Relato : Churros y Anís (II) : El vecino

Se había casado con su novia de toda la vida,del pueblo,  como se hacía antiguamente. Desde los catorce a los veintiún años, siete años de noviazgo en tiempos de Franco, tiempo en el que no pasaron de besitos e ir cogidos de la mano, ni siquiera un roce a sus diminutas tetas que, aunque los años pasaban, no llegaron a desarrollarse lo que a él le hubiese gustado. Aunque no la tocara, como buen jovencito, se la machacaba constantemente, pese a las advertencias de la pérdida de visión que le explicaron los curas, soñando con el día en que por fin se casaran y pudiera dar rienda suelta a sus instintos sexuales.

Y llegó ese día, y la noche de bodas. Y achacaron a los nervios del día, del momento y el cansancio, que no fuese posible desflorar a su amada, y aquella noche se la cascó en el cuarto de baño soñando por enésima vez con el momento de meterla en caliente. Lo volvieron a intentar varias veces durante el viaje de novios, con el mismo resultado fallido, salvo un par de veces que se corrió frotándose entre sus muslos cerrados. Y oyó llorar a su esposa desde el baño mientras se limpiaba los restos de su corrida.

 

Habían pasado tres semanas desde sus nupcias, y aún no había conseguido echar un polvo. Y aquello le mantenía, además de muy caliente, bastante irritado, pero a la vez buscaba respuestas en su mente de porqué no eran capaces de follar, bueno, en aquella época, hacer el amor, como el resto de las parejas casadas. Y aquella misma noche, en su enésimo intento de follarse a su mujer, recibió la respuesta, de boca de ella.

 

Cuando tenía doce años, un amigo de la infancia, jugando a las batallas, le propinó un fuerte golpe con un palo a la altura de los ovarios, tan fuerte, que hubo que extirpárselos en una intervención de urgencia.  Como aquello le pilló en plena prepubertad, su cuerpo no llegó a desarrollarse completamente, de ahí sus pechos diminutos, y además, nunca había sentido apetito sexual. Cuando sus amigas empezaban a contarle como se excitaban cuando sus novios les acariciaban las tetas, o metían la mano entre sus piernas, el calor interno que sentían, como sus braguitas se iban mojando, ella simplemente asentía y se reía, pero era una sensación que jamás había experimentado, pese a los furtivos de él, su marido, cuando eran novios; aquellas historias le obsesionaron tanto, que acabó confesándole al cura de la parroquia todos sus temores sobre su incapacidad de excitarse, y sobre todo, el no saber como poder corresponderle a su futuro marido cuando llegara la ocasión. Y ese momento había llegado.

 

Cogió un cojín, se arrodilló sobre él, desabrochó el pantalón de su marido y le sacó la polla, algo más grande que la del cura, se la metió en la boca y empezó a chupar. El marido estaba entre extasiado y alucinado. Por una parte estaba recibiendo la primera mamada de su vida, la primera vez que metía su polla en una mujer, aunque no fuese en su coño, sentía las caricias de su lengua y sus labios rodeándole la polla, como cada vez estaba más dentro de su boca, como sus dedos acompañaban con un dulce movimiento los juegos de su garganta, y como se apresuraron en su labor en el momento exacto, cuando sintió que ya no había marcha atrás, e intentó retirarse de su esposa, pero esta le sujetó por las caderas y con sus ojos le dijo lo que necesitaba oír, que podía correrse ya, que ella se encargaba de todo, podía dejarse ir. Y no pudo evitar correrse dentro de la boca de su mujer sin dejar de mirarla a los ojos, y ver como su cara se iluminó de placer cuando sintió el primer chorro en su garganta, y notar como su cuerpo arrodillado se estremecía de placer a la vez que el suyo en cada descarga…

 

Y desde aquel momento se enamoró perdidamente de esa mujer. Aunque hubiese aprendido a comer pollas por culpa de un hijo de puta cura listillo, y jamás pudiera follársela, su esposa llevaba la friolera de 30 años practicándole al menos, dos mamadas a diario. Los primeros años de casados, como es normal, fueron más, cerca de cinco diarías: después de desayunar antes de ir a trabajar, mientras tomaba el café después de comer, a la vuelta del trabajo, después de cenar y si aún le quedaban ganas, antes de quedarse dormidos. Y es que le encantaba sentir la garganta de su mujer engullendo su polla como si se la bebiera, como su garganta se cerraba en torno a su glande y la sensación que tenía de correrse directamente en su estómago. No cambiaría esa sensación por la de meterla en un coño, no hasta el momento… Había evitado la tentación varias veces a lo largo de su vida, incluso cuando sus compañeros de juergas decidían acabar estas en un puticlub, o en las despedidas de soltero de sus amigos, e incluso un par de insinuaciones en el trabajo… No había querido faltarle al respeto nunca a su mujer, hasta aquella mañana en el ascensor.

 

Y es que desde que tenía internet, su visión del mundo había cambiado. Del mundo en general, y del sexo en particular. Unas pocas clases en el centro de jubilados, y un poco de investigación le abrieron las puertas al maravilloso mundo del porno. Después de cenar ya no se sentaba a ver la película o serie de turno junto a su mujer esperando a que les diera el sueño, mamada y a dormir, ahora se encerraba en su pequeño despacho durante horas a visionar toda clase de porno. Aprendió rápidamente a diferenciar entre amateur y profesional, empezó a definir sus gustos, alucinaba con algunas perversiones y filias, otras le resultaban hasta interesantes y morbosas, aunque sus preferidas hasta el momento eran las lesbianas y , obviamente, las jovencitas que follaban con viejos. Aquellos videos se la ponían durísima, tanto que había veces que no podía esperar a estar  en la cama para recibir su mamada nocturna y le pedía que se metiese bajo la mesa del ordenador y se la hiciese mientras seguía viendo a aquellas jovencitas con coletas meterse esos rabos gordos llenos de experiencia por el culo. Y su mujer, sumisa, aceptaba porque estaba acostumbrada a complacerle, lo hacía por inercia, después de tres décadas agradeciéndole que no la repudiara por su problema, y sintiéndose culpable en secreto por algunas cosas que había tenido que hacer en algunos momentos puntuales, para ella cualquier deseo de su marido era automáticamente llevado a cabo, y ella se arrodillaba bajo la mesa, sin fijarse siquiera en  lo que había en la pantalla del ordenador, le bajaba el pantalón del pijama a su marido, se metía su polla en la boca y esperaba a que colocara las manos para saber cual iba a ser su función esa noche: si le colocaba las manos sobre la cabeza, ella haría todo el trabajo moviendo arriba y abajo su cabeza y su lengua para hacer que se corriera; si por el contrario, colocaba las manos a los lados de su cabeza, sabía que le tocaba ser un mero instrumento de vaciado y que él se follaría su boca.

 

 

Continuará…

 

Próximo capítulo: Churros y Anís (III) : la mujer del vecino.

6 thoughts on “Relato : Churros y Anís (II) : El vecino

  1. Dramatico relato, me remonta a las peliculas españolas que no son de Almodovar, como era el cine español antes de hacerse kitch. Pero bueno gallega mia, el cine argentino es peor porque hay una onda de “historia minima” que me rompe las pelotas profundamente. Historia minima es un guion que trata sobre la vida cotidiana de un idiota como nosotros. Vos decime galucha pajera de mi alma : para que pagarias vos una entrada a un cine para ver a un salame que vive igual (o peor) que vos?. Tu relato me remite a olores. A pisos de pinotea encerados , a humedad de antes, a lavandina fuerte, a guantes de goma, a una sordidez que lo que menos hace es darme material para una buena pajota, que para eso entro. Y bueno pero galleguita de la cara sucia, cada dia te quiero mas y no te dedico una puñeta porque no hay imagenes tuyas disponibles. Ademas soy un caballero. Bueno , nada. Un beso

  2. Vaya, siento haberte jodido la paja con el relato y te haya hecho pensar más en Berlanga que en otra cosa …jajaja…con los siguientes te resarciré, prometido. Pero necesitaba contar esto para darle un poco de forma a la historia para darle sentido a lo que quiero escribir.
    He de reconocer que cine argentino he visto poco, bueno, de hecho creo que sólo he visto películas de Ricardo Darín. Los veinte primeros minutos me los suelo dedicar a intentar coger el acento y entender lo que dicen, porque no veas a que velocidad habláis en las películas. Yo creía que Woody Allen hablaba rápido, pero no, lo superáis con creces, y entiendo mejor su inglés que vuestro español 🙂 aún así, las que he visto, me han gustado.
    Un beso, pajillero de ultramar.

  3. Ya estamos de vuelta, tuvisteis que patalear con los del cable o lo hicieron por voluntad propia ;-p Ayer conocí a una chica (casada y con el marido presente, eh) en una concentración de clásicos que me contaba lo mismo. Viven en el campo y le han dejado dos meses desconectada por cambio de proveedor, dos días duro con ellos lo que le costo hacerlo una vez le pusieron conexión y ademas trabaja desde casa con lo que le han jodido dos buenos clientes.

    En fin, el relato un poquico agridulce, pero claro sera amor porque 30 años sin meterla en caliente, no se no se, mucho aguantar es eso. Y ella, no contarle nada antes de casarse, joder, que hija de su madre. A mi no me recuerda a Berlanga, en todo caso a las películas italianas de los cincuenta. ( y a un rollete que tuve de joven también)

    Un saludo, maja

  4. Al final he tenido que recurrir a “recursos propios” para conseguir la adsl.. como yo tb he trabajado “dentro de” sabía que la estaban cagando en un paso intermedio.. por suerte aún me quedan conocidos dentro, así que la típica llamada de “hola, cuanto tiempo…me puedes mirar esto?” + que el técnico de mi zona es el tío más competente del universo y no sólo trabaja sino que sabe solucionar las cosas, pues hemos conseguido que esto funcione 🙂

    Bueno, vale, está claro que el relato lo escribí en mis días oscuros sin darme cuenta realmente y os he cortado el rollo (reconozco que no los suelo releer, soy así de petarda, lo “vomito” y como quede…si me pongo a autocorregirme igual no hubiese publicado ninguno aún) … prometo que los próximos darán para paja… jajaja.

  5. Querida Chatarrera, a mí me ha gustado el relato. Es cierto que la atmósfera es oscura, pero combina sutilmente momentos tristes con momentos morbosos,incluso hay, en determinados pasajes, se produce una mezcla de ambas atmósferas. Hay momentos que sí dan para paja, ;-). Ya sabes, las parafilias dan mucho de sí.

    Un beso querida Chatarrera.

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