Cuernos familiares

Siguiendo con mi tradicional comportamiento de follarme lo que me ha apetecido siempre, nunca he sentido ningún tipo de respeto hacia los lazos familiares que pudieran unir , llegado el caso, entre mis partenaires. 

La primera situación morbosa que se me presentó de este tipo fue jugando con la nieve, en la primera gran nevada de la que tengo noción que cayera en Madrid capital, o al menos está claro que la recuerdo especialmente, jeje. 

Era un viernes por la tarde, salia de clase antes que mi chico aguarrás asi que decidí ir a darle una sorpresa y esperarle en su casa.  Era invierno, como podeis suponer, y habia nevado lo suficiente para que los coches estuvieran cubiertos con bastante nieve. Al llegar a la puerta de su casa me encontré con su hermano metiendo  el coche en el garaje; me saludó , me  hizo una señal de que le esperara y asi lo hice. 

De repente una enorme bola de nieve me impactó en la espalda, y cuando me quise girar otra me dio en el pecho, el hermano aguarras habia salido por otra puerta y empezaba una guerrilla de nieve con un ataque sorpresa. Estuvimos jugando un rato hasta que acabamos empapados. Miramos hacia las ventanas de su casa y vimos luz en ellas, por lo que intuimos que estaban sus padres y no era plan de subir, pero tampoco de quedarnos en la calle pues la pulmonia iba a ser inmediata. 

Nuestra mejor idea fue meternos en su coche y poner la calefacción para secarnos. Y mejor ir quitándose la ropa para entrar en calor. Y de ahí a entrar en calor de verdad sólo hay un paso, si quieres. Y quisimos. 

Los segundos cuernos fueron más morbosos aún. Tenia que asistir a la boda de la que entonces era mi cuñada que se casaba en segundas nupcias con un tio que tenia dos hijos, uno de ellos de mi edad. Mi pareja era el padrino del evento. A mi “sobrinastro” ya lo conocia de otras ocasiones, por lo que en cuanto nos encontramos en la boda nos quedamos juntos, ya que mi pareja ejercia de padrino a todos los efectos y yo pasaba mucho de la celebración y el festejeo en si. Además, sobrinastro era gran fumador de maria como yo, por lo que nos convenia estar juntos todo el rato. Con el cachondeo y el alcohol y la fiesta, unidas a nuestras escapadas para poder fumar sin la presnecia familiar, iniciaron el comentario de que parecia que estábamos liados. Como mi pareja sabia de sobra a que me estaba dedicando con tanto ir y venir con el sobrinastro, no hizo caso de estos y se los tomó a risa. 

Y yo también, hasta que en una de las escapadas acabamos echando un polvo en una terraza, en un cuarto piso, mientras veiamos la fiesta en el jardin que transcurria ajena a nuestros gemidos.

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