Jardín Zen con cabezas empaladas

Adoro el silencio. Ese es uno de los motivos por los que no me importa vivir en el campo, porque adoro no oir ningún ruido durante el día más allá de mi música o el ladrido de algún perro ( incluidos los mios) y al puñetero chatarrero, claro.

Hace dos meses, mi vecino de enfrente decidió que se iba a forrar la valla de la típica piedra hecha trocitos, como a retales, lo que empezó a perturbar la paz de mi refugio pues su albañil era excesivamente puntual y a las ocho de la mañana me tenía puesta la radial y radio panchito grandes éxitos en la cabecera de mi cama, lo que imposibilitaba el sueño más allá de esa hora. Los primeros dias según le oía encender la radio, me despertaba pensando en como podría torturarle, seguirle hasta su casa y joderle el ascensor para que tuviera que subir andando después de un duro dia de trabajo, o robarle el abono transporte y que tuviera que pagarse el metro o sacarse otro, no se; a la semana de empezar la obra y pensar en como mi vecina podía soportarlo, me enteré de que andaba de crucero por el Mediterráneo mientras le cambiaban la valla. Así también hago yo obras en casa, no te jode. Ejem. Luego entenderéis el porqué del “ejem”. Con esta nueva información, las tornas cambiaban : podía bajar, asesinar al albañil, meterle la radio por el culo ( no necesariamente en ese orden) y forrarle la valla a mi vecina en vez de con piedra, con los restos de su propio machaca. Como al final esas reacciones se vuelven contraproducentes, le ataqué donde más le dolía, que era la música. Con toda mi mala leche, sacaba los altavoces desde el salón hasta la valla, apuntando a la suya pero dentro de mi casa, y le deleitaba con Rammstein a todo volúmen. Y además, le daba los buenos dias. Pero no me sentía vengada del todo, asi que un día pensé en ponerle algo más antagonista aún a la bachata que el rock alemán, y el resultado fue Mozart. Y os juro que le agobié tanto con la música clásica aquel día, que no ha vuelto a encender la radio por las mañanas. Sigue haciendo la puta valla, que gracias a dios no es a teselas porque lo tenemos aquí hasta navidades, pero al menos lo hace en silencio.

Ejem. Pues a mí se me ocurrió hace unas tres semanas o cuatro, no se, he perdido la noción del tiempo ya, meterme en obras también por vicio, desenfreno y una cocina nueva. Y, jo, yo que siempre he vivido de alquiler  y la única cocina que he visto cambiar ha sido la de casa de mis padres bajo la elección de mi madre, me hacía una ilusión terrible tener mi propia cocina diseñada y elegida del techo al suelo por mi, así que dije “si quiero” y no me acordé de lo que significa meterse en obras. Y más en las de una cocina.

Si hay dos profesionales de la mentira en su trabajo, y que todos aceptamos por inercia, son los políticos y los albañiles. De los primeros que decir que no sepáis ya, pero los segundos, sin carrera ni ná, pueden ser más perversos y retorcidos que los dirigentes del país.

Hace tres semanas el señor que está a hostia limpia con mis azulejos ahora mismo en el piso de abajo, me prometió que cuando volviera de Londres mi cocina estaría ya montada a falta de la encimera que no podrían pedirla hasta septiembre, cosa que acepté sin problemas, pues la molestia sería mínima. Además, vista la celeridad con la que se iba a producir todo y teniendo en cuenta que yo iba a estar una semana fuera (mientras ellos seguían trabajando en mi casa), me apresuré a comprar los nuevos electrodomésticos para volver a casita y encontrarme un Extreme Makeover pero sin mover el autobús.

Como podréis imaginar por el tono de este post, me he comidos dos pollas como dos butifarras. Mi chico ya les avisó que mientras que yo no dijera nada iba todo bien, pero que si algo iba mal la que hablaría sería yo. Vamos, que me achuchó como si fuera un perro. Eso mola, yo tengo fama de borde y antisocial entre los que no me conocen así que tengo tarifa plana para ser una antipática cruel si se tercia, pues es lo que esperan.

Y estoy hasta la polla. Tengo mis preciosos electrodomésticos nuevos en mitad del jardín, hoy con un poco de barro porque encima ayer llovió como si lo fueran a prohibir pero ya le he dicho al albañil que los va a limpiar con la lengua, estoy hasta las narices del ruido, del sonido chirriante de la radial cortando en azulejo, de masticar polvo y vivir como si hubiera abierto las ventanas en mitad del Sahara, de no poder comer caliente a no ser que enchufe el microondas en la misma toma que la hormigonera, de fregar los platos con la manguera, de poner la lavadora y que desagüe en una jardinera, de desenchufar la hormigonera para poner la secadora porque cualquiera tiende al aire libre con esta calima de yeso que tenemos montada; porque me prometió que iba a ser más rápido, porque yo soñaba con mi cocina este fin de semana, porque no aguanto ya ni un golpe ni un ruido más, porque al final voy a acabar matando a alguien, por todo eso, me pienso hacer un jardín zen y usaré las cabezas empaladas de los albañiles  como rastrillos, la del mio y el de las teselas de enfrente.

Eso si, me va a quedar una cocina preciosa.

3 thoughts on “Jardín Zen con cabezas empaladas

  1. Er… Yo creía que ibas a dejar algo así como “qué buenos que están estos tíos, me mola y me pone cantidá tener a dos o tres bajo mi mando, con sus manos rebozadas en cemento… les ordeno algo, y luego, para no distraerlos mucho, me retiro con mi “manolo” (o como llames a uno de tus “juguetes”) y me casco unas pajas mientras oigo las herramientas cumplir lo que les he dicho…”

    Ahora que lo pienso, si necesitas un electricista para la reforma, aquí el menda está disponible pa lo que “desees”, jio, jio, jio… Ya no tendrías que “retirarte” después de mandarme algo, pues sé de buena tinta de qué pie cojeas. Ahora bien, no sé si podría concentrarme en mi trabajo, probablemente me equivoque al “lubricar” los cables a meter, o “conectar” las fichas, o “meter” la guía pasacables por los “oscuros tubos”, o “enchufar” y “pulsar” y “activar” según qué botones… Seguramente recibiría un “calambrazo” si te arrimas demasiado a mí mientras estoy en lo alto de la escalera “enroscando una bombilla” y respiras hondo…

    Er… mejor paro, que me extiendo cosa mala…

    Un beso, Chatarrera. Me alegro de tu vuelta.

  2. JUAS, me recuerda a las obras en mi cocina-comedor en argentina, cuando era pequeña. Un mes comiendo nuggets de pollo cocinados en un minihornillo instalado en un habitacion. Irrepetible.

  3. Hombre, Arturo, esa fantasía estaría bien si los hubiera pillado por la calle y les hubiera obligado a hacerlo; pero pagándoles,obviamente van a hacer lo que yo les diga si quieren cobrar, no tiene mérito; cachonda perdida me pondría si al final me dicen “es gratis” eso si.
    En cuanto al electricista, me acuesto con él, así que ha puesto los enchufes donde yo quería 🙂

    2kq, yo ya he conseguido aburrirme de comer, o de no comer. Hace un rato me ha llamado mi hermana y me ha dicho que ha hecho para comer albóndigas, y he babeado. Y no me gustan ni las albóndigas, ni mi hermana.

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