Relato : ¿Qué hago con el cadáver?

Aviso a navegantes : Relato sadiquillo, luego no se me asusten.

 

Querido amigo :
Te escribo desde mi silla, con los pies descansando sobre mi última víctima. Si, no me regañes, pero lo he vuelto a hacer. Era casi inevitable, tantos dias hablando del tema y con la luna llena encima…
La verdad es que esta vez lo necesitaba. Ya se que me paso mucho y que debería hacer un bien a la sociedad como Dexter, pero no tengo tanto tiempo como él para investigar, ni sus posibilidades. Que si, que ya se que no es excusa para ir raptando gente y torturándola, pero no vamos a ponernos a discutir por eso ahora.
En cualquier caso este tio se lo ha ganado por baboso. Vale que yo salia con la intención de cazar y me vestí de zorrón con el mayor de mis escotes para desconcertar a mi victima; no falla, en cuanto un buen par de tetas asoma el cerebro se vuelve líquido y puedo hacer con él lo que quiera.
Esta vez no me puse muy selectiva; hay veces que dentro del instinto, prefiero torturar jovencitos, o señores mayores, o tios grandes con los que hacerme una alfombra después o enanos a los que colgar del tendedero para que se les seque la sangre. Esta vez solo quería a alguien con los ojos azules para mi colección.
Como siempre, después de unas cuantas copas y tonteos, lo traje a mi apartamento. Entre copa y copa me dijo que le alucinaban mis botas, y yo le comenté que tenía muchos pares diferentes en casa y que le invitaba a verlos si quería, así que como un burro con la zanahoria delante y erección en mente, no pudo más que aceptar mi proposición. En el fondo me dio un poco de pena por ese halo de candidez que irradiaba desde sus azules ojos, creía que me había ligado él a mi, y porque no, le dejaría cumplir su última voluntad.
Nos tomamos otra copa más en casa antes de dejarle que se abalanzara sobre mi. No besaba mal, y la erección que ya notaba entre sus piernas prometía una buena noche de diversión… si no fueran otras mis intenciones. Me senté sobre el a horcajadas y le dejé que me desnudara; me pidió que me quedara con las botas y las medias puestas, así que cumplí su último deseo, que por supuesto, también era el mío. Mientras él me desnudaba, yo calibraba la fuerza que podría tener él en el momento en que el juego empezara a no gustarle.
Es muy fácil esposar a un hombre cuando está cachondo; enseguida piensa que eres una perrilla viciosa que le va a matar a polvos, cuando empiezan a sentir dolor es cuando ven que lo que realmente busco es dejarlos completamente indefensos. Y este picó también, como no, aunque reconozco que me serví de mis armas de mujer lamiendo su polla y mirándole con ojitos de niña buena mientras le decía que me ponía muy muy cachonda mamársela  a un tío atado de pies y manos.
Casi llegó más rápido que yo a la cama, y ni siquiera le llamó la atención que dos gruesa cadenas atadas al cabecero y los pies de la cama ya estuvieran preparadas. Yo ya empezaba a excitarme, esta vez de verdad. Le tumbé en la cama de un empujón, me senté sobre é y mientras jugueteaba con mis tetas y su boca, le até fuertemente de los brazos, y sentándome sobre su cara, de las piernas, momentos que aprovechó para lamer mi coño con voracidad, aún ajeno a lo que le iba a pasar. Me levanté, y de pie sobre el colchón y con su cuerpo entre mis piernas, le hice una foto para el recuerdo. Me encanta fotografiar mis obras de arte.
Sin cambiar de postura, le planté la suela de la bota en la cara. Le oí quejarse, y apreté un poco más. Me gustó la sensación de su cabeza hundiéndose en el colchón bajo la suela, e incluso sentí el crack que hacian los huesos de su nariz. Hizo un ligero movimiento intentando soltarse. Me reí, y le comenté que a veces es importante guardar un poco de sangre para el cerebro y no concentrarlo solo en la polla, pues te ves metido en este tipo de situaciones. Pisé con más fuerza su cara, estuve tentada a subirme completamente en ella, pero era demasiado pronto aún para acabar con él, me apetecía jugar un poco más e incluso follármelo, no estaba mal el chaval, y la necrofilia aún no es mi estilo, pero todo es probar.
Ya estaba bastante asustado, sus ojos azules habian pasado de la candidez al terror pasando por la salidez minutos antes de ser atado; Empezó a pedirme que le soltara o llamaría a la policia, asi que rápidamente para ahorrarme discusiones estúpidas, le puse una de mis correas de bola en la boca, bastante grande que apenas le cabia en la boca, y le vendé los ojos. Ya está, tú ya no juegas más. Me aburren las amenazas, y más de un tio que se de sobra que no va a salir vivo de aquí. Ahorrate las palabras porque lo único que haces es calentarme la cabeza y conseguirás que te mate sin disfrutarlo, ni tú ni yo. Como ya me ha pasado otras veces que al final en vez de morir asfixiado por mi coño como me gusta hacerlo, acaban con mi paciencia y les retuerzo el cuello como a un pollo, esta vez me ahorro hacer crujir las vértebras insonorizándole.
La pena es que ya se le ha bajado la erección al pobre. Se ha asustado demasiado. Me siento sobre su pelvis y le doy una bofetada. Uff como me gusta eso. Le pido amablemente que tenga una erección para mi ya mismo, que yo también quiero follar, pero el pobre está acojonado, asi que le doy otra bofetada más. Cuanto más le pego, más  desconcertado está, y yo más húmeda, tiene que estar notándolo sobre su polla a través de las medias. Otra bofetada, mientras le espeto que si ahora no se la pongo tan dura como antes. Le abofeteo, disfrutando de cada movimiento de liberación que intenta hacer entre mis piernas, hasta que sus mejillas son del mismo color que la bola que adorna su boca. Le tiene que arder la cara, pobrecillo. Para refrescarlo me siento sobre su cara y me froto con ella, entre la bola y su nariz consiguen darme placer, y sus gritos ahogados me llevan a mi primer orgasmo. Muy bien ojitos, gritas de miedo de dolor, aunque no sabia que te estuviera haciendo tanto. Ups, perdón, del frote le he partido la nariz y algunos dientes. Igual tampoco ha tenido una erección por esto. Le oigo llorar. No llores tonto, que te vas a ahogar. No llores, que eso me pone más cachonda aún, y eso que me acabo de correr, y va a ser peor para tí, porque me gusta como lo haces y quiero oirte más.
Con un gran esfuerzo por mi parte, quito el colchón de debajo de ti, dejando solo una tabla somier, pero con “ojitos” encima me cuesta un poco, asi que le disloqué el hombro sin querer y volvió a gritar. Lo solucioné dándole una fuerte patada con la bota en el mismo sitio, que no se si lo arregló, pero desde luego dejó de gritar. Vale, se quedó inconsciente del dolor. Tampoco soy médico, que esperabas. En lo que esperaba a que recobrara el sentido, me senté al borde de la cama a fumarme un porro. como tardaba demasiado en volver en si, empecé a quemarle con el petardo en las piernas, pero no reaccionaba. Me puse de pie sobre la cama y le patee en las costillas, con fuerza, hasta que el dolor volvió a despertarle. Mientras recobraba el aliento entre la sangre seca, la bola y las costillas hundidas en sus pulmones, me acabé el porro, lo tiré sobre su pecho y lo apagué con la bota, como se hace con cualquier colilla. Gritó otra vez, que tio más pesado. Como estaba claro que aquella noche no iba a conseguir una erección por parte del dueño, decidí provocársela yo misma. Un bálsamo a base de pimienta y mentol resucita a un muerto, y en tan solo dos minutos conseguí una tremenda y dolorosa erección por su parte. Pero ya se me habían quitado las ganas de follarle, aunque para que no la perdiera por si más tarde me volvía a apetecer, le até bien los huevos y la base con cinta aislante, que la convirtió en un bonito cetro morado a juego con mi pelo. Pero empezaba a hacerse tarde, y al dia siguiente tenía que madrugar. Como ya notaba que apenas podia respirar, le mee sobre la cara para limpiarle los restos de sangre y volver a sentarme sobre ella, follando no era gran cosa pero gritando no había quien lo superara. Me quité las medias y le limpié la cara con ellas; me senté sobre su cara y lentamente fui hundiéndola entre mis piernas; jadeaba, pero no lo suficiente para mi gusto, asi que empecé a romperle uno a uno los dedos de la mano para probar; y funcionó, gritaba como un desesperado entre mis piernas, mientras se ahogaba y su cuerpo se retorcia entre mis piernas; antes de acabar la primera mano tuve un orgasmo y reconozco que no me importó lo más mínimo que ya estuviera nuevamente inconsciente cuando tuve el segundo retorciéndole la mano hasta el punto de liberársela de la cadena que lo sujetaba. Cuando recuperé el aliento para ver como estaba, ya era demasiado tarde, su cara era un amasijo de carne y sangre con una bonita bola de adorno, y aunque lo patee unas cuantas veces, después me acerqué a su pecho y sentí la ausencia de latido.
Asi que, querido, ¿que hago con el cadáver ?

6 thoughts on “Relato : ¿Qué hago con el cadáver?

  1. Pero que animalito eres (y te lo digo con todo el cariño jeje)Y si, es un engorro que los cadaveres no desaparezcan como en los videojuegos.

    Besos Chatarrera y cuidate…mucho

  2. Muy bueno el relato…por cierto ya que andamos fetichistas…como eran las botas de la protagonista? lo digo porque fue lo primero en que se fijó la víctima.

  3. Yo avisé al principio … morbosos, más que morbosos … XD

    Patápsico, unas New Rock, por supuesto 😉

    Besos a los tres ¡¡

  4. Hola, me gusto su relato, desearia tener mas de 7 vidas para realizar esas fantasias.

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