El día que me fui infiel

Nunca me he olvidado de este momento, ya que como ahora sabréis, es uno de los pilares por los que rige mi forma de ser y de actuar, pero últimamente gracias a la reforma del sistema de educación y a la inclusión de la asignatura de religión en la media de las notas, más la ley del aborto no paro de acordarme. Siento comunicar que en este post no voy a hablar de sexo, por si quieres dejar de leer ya.

 

Estudiaba tercero de B.U.P., como algunos ya sabréis, en un colegio de monjas, (era nuestro último año allí, el colegio no tenía C.O.U) , y desde preescolar la religión estaba entre mis asignaturas (sin derecho a opcional, religión si o si).

Un día nos viene la monja que nos impartía esta asignatura, y nos empieza a contar una historia: La hija de un hombre importante español (lo mantendré en el anonimato, aunque es fácil de adivinar),casada y con un hijo, tenía cáncer y estaba embarazada. El diagnóstico que le dieron los médicos fue que si seguía adelante con el embarazo, tenía muy altas probabilidades de morir, en cambio, si interrumpía este, sus opciones de vivir eran mayores.

Y acto seguido, la monja de los c… nos preguntó qué haríamos nosotras en ese caso, si abortar o seguir con el embarazo. No sólo se quedó más ancha que larga haciendo semejante pregunta a unas adolescentes de dieciséis años, si no que quería nuestra respuesta por escrito, razonándola y para rematar nos advirtió que la nota de ese trabajo contaba para la media de la asignatura. Asignatura que, en aquella época si mal no recuerdo, también hacía nota media con el resto de asignaturas para la media de bachiller.

Mi primera respuesta a la pregunta de la monja de los cojones (ahora si lo escribo entero), fue, obviamente “yo abortaría”. Pero no por el hecho de sobrevivir, si no por el de no dejar al marido solo con un dos críos uno de ellos recién nacido y la pena de haberse quedado viudo. Eso es lo que yo pensaba. Pero sabía que esa no era la respuesta correcta. Y también sabía que responder eso significaba el suspenso inmediato, porque no se pueden decir esas cosas ni tener opinión en un sitio donde te llevan lavando el cerebro desde preescolar, y donde las dulces monjitas te llegan a “informar” de que si hablas con un enfermo de sida te puede contagiar (os juro que esto fue real) y mil mentiras más de las que te vas dando cuenta según vas madurando.

Así que ahí estaba yo, dudando entre si decir lo que pensaba realmente del tema, o escribir lo que quería oir la monja y llevarme el sobresaliente. Y dudé, dudé muchísimo, y me enrabieté conmigo misma, y me costó muchísimo escribirlo, pero al final lo hice…escribiendo lo que la hija de puta manipuladora de la monja quería leer. Y me sentí mal, muy mal, me sentí vendida, a día de hoy sigo recordando ese momento con rabia, porque me fui infiel a mi misma y me vendí por un sobresaliente ( que fue general, claro, nadie se atrevió a llevarle la contraria, estuvieras de acuerdo o no…).

Y en aquel momento decidí que nunca jamás me volvería a ser infiel a mi misma, acarrease las consecuencias que acarrease.

Por cierto, que la tipa preñada tuvo al niño y sobrevivió… murió hace unos pocos años por esta misma enfermedad.

2 thoughts on “El día que me fui infiel

  1. Para limpiar tu conciencia, si la monja de los cojones sigue viva, deberías ir a decirle lo que piensas. Al menos así les quedará claro que no se puede lavar el cerebro de nadie tan fácilmente 😉

  2. Pues tienes toda la razón. Además si no lo ha hecho ya, tiene que estar a punto de cascarla y seguro que oirme le va a sentar genial :P. Gracias por la recomendación.

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