TFT : Heavy durante dos meses

Total,que yo iba a escribir un post de cachondeo del porque no me gusta el heavy, cuando de repente he recordado que durante dos meses de mi vida, como mucho tres, intenté ser de esta tribu urbana, sin éxito por su parte. Y es que la adolescencia es una edad muy difícil, sobretodo cuando vas a un colegio de monjas con uniforme que no te permite expresarte como humana.  Llega un momento de tu vida, hacia los catorce o quince años, en la que dejas de escuchar los cuarenta principales y te das cuenta de que hay más emisoras en el dial, y empiezas a definir tu gusto musical, tirando hacia m80 para los nostálgicos, a cadena dial para los que solo escuchan música en nuestro idioma, o radio Olé para los casos más radicales.

Pero también puede ocurrir, como fue en mi caso, que te enamores de un chico que pertenece ya a una definida tribu urbana, y allá vayas tú a convertirte en lo mismo para intentar captar su atención. Así que la ameba enamorada tenía épocas en la que su madre la comparaba con la Piquer, y no  porque cantara copla.

Y es que el Chico Aguarrás, empezó siendo heavy, aunque luego acabé transformándolo yo al mundo gotiquillo, que le quedaba mucho más interesante. Personalidades bien definidas, que se llama, vaya.

Pero primero , para llamar su atención, me tuve que pasar yo al bando heavy, y que mejor manera de convertir toda tu ropa en lo más chic del movimiento que sumergiéndola en lejia. Ahí que fueron todos mis pantalones y camisetas ( entonces aún vestía de color) al barreño con su buen chorro. Mi madre se ha caracterizado siempre por tener una paciencia infinita,creo que por eso lleva 34 años casada con mi padre al que orgullosamente me parezco en exceso, por lo que no me mató en aquel momento.

El atrezzo ya lo tenía, sólo me quedaba la parte musical del tema, conocer algún que otro grupo que no fuera ni Europe ni Bon Jovi, los primeros por desaparecidos y los segundos por moñas que iba a hacer que se notara mucho que era una pardilla. Y lo fácil que era entonces encontrarte con alguien con un vinilo debajo del brazo, adivinar sus gustos musicales y poder iniciar un encuentro… Así que durante una temporada me dediqué a “vigilar” los discos que traía y llevaba ( ¿os acordáis cuando quedábamos en casa de alguien a escuchar música?. El mp3 ha hecho mucho daño a las relaciones sociales) para hacerme una idea de lo que hablar con él. Tomé nota de un montón de grupos que no enumeraré por ser conocidos por todos de sobra… y dios, cada canción se me hacía más insoportable. Y me veía que no iba a ser capaz de aguantar más de una hora en el Canci ( sala Canciller, la discoteca heavy por excelencia de Madrid que a mediados de los 90 convirtieron en cines porque les salía más rentable que unos melenudos con litrona… que manera de acabar con la historia), y que iba a ser incapaz de llegar a la bragueta de mi amado.

Anda, que si llego a saber que aunque hubiera escuchado lírica contemporánea íbamos a acabar zumbando igual, me ahorro el esfuerzo y el bote del lejía.

Pero como de todas las experiencias intento sacar algo bueno, reconozco que me alegro de haber conocido esta canción :

Después me enamoré del Siniestro de la Coleta, y metí toda la ropa en el barreño, pero con tinte negro. Mi madre estaba hasta los huevos de mi y de que usara la bañera para hacer pócimas, pero al menos no me dedicaba a pedirle dinero para ropa nueva. Y ya me quedé en el lado siniestro, como todos sabeis.

Ya en cou, en el instituto, me hice amiga de un grupo de heavies que era lo que más se parecía a mi de la fauna que habitaba en mi clase, por lo que también empecé a salir con ellos los fines de semana. Yo les queria mucho, pero casi mejor de lunes a viernes y en horario escolar, porque pasarme los viernes metida en un garito con una música que me rechina los oídos, acababa con mis ganas de vivir. Recuerdo especialmente una noche, en la que uno de los del grupo lloraba de la risa con mis caras por esta canción :

Que si, que si, que será todo un clasicazo del gran Meat Loaf y todo lo que querais, pero es una tortura inacabable de casi ocho minutos, con un ritmo que empieza la canción acabando, y cuando crees que va a acabar…vuelve a darle el subidón y a repetir lo mismo, es como si le quedaran esos minutos de sobra en el cd y tuviera que rellenarlos por cojones que para eso los ha pagado. Insoportable.

En resumen, que lo intenté, pero no, no va conmigo.

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