Inclemencias, venid a mi

“Follando bajo la lluvia” me parecía un título poco sutil. Que soy una dama. 

Adoro las tormentas. Debe de ser este lado oscurillo en el que vivo, o que mi padre me acostumbró desde pequeña a salir al balcón a verlas con él, que en cuanto noto los primeros rayos salgo a observarla. Me gusta la luz, el sonido estridente de los truenos rompiendo el cielo… 

Anoche tuve la suerte de disfrutar de cuatro a la vez. El cielo era una luz constante, y el sonido llegaba a resultar aterrador. Y me excité. Mucho. Y es que nunca he follado bajo una tormenta. Y quiero hacerlo, en mitad del campo, contigo, apoyada sobre el capó del coche, sentir tus embestidas a la vez que los truenos rasgan el cielo; solo la luz de los rayos que iluminen tu cara de fiera fuera de si , y que la lluvia moje nuestros cuerpos…

Sólo he follado una vez bajo la lluvia. Sin tormenta. En el descampado que hay enfrente de la estación de metro de Empalme ( ya el nombre invita a zumbar alli, jaja). Era otoño, de noche, y en mitad de nuestro encuentro empezó a diluviar, pero no nos importó, no nos metimos en el coche, seguimos allí bajo la lluvia, empapándonos  por fuera y por dentro. Me gustó. 

En la nieve. Otro sitio donde me encantaría echar un polvo. Con una gran nevada. Me gustan los contrastes frio-caliente. Sentir la nieve en mis pezones para que luego los calientes con tu boca. Tu cuerpo ardiente frente a los cero grados, acurrucarme entre tus brazos, escalofrios de placer, frente al temblor del frio ambiental. Y sentir como me penetras y me llenas de calor,del que me encanta sentir, desde dentro, el rojo intenso de nuestra pasión mezclado con el virginal blanco que nos rodea.

Quiero hacerlo. De este verano no pasa que folle bajo una  tormenta, y para este invierno, la nieve.

One thought on “Inclemencias, venid a mi

  1. Aca tenes otra fan de las tormentas. Me dan un miedo terrible que gozo al abrigo de mi hogar (¿Gozo cobarde? ¿Gozo bacan?). Este verano aproveche varias. En cuanto sentia el chiflido del viento y los latigazos de los relámpagos me pegaba al ventanal envuelta en una manta, acariciando una taza de leche caliente. Abria los ojos bien grandes como para tratar de fijar la imagen del blanco contra negro, de los chorros de agua violentos golpeando contra las paredes de cemento de los edificios de enfrente, contra los carteles, contra mi ventana. La embestian una y otra vez. Yo apoye mi mano sobre el vidrio que vibraba.

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