transcurrido mi vida, hubiera sido carne de cuernos como mi ex, que también andaba corto de tiro pero lo suplia muy bien con la lengua. Aún asi no le quitó que le pusiera los cuernos desde el segundo año de relación ( duró siete, pero eso ya lo contaré más adelante), y en ese tramo de tiempo encontré unas cuantas joyitas.

Si, si mi primera década con dos cifras fue un poco desaforada, la de la veintena ha sido ( paso de decir fué, que suena a vieja, y tampoco hace tanto que la he vivido) de zorra viciosa total. 

Entre idas y venidas, metidas, sacadas y folladas, me he encontrado de todo, con mis propias teorias, y es que creo que los nardos varian según el tramo de edad; es decir, que las pollas cambian a lo largo de la vida paulatinamente como las orejas y la nariz; o igual no, pero es mi teoria y me gusta investigar esta tesis; si estuviera equivocada y tuviera que empezar de cero, tampoco me importaria 😛 : las pollas de menos de 20 suelen ser de una media normalita, y  tirando a delgadas; de los 20 a los 30, crecen un poco más y van cogiendo algo de grosor; de los 30 a los 40 pillan su punto álgido de largura; de los 40 a los 50 van engordando, algunos llegan al nivel de tuberia entre las piernas. Más mayores ya no me he follado, pero creo que con este muestreo ya vale, ya. 

El primer buen cachocarne que me meti para el cuerpo pertenecia a un amigo de mi ex, madero de ventitantos que calzaba sus diecinueve centimetros bien majos. Recuerdo placenteros polvos en su casa o en la mia mientras nuestras parejas no estaban. Que malas personas éramos. 

El siguiente fue un regalito que me dio el dios de la rdsi (cuando no habia aun adsl), y conocí a través de internet un vasquito virgen de diecinueve añitos muy majo al que en plan ong, decidí desvirgar porque el pobre no encontraba con quien desfogarse y pasaba de irse de putas. Y no se el regalo del polvo para quien fue, si para él por ser el primero o para mi, porque me encontré con 23 centímetros de polla sin estrenar para mi solita. Joder con el niño, tenia más polla que años. 

Reconozco que meterse semejante cimbel duele, igual menos que el kit de supervivencia, pero jode, y nunca mejor dicho. Pero una es muy sacrificada y se folló al vasquito durante casi un año, hasta que se me fue de beca Orgasmus, pero ya espabilado en la vida. 

Un par de años más tarde, cuando ya creia que con el vasco habia batido mi propio record de por vida, me encontré a un catalanito tb por internet, muy vicioso él,  que me dió durante un par de años el uso y disfrute de una hermosa polla de 25 centímetros además de una lengua prodigiosa. La locura, nena.

Que vicio era meterse aquello después de haberle hecho trabajar bien con la lengua. El muchacho estaba delgadisimo, no me extraña, consumiria toda su energia en levantar aquello, porque lo levantaba, y bien duro. A cuatro patas, me sentia como un mascarón de proa. 

Asi que de todo no se si me cabe, pero hasta un cuarto de metro comprobado que si. Puedo llevar siempre encima conmigo una bengala de rescate y una linterna, no está mal, jaja.

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