TFT : Mi primer beso

 

Vamos, no me lo puedo creer. Después de hacer un repaso mental a todo lo que he ido contando por aquí, creo, no estoy muy segura, que no he hablado nunca de mi primer beso, así que aprovechando que es un tonto domingo por la tarde y que estoy a punto de abrirme en canal y acabar con el ardor de estómago que tengo, voy a ver si concentrándome en este post acabo con mi martirio. Que igual tomándome un almax o un vaso de leche helada acababa con mi sufrimiento, pues también, pero esa es una solución  tan fácil, que no entra en mis planes de momento.

Era verano, y como siempre, estaba en el pueblo de mi padre pasando la época estival. Era un pueblecito de apenas 300 habitantes en verano que para el invierno se reducían a 50, ubicado en la sierra de Madrid. Lo bueno que tenía el pueblo, es que pese a su reducido número de habitantes, en verano llegábamos a juntarnos cerca de treinta niños y adolescentes, así que se convertía aquello en unas vacaciones divertidísimas, ya que todos nos hablábamos con todos y jugábamos y gamberreábamos juntos.

Yo tenía 12 años , y el grupo oscilaba entre los 9 años ( mi hermana y sus amigas) y los 20 años ( los “mayores” para nosotras). Yo creo que más o menos estábamos equiparados en número, no recuerdo que nunca hubiera una batalla sexista de “nosotros/as somos más y mandamos” éramos bastante democráticos en ese sentido.

Y como no, sufríamos lo típico que ocurre desde que el mundo es mundo : los niños de nuestra edad se dedicaban a putearnos y jugar con nosotras, mientras a nosotras nos molaban los “mayores” y empezábamos a tontear con ellos.

Aquel verano, apareció un chaval nuevo en el pueblo. Tenía 14 años, era muy guapete, moreno con los ojos verdes, alto, simpático y bien educado. Venía de Madrid capital, como la mayoria de nosotros, a pasar las vacaciones en casa de sus abuelos, de los más ricos del pueblo de toda la vida. Al chico se le notaba muy pijo y al principio un poco “crecido”, y en un primer momento no nos cayó bien. Acabo de recordar, que la cabrona que le puso el mote de “Marie Claire” porque llevaba ejecutivos con zapatos ( en un pueblo dónde había mas mierda de vaca que asfalto), fui yo. Así que se quedó con el “maricler”, aunque no se si se enteró alguna vez de que le llamamos así.

Fue un día, jugando a policias y ladrones, cuando empezamos a hablar con él. Las partidas eran gloriosas, porque valía el pueblo entero para esconderse y la puerta de la iglesia, la típica del centro del pueblo, era donde se rescataba al personal. Con un “¿puedo jugar?” que era la frase mágica para hacer amigos en nuestra época, se integró al grupo aquella misma noche. Me pregunto si hoy en día los niños harán lo mismo. No se, me da que casi todos los lectores de este blog tenemos las rodillas peladas de jugar en parques y jardines con niños que conocíamos y que no, pero veo que ahora que ya no se estila tanto, es más difícil presentarte en casa de un desconocido con un mando de consola ( y que sea la misma que él tiene) haciéndole la misma pregunta. Qué queréis que os diga, a mi me parece que tiene que ser una experiencia que hay que vivir darte un hostión corriendo o en bicicleta que te desolle las rodillas y que la herida te haga tal costra que no puedas doblar la pierna en una semana, y que te intenten convencer de que el agua oxigenada no duele mientras ves como las burbujas de oxígeno intentan desinfectar lo que ni mil capitanes actimeles podrían hacer hoy en día.

Hay un lector de este blog que me llama “abuela cebolleta” cariñosamente, hoy te estoy dando más motivos eh ? jaja. Prosigamos.

Bien, pues con “maricler” incluido en el grupo, siguió el verano. Como era dos años mayor que nosotras, entraba en el campo de chico que nos podía interesar, y al parecer, nosotras también entrábamos en el suyo. Éramos ya unas cinco chicas detrás de él, y sin decírnoslo entre nosotras que hijaputas las tías somos desde que nacemos, aunque él seguramente lo notaba sin necesidad de que se lo dijéramos. Como aún éramos inexpertas en el arte de la seducción, entre nosotras realmente no existía esa rivalidad que te entra a los quince y con la que no acabas ya hasta el dia que te mueres, si no que casi podríamos decir que éramos su harén. Supongo que al final él eligió como en el chiste. “la que tuviera las tetas más grandes”, que en ese caso era yo misma que ya usaba sujetador ( y en aquella época sufrí la gracia del tirón del sujetador tantas veces que para mí que tengo una vértebra hundida).

Total, que mi querido “maricler” una noche sentados en el poyete de la iglesia esperando a que llegaran el resto de los colegas, me preguntó si quería salir con él. Como en el momento no sabía que contestar, me dijo que me lo pensara durante la noche y que a la mañana siguiente le diera la respuesta. Ni que decir tiene que no dormí en toda la noche dándole vueltas a la cabeza, y en cuanto llegó la  hora de salir a la calle ( como poco que hubiera amanecido), le contesté que si.

Como no queríamos que nuestros padres se enteraran y los demás tampoco, pretendimos llevar nuestra relación más o menos en secreto. Jugábamos con todos, pero en cuanto la ocasión nos lo permitía, cogíamos las bicis y nos íbamos los dos solos a la zona del cementerio del pueblo que era la menos concurrida ( normal por otro lado). Allí, sobre una piedra enorme llena de musgo y con el sonido del cencerro de las vacas de fondo, nos dimos nuestro primer beso. De novela pastoril total, lo se. Beso, o más bien pico que recuerdo con cariño, aún puedo sentir esa primera impresión de tener otros labios calientes y acolchaditos pegados a los mios. Intuyo que también le dejaría que me tocara las tetas, que yo para eso he sido bastante fresca siempre, pero quedaos con el momento más romántico.

Después de aquel beso, no se si es que lo leyó en la Superpop o en el Vale, empezó a hablarme de “pasar a la siguiente base”. Vale que esta expresión es muy de película americana, pero hace 22 años ni sabía de que carajo me estaba hablando con las bases, ni se llevaba esa manera de llamarlo, al menos que yo sepa, porque jamás me he vuelto a encontrar otro idiota que creara una relación a tramos.

Su idea de pasar a la siguiente base, era el beso con lengua. Como me parecía algo fácil de realizar, no le puse ninguna pega al respecto. Ayyyy debería de habérsela puesto. Los niños de ahora no se porque me voy a talego de cabeza si me da por comprobarlo, pero los de antes a los catorce, no sabían besar, o al menos este. Casi me muero del asco al notar aquella lengua blandita intentando meterse en mi boca y tocando mi lengua, puags, que repugnancia. Aguanté el tipo como pude y pensé que aquello sería la primera vez y que después le cogería el gusto. Después de dos semanas enrollándome con una lengua flácida no dejé que el bateador volviera a lanzar y con la excusa del final del verano, no volvimos a rozar nuestras lenguas nunca más.

Dos años más tarde recibí mi primer beso con lengua rosca chapa de verdad, una lengua dura, erecta, potente ( vaya, esa tenía que haberla probado entre las piernas), que me demostró que el “maricler” pese a sus esfuerzos y reglas, era un terrible , terrible besador. Espero que haya mejorado con la edad.

Uhmm que bien, ya no me duele el estómago. Como desconozco que aire me va a dar esta semana, si no voy a parar quieta o voy a estar en estado vegetativo y podré escribir algo más, aprovecho ya para desearos unas felices fiestas y bla, bla, bla…

3 thoughts on “TFT : Mi primer beso

  1. Jajajaja!! ¡¡Terrible enfant!! Jamás se me había pasado por la cabeza eso de la “lengua fláccida” (¿en todo caso la verga, no?) ¡¡Ay, mon dieu!! Recuerdo ahora lo que hace no mucho me comentaba una amiga algo crápula y catadora de muy diversos amantes (de los buenos y de los malos): se había topado con uno que según ella era “muy mal besador”. ¿Por qué? -interrogué yo, siempre curioso y pensando en una deficiente técnica de movimiento del apéndice lingual. Pues- me contestó -porque la tiene taaaaan corta (la lengua) que… !!apenas puede meterla en la boca¡¡ O sea… que no sólo hay que preocuparse del tamaño del miembro (la misma conocida también había tenido oportunidad de toparse con una “micropolla” cuyos inconvenientes no es preciso referir), sino también de la lengua… ¡¡nunca te acostarás, sin saber una cosa más!! Besos y felices fiestas Chatarrera (a ser posible sin almax).

  2. Que sepáis que entre mi post y vuestros comentarios, tenemos preocupado mirándose la lengua en el espejo a uno de mis lectores más jóvenes, que me lo ha confesado… jaja.

    No te preocupes, cielín, que seguro que tu lengua tiene el tamaño y la dureza suficiente para hacer disfrutar a una chica con un beso 🙂

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