Relato : Sluttube

Soy puta. Y universitaria, como todas. 

Universitaria soy por deseo, puta por fuerza, que las tasas van muy caras, aunque realmente no me siento como una puta, si no que estoy cobrando por un servicio que antes daba gratis. Como el contestador automático de telefónica, vamos. 

Cada día tengo que recorrer 18 estaciones de metro (con dos transbordos incluidos, una hora y media de trayecto), y sufrir los agobios, apretujones, carreras, empujones y demás a diario. Y a los sobones. Con las tres horas largas que me paso en el metro, todos los días me llevo un buen restregón en alguno de los trayectos, cuando no más de uno. 

Y no lo voy a negar, hay veces que me apetecen. Otras no, pero los aguanto igual, no soy una persona de ir montando pollos por ahí. 

Y fue uno de estos días que no me apetecía, mientras un tío al que no había visto siquiera la cara me estaba haciendo la paja más impresionante y morbosa que me hayan hecho nunca, no se cortaba en meter los dedos entre mis piernas y follarme con ellos, sé que el resto de los pasajeros cercanos a nosotros estaba oyendo el ruido de sus dedos chapoteando en mi coño, que pese a que no me apetecía no paraba de lubricar, y me corrí como una perra delante de todo el mundo cuando con cuatro dedos metidos ya me susurró al oído que en la siguiente estación se bajaba. 

Y salí tan cachonda del metro que lo único en lo que pensaba era en volver a esos túneles y dejarme follar.

Así que subí a casa, y como sin querer hacerme caso a mi misma pero sabiendo lo que hacía, me conecté a Internet, y en el primer sitio de anuncios clasificados que encontré, puse mi anuncio

“Jovencita universitaria se ofrece para follar contigo en el metro. 50 euros. No cobro desplazamiento”

Tan sólo habían pasado dos minutos cuando llegó el primer mensaje de whatsapp. “Estoy en xxx, te pilla cerca?”  Sólo dos estaciones de distancia. Perfecto. “En 10 minutos estoy allí”.

Ni me duché ni me cambié de ropa, casi era mejor ir desprendiendo olor a sexo (además de no darme tiempo). Volví al metro, bajé al andén, y mientras esperaba la llegada del convoy, no dejaba de sentir una mezcla de miedo y excitación, a punto estuve de apagar el teléfono y volverme a casa, pero en verdad me apetecía hacerlo. Mucho. Y para demostrármelo del todo, allí mismo, en pleno andén, me quité las bragas y las tiré a una de las papeleras. Estaba tan excitada que o llegaba pronto el tren o moriría allí mismo del morbo.

Dos paradas después me bajé, no sin antes aprovechar que el vagón iba medio vacío y quitarme el sujetador, aunque este lo guardé en el bolso, que me gusta. En el andén había 5 personas, 3 hombres y dos mujeres. Me dirigí hacia la pared para sacar el móvil y volver a ponerme en contacto con mi primer cliente, pero no hizo falta, ya que, o se me notaba en la cara o los pezones duros que se marcaban a través de mi camisa eran un reclamo evidente, pero rápidamente uno de aquellos tíos se acercó a mi y mientras con una mano me tendía un billete de cincuenta pavos, con la otra me agarró el culo. No sé que me excitó más, si el que me pagara o que me agarrase con esa desfachatez, acostumbrada a los manoseos fortuitos. Le respondí pasando mi mano por su paquete, y sonrió. Esperamos pacientemente, él con la mano en mi culo, claro. 

Entramos en el vagón. Por suerte casi vacío y de los antiguos, por lo que sin decirnos una palabra, ambos nos dirigimos hacia una de las esquinas. 

Estaba tan excitada que no podía pensar en si íbamos a tener público o no, si aquello me metería en un lío o estaba prohibido hacerlo, pero arrinconé a mi cliente y le bajé la cremallera del pantalón, me arrodillé sin pensarlo y empecé a chupársela. El traqueteo y vaivén del metro hizo casi todo el trabajo, ya que asido a mi cabeza con ambas manos  se dejó llevar por el movimiento. Gimió cuando el tren inició el frenado al entrar en la siguiente estación, ya que su polla acabó en el fondo de mi garganta y su glande rozó mi campanilla, con la consiguiente contracción muscular que nos lleva al dicho que todos conocemos. 

Sentí cómo se abrían las puertas, el movimiento de gente y el reinicio de la marcha mientras aquel tío no paraba de follarme la boca, sin preocuparse tampoco de lo que pasaba a nuestro alrededor. Y aquel cúmulo de morbo me llevó a meterme los dedos en el coño mientras ese tipo se follaba mi boca a su antojo. Y me corrí. Y se corrió. Y me pilló tan desprevenida, que me lo tragué. Así. Y como regalo, le enseñé la lengua en plan actriz porno y me lamí los dedos. 

Se guardó la polla con el tiempo justo para bajarse en esa estación. Yo me incorporé, comprobé que seguía teniendo los cincuenta pavos, y me alegré de estar a tan sólo 4 estaciones de mi casa, por lo que salí del metro y volví dando un paseo sintiendo el frescor de la tarde entre mis húmedas piernas. 

Así que como la experiencia me gustó, seguí anunciándome. Llevo ya casi un año y he mejorado mucho mi logística: llevo una agenda con los clientes y sus estaciones. Mi jornada empieza a las 8, cuando los ejecutivos más cargados de adrenalina van a sus trabajos; aunque las pagan bien, esas folladas apenas me da tiempo a disfrutarlas porque son entre apretujones y prisas; después se va tranquilizando el movimiento de pasajeros, y alguna mañana pierdo clase en la facultad para chupársela a algún runner de pacotilla que acaba prefiriendo el método rápido de segregar dopamina; al mediodía lo he dejado por imposible, demasiadas carreras y poco tiempo para lubricar, que una es puta pero apasionada, y ya descanso hasta las 9 de la noche, por aquello de que hay  niños y sus madres me miran mal porque voy sin sujetador y mis pechos se mueven libremente; que sé que les gustaría decir “Próxima estación: la zorra se baja” sobretodo cuando con semejante “adwords” algún pardillo/futuro cliente se me acerca con intenciones de llevarse gratis por lo que cobro.

Sin duda ese horario, de 21h a 1h (que me dé tiempo a volver a casa antes de que cierren, sería muy paradójico volverme en taxi) es mi preferido y más prolífico. Sobre todo en fin de semana, cuando esos amigos que vuelven a casa sin haberse comido un rosco, se ponen antes en contacto conmigo; jóvenes y borrachos, tan apasionados  como torpes, tan tiernos como entrañables; me los imagino después en su casa pelándosela en la cama pensando en lo que acaba de ocurrir, e intentando que esta vez el alcohol si les deje correrse, aunque probablemente se duerman con la polla en la mano y pensando en mí antes de conseguirlo. Y eso me parece tan tierno, que hay veces que al llegar a casa hago lo mismo, me masturbo pensando en ellos. 

Porque claro, voy a ser sincera, en los únicos polvos que he conseguido correrme en este tiempo ha sido en los que me ha tocado echar con lo guardias de seguridad y maquinistas del Metro en compensación por utilizar sus instalaciones (que yo pago mi billete a diario, que lo amortice mejor que ningún viajero es otro tema) porque con ellos los polvos pueden ir más despacio. Y reconozco que me dan mucho morbo los túneles, así que alguna vez les pido que paren en mitad del trayecto para acabar el polvo sin el estrés de acordarse de que lo que tienen que abrir son puertas y no mis piernas. Así que desde ya os pido disculpas si alguna vez habéis llegado tarde a un sitio por mi culpa, pero me puede el ser tan puta. Y universitaria. 

3 thoughts on “Relato : Sluttube

  1. Me encantó el relato!!!! ahora lo leo pero ..una mano en el avande de pagina y la otra dandole de comer a la nutria. Bechosss

  2. Después de entradas con tropecientos mensajes, que poco éxito hay en esta. Estarán todos haciéndose pajillas con el material comprado en la web….

    “Pililas a plias”

    Vas a tener que hacerme descuento por promoción 😀

    Y aquí sin metro…

    Y sin chicas así….

    Pues voy a hacerme un metro, con vagones y estaciones y pilingis….Bueno paso de las estaciones…y también de los vagones.

    Tengo que dejar de revisar Futurama

  3. Jajaja, sí, este se ha quedado un poco desanimado. Para mi que están buscando a la muchacha en cada estación de cada linea de metro y no están para dejar comentarios.

    Yo de paso os cuento que al día siguiente de escribir el relato tuve que coger el metro (hacía meses que no lo pisaba), e iba partiéndome yo sola por el día elegido… Así me pasó, que me quedé pillada observando a través de las gafas de sol el paquete del tío que tenía delante que merecía la pena ser observado al detalle, y me pasé de estación. Menos mal que Patata Asada era quién me esperaba y entendió el retraso de 5 minutos (por suerte sólo me había pasado una estación).

    Besos universitarios y cochinotes para los dos¡¡

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