Onanium Flims : El Imperio de los Sentidos

Aprovecho que hoy Público regala la película con el periódico, y os hablo de ella.

Me acuerdo de la primera vez que oí hablar de ella. Yo era bastante pequeña, mucho, demasiado, cuando los viernes por la noche, o quizás los sábados, en tve emitian películas eróticofestivas a horas prudentes a las que los niños deberíamos estar en la cama, pero que anunciaban en cualquier franja horaria. Y me gustó el título.

Y le dije a mi madre si podía verla. Y supongo que ella con su mejor cara de póker, me dijo que no, que no era una película para niños. Y yo le pregunté, como pesada resabida que porqué. Mi madre, en vez de soltarme un “porque no” tajante de los que me soltaba para cualquier otra cosa, o ponerme la excusa de que era muy tarde, o incluso que ni siquiera teníamos video, le dio creativa y me soltó que era una película de miedo donde a la gente le cortaban las orejas, la lengua, los dedos y les sacaban los ojos. Joder con mi madre.

Así que estuve muchos años sin ver la peli porque claro, me tenía acojonada. Ya bastante mayor, me la encontré en la Fnac, y casi con miedo la cogí para leerme la sipnosis que llevaba aterrándome desde mi más tierna infancia. Y claro, tuve que comprármela para ver en que parte ocurría lo que mi madre me había convertido en spoiler, cuando ni sabíamos la existencia de la palabra.

Me encantó la película, aunque solo hubiera un miembro cercenado. También la gore de mi madre no sopesó que me iba a impactar menos que me dijera que le cortaba la polla al chino que aquel festín de miembros que hizo que me recreara en mi débil y tierna imaginación.

La peli es una bonita historia de amor dominación-sumisión, con una de las mamadas más excitantes del cine que han visto mis ojos,por no decir la que más. Y de ahí, que me encante que me coman el coño mientras me fumo un porro.

Pero no quedó ahí. Se lo dije a mi madre. Le dije que llevaba años  traumatizada por la historia que me había contado. Ella, que aquella remota  noche si vió la película,  se descojonó, negó que esas palabras hubieran salido de su boca, y siguió riéndose, pues en el fondo reconocía que a veces, necesitaba contestarme cosas así para no descolocarla del todo con la siguiente pregunta.

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