Del león a los dedos

colegiala

Aunque lo de frotarse con el león tenía su aquel, poco a poco mi cuerpo fue pidiendo más, ya que los frotes cada vez se tenian que hacer más largos para alcanzar aquella sensación que me gustaba tanto. 

No se si lo pensé, si lo había oído o leído, pero decidí probar con mis dedos. Recuerdo, y hoy en dia me hace especialmente gracia, que por un momento me detuve, antes de tocar directamente mi clítoris con mis propias manos, y pensé que de verdad aquello iba a ser pecado. 

Juro que lo pensé.

E incluso me detuve, casi no lo hago. Menos mal que mi lado lúbrico desde entonces y hasta ahora ha ganado a cualquier otra cosa que me desviaran de mi objetivo de llegar al orgasmo, porque si no menudo plan. Hasta cierto punto me molesta, incluso, que inconscientemente, las chorradas eclesiásticas llegaran a hacerme mella sin yo quererlo,pues ya desde entonces tenia muy claro que yo, de llegar virgen al matrimonio, nada de nada. 

 

Pero ya se me podia haber presentado aquel dia el demonio en carne y fuego en la habitación, que yo probaba materialmente aquello de “hacerse un dedo”.

Y menudo cambio, de usar al leoncito a controlar yo misma las sensaciones.

Descubrí la conexión de las yemas de mis dedos con mi clítoris, gran alianza que permanece inamovible a través de los años,por mucho que el clero en pleno se imponga.  

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