Entre látigos y esposas

Siempre he pensado, al menos en mi caso, y por las experiencias vividas con otras personas, que el rollo bdsm se lleva en la sangre, en la genética, como el ser homosexual. Hay personas que han nacido para ser dominadas, y otras que hemos nacido para dominar. 

Para apoyar mi teoria de la maldad genética, me he tomado como sujeto de experimento a mi misma y mis experiencias, que me han llevado a esa conclusión. Podriamos llamarla teoria egocentrica. 

El primer recuerdo que tengo de una escena que me excitara sexualmente ( aunque con aquella edad no sabia que sensación era esa), es de la serie V : Diana, con sus botas de tacón de aguja ( me llamaban mazo la atención las botas, más que el que fuera una iguana, primer sintoma fetichista), tiene prisionero a Donovan, esposado a una especie de silla y ella de pie le hace preguntas y como Mike no contesta le da descargas eléctricas. 

Jugué a esa escena en el recreo del colegio durante bastante tiempo, estaba en 3º de egb… yo era Diana, claro. Aún pienso en esa escena, que he intentando buscar en youtube pero no la he encontrado, y me pongo como una moto. Especialmente también recuerdo los vaqueros hiperajustados de Donovan y su paquete bien marcado.

El primer contacto con el mundo bdsm lo tuve con el del aguarrás, como no. Todo fue por culpa de una tarde de sábado de aburrimiento, una huelga de metro y un par de tontos que se fueron desde la Avenida de América hasta la calle Montera andando porque querian entrar en su primer sex shop. 

No debiamos de aparentar los 18 ni de coña, pero a las 7 de la tarde tampoco habia mucha clientela, asi que nos pusimos a mirar todos los juguetitos entre risitas e incertidumbre ( creo que desde ese dia sueño con ser la dueña de un sex shop) porque no sabiamos para que servian la mitad de las cosas, y las revistas porno, que era lo único que conociamos de la tienda. 

Como ambos manejabamos pasta para ser unos adolescentes, el porque papá tenia pasta, y yo porque cuidaba niños por las tardes, pudimos comprarnos unas cuantas revistas porno de diferente temática, 600 pelas cada una, todo un pastón para la época. 

Metimos las revistas en nuestras mochilas y hala, pateada para su casa otra vez. Empezamos a ver las revistas, cogimos dos de sexo “normal” aunque flipamos con las folladas y posturas, una de zoofilia y una de bdsm. No me pregunteis nombres que no recuerdo.

Aquel dia, con el calentón que llevábamos de tanto porno,acabamos follando, claro, pero con los deberes para la semana de ver las revistas y elegir algo que hacer de ellas. 

La de zoofilia descartada, aunque luego tuvimos una especie de experiencia…. que ya contaré. Curiosamente, del sexo “normal”, no queriamos ninguno de los dos tener una experiencia en especial, y eso que aparecia sexo anal y trios … pero a los dos nos llamó más la atención el rollo sado, que en la revista aparecia en los dos roles, Ama-esclavo y Amo-esclava, y por suerte ambos estábamos de acuerdo en adoptar el primer rol. 

Recuerdo aquella “primera sesión” con un cariño especial, ya que tan solo constó de unos cuantos azotes y atarlo a la cama con un pañuelo de pies y manos ( increible, tenia una cama con cabecero y pies de hierro, rollo antiguo), pero lo recuerdo como de los mejores polvos que eché con él, y el despertar del todo de mi lado perverso. 

Años más tarde y gracias a internet entré en una vorágine de conocer esclavos que satisficieran mis instintos perversos que duró hasta que conoci a mi actual pareja, la cual me tiene escondido el kit de perversión de la señorita pepis. Ays, lo que hace el amor. 

Pero mis ramalazos sigo teniendo, porque lo llevo en la sangre; si le doy unos azotes  al perro porque ha hecho algo malo, se me ponen los pezones como piedras; soy extremadamente fetichista en mi dia a dia, tengo que llevar las botas siempre impecablemente limpias, mi llavero son unas esposas; por mi profesión tengo que tratar mucho con el público, y enseguida noto cuando lo hago con un hombre sumiso; hace poco, de hecho, traté con uno de los esclavos que tuve por internet; lo reconocí nada más verlo, él a mi no, cosa obvia porque me miraba poco a la cara, jeje.

Vino con su mujer. Le traté todo el tiempo bastante mal, muy déspota, aunque fueron solo unos minutos. Incluso le tiré al suelo una de las cosas que llevaba en la mano, “sin querer” para que se agachara a recogerlo. Se fueron. Segundos más tarde, volvió solo y me dijo: ” ¿Ama?” Me rei, le dije que si y que se fuera inmediatamente.

Y es que no puedo evitarlo. Soy el escorpión de la fábula. Está en mi naturaleza.

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