El paraíso en mi jardín

Hoy, empiezan unas obras en el jardín de mi casa que durarán tres dias. Han llegado a las siete y media de la mañana, de hoy lunes, lo mejor para mi humor de principio de semana. Me he quedado en la cama, viendo la tele, mientras escuchaba el estruendo que se empezaba a montar fuera, en una especie de duermevela también, este fin de semana ha sido una locura y he dormido nada y menos, despertándome a ratos dependiendo de la intensidad del ruido.

Igor Mitoraj

A las 11 he vuelto a despertarme, seguia el trasteo fuera de la casa y me he asomado desde la ventana de mi dormitorio, a ver como iba el tema… y me he encontrado que tenía alli mismo a cuatro querubines que no alcanzaban la treintena con  abdominales de madera y espaldas de ensueño a mazazos con el suelo. Dios, ha sido un momento de esos que piensas que te has muerto, estás en el cielo, que además se parece sospechosamente a tu casa.

Hay que ver como ha mejorado la raza en la rama de albañileria. Recuerdo cuando era más pequeña, incluso en la adolescencia, que los albañiles eran señores con una enorme barriga, con esas camisetas de corte imperio por las que escapaban los pelos de pecho y espalda de sus portadores, y ese tocado a base de pañuelo con cuatro nudos a los lados para que no se volara. En cuanto tuve tetas, también supe que saben decir frases de escabroso contenido algunas, muy graciosas otras, conocidos como piropos, que te indicaban el grado de “tia buena” que tenias en ese momento. Para el ego femenino siempre ha sido una referencia, si pasas por una obra y los albañiles se ponen a trabajar a tu paso en vez de soltarte alguna de las suyas, es que algo está falla, y mucho.

Pero en dos décadas más o menos, han sufrido una transformación, no se si debido a que los hijos de los señores del pañuelo en la cabeza han seguido los pasos de sus padres, o que gracias a la burbuja inmobiliaria que sufrimos estos años los reclutaba en las puertas de los institutos prometiéndoles mucha pasta, pero la media de edad ha bajado casi esos veinte años también, por lo que ahora dan ganas de pararte en una obra y piropear tú a los albañiles.

Asi que me he pasado un ratito, café en mano, mirando por la ventana, protegida por uno de los árboles,observando  como se contraian los músculos de sus espaldas cuando aporreban el suelo con grandes mazas, la tensión de los biceps al desplazar las carretillas y el momento anuncio de coca-cola mientras se refrescaban con la manguera.

Como soy una señorita, no comentaré nada acerca de lo que he pensado cuando repasando la situación en la que me encontraba, me he visto sola en casa con cuatro fornidos albañiles, pues creo que lo venderé  a alguna productora porno.

Los lunes, así, sí.

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