Mi tío y sus cómics.

Podéis comprobar que la sequía se ha acabado, para alegría de algunos y desesperación de otros. Pues no leáis, cojones, que no os obliga nadie. (Luego que si la gente no te habla, tía).

Bien, por el título y conociéndome suena a historia de me sentaba en su regazo y mientas ojeábamos las viñetas su mano se deslizaba bajo mi falda y me estremecía al notar sus dedos jugando con la goma de mi braga y tal, pero nada más lejos de eso. Me habré sentado en las rodillas de mi tío, sí, pero a la edad en la que tendría más miedo que me meara encima suyo que otra cosa.

A ver, que mi tío tenía un empujoncito, pues sí. Que traía locas a todas las chicas de mi clase porque era (cuando nosotras teníamos 15) el típico ejecutivo treintañero de traje,  moreno y ojos azules, y oye, no lo voy a negar, alguna paja le dediqué. Sabéis eso de que todo lo que me gusta es ilegal, inmoral o engorda? Pues yo a esta la consideraba de mis pajas inmorales (tenía unas cuantas) pero esta era de mis preferidas.

Mirad, un inciso porque me está dando la risa y me estoy desconcentrando de lo que quiero contar con lo centradita que soy yo para todo y más escribiendo.

Hoy he hablado con un lector del blog de las primeras revistas porno que vimos. Él me ha contado su historia, y la mía así resumida fue a los 14 años, un Private del hermano de una compañera del cole que tenía 12 años (y hemos comentado que joder con el niño visto desde esta edad) especial dobles penetraciones (insisto, joder con el niño) y claro, aquello fue un poco chocante rollo “dios mio esto es lo normal? pues no se si me va a dar para todo”. Y me pregunta, como lector del blog, qué edad tenía cuando lo del rincón de las mamadas, que fue a los 15-16. y entonces me suelta: “y pasaste de pillar una private a hacer mamadas asi pinpan?” y llevo toda la santa tarde descojonada con eso. Porque ahora que me he puesto a contar lo de los cómics, me he ido acordando del orden de las cosas más o menos, y SÍ, VALE ,FUE PIN PAN. 

Volviendo a… había tardes en las que me tenía que quedar cuidando a mis primos y así ganarme unas perrillas. Mientras los niños veían los dibujos y merendaban, yo aprovechaba para hacer los deberes (que una era muy pimpam pero buena estudiante) y el resto de la tarde la dedicaba a jugar con los críos si era invierno o a abrirles la puerta y que se desfogaran en la puta calle si hacía buen tiempo y entonces me dedicaba a cotillear por casa de mi tía.

Y claro, teniendo tan solo dos hijos que no alcanzaban el lustro, tampoco se preocuparon mucho de esconder nada, más yo estando ya más que familiarizada con   el color de las solapas de la colección de La Sonrisa Vertical, rápidamente detecté cuál iba a ser la zona guay de lectura de aquella casa. Porque claro, tenían el “porno” ordenado, así que además de leerme un par de títulos de la Sonrisa que no soy capaz de recordar, descubrí a Henry Miller y sus trópicos, editados en otra colección, y supongo que alguno más que no recuerdo. Los de Miller me los llegué a llevar a mi casa sin que se enterara para poder leerlos tranquilamente con una mano sin tener que vigilar que los bichos se mataran.

Y descubrí sus cómics. El Click, algunos números sueltos, y unos cuantos especiales de Robert Crumb. Oh. No andaba mal de gustos, no. pero sobre todo recuerdo a Crumb y sus dibujos, y cómo flipaba con ellos y me ponía como una moto. Y creo que por culpa de El Click  también tiene algo que ver que me ponga más jabalí una foto de una tía con las bragas a medio muslo que un maromo con un rabo de 22×18. Además, en las páginas centrales, solía haber una especie de relato erótico bastante largo (o a mi me lo parecía del jugo, y nunca mejor dicho, que le saqué (jajaja cochina) ) y que releía una y otra vez sobre todo los párrafos que me ponían cerda. Cómo he seguido haciendo el resto de mi vida, vamos.

Seite-97-Nausea

La parte divertida, bueno, a mi me hace gracia pero si visualizáis lo que digo (jeje, puñetera) igual os pone, era que yo leía y me ponía cachonda, claro, y tenía unas ansias locas de hacerme un pajote como era lógico. Pero en aquella época, aunque la chupaba, aún no controlaba bien lo de la masturbación propia (pimpam toma lacasitos) y no sabía hacerme pajas si no era en mi territorio, o sea, en mi cama. Venga, risas. O sea, podía chuparla en mitad de la calle o debajo de una farola sin problema, pero ojito con ponerme una mano encima fuera de mi zona de relax. Psicología adolescente, yo que sé. A ver, tocarme, yo, con los dedos, no,que eso lo descubrí un poco más tarde , que me frotaba contra un león de peluche en mis primeras pajas chispas, pero los cómics y relatos estos me ponían tanto que descubrí que con el pico de la mesa del despacho de mi tío que me quedaba a la altura justa y y era lo bastante pronunciado como para frotarme con él  podía hacer algo y a la vez poder vigilar por la ventana a los monstruos.

Voy a ser un poco hija de puta… 😉

Entonces yo me sentaba en el borde de la mesa, con las piernas ligeramente abiertas y el pico entre ellas. Primero me sentaba sobre la falda del uniforme, que el contacto con el pico no fuera tan directo de repente; me ponía a leer, o a escudriñar las viñetas sin perderme detalle, y a la vez me iba moviendo poco a poco y frotándome con la mesa. Cuando ya notaba que las bragas estaban empapadísimas y se me quedaban pegadas, siempre pensaba que iba a traspasar la humedad a la falda y se iba a notar la mancha, por lo que entonces ya me la levantaba y me quedaba sobre la mesa con las bragas en contacto directo. Molaba la sensación de frescor entre los muslos por unos momentos, ese cambio de temperatura de la lana a la madera. Entonces yo seguía a lo mío, leyendo y flipando con Crumb o con los libros y buscando con el movimiento de caderas lateral o con el balanceo típico la mejor manera de que aquello acabara en orgasmo. Que alguna vez ocurrió, que se conjugaron los pliegues de la bragas con el pico de la mesa y el movimiento exacto , pero la mayoría de las veces lo que me llevaba era un calentón tremendo y soñar con llegar a casa y cuando me fuera a dormir, acabar lo empezado con mi leoncito. Eso sí, siempre tenía que secar la mesa con el borde del uniforme.

Joer, ahora que lo pienso echo de menos la mesa. Los cómics los puedo encontrar en cualquier sitio.

 

 

 

4 thoughts on “Mi tío y sus cómics.

  1. Yo recuerdo haberme turbado más de una vez con Druuna, de Serpieri. Era tal el morbo… mejor dicho, ES tal el morbo que me despierta en cada una de sus viñetas, que aún soy incapaz de seguir la historia, y mucho menos de completarla… quiero decir, de leer un cómic de principio a fin, sin interrumpir ni tropezar cada dos por tres, perdiendo el hilo de la historia.

  2. Rabo-o-mator JAJAJA…me encanta el nick 🙂

    Fantasma,
    Yo estos no me los pude leer seguidos tampoco, claro, hacía mis paradas, yo creo que duraron meses….

    Juani,

    Jajajaja. No, tranquila 😉 Ni tu molesta 🙂

    Besos a los tres¡¡

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