La carta que nunca recibirás

Por culpa del post anterior, y tras recordar que ya había visto en otro que el ultracatólico mazao tenía Facebook, e incitada por la mente maligna de Liri, volví a mirar si seguía ahí, y efectivamente estaba, convertido en un papá buenorro con cien mil hijos (había una foto de familia en la que sólo había 6 adultos, intuyo que parejas y 15 niños, tocando a cinco cada uno si hacemos la media).

 Total, que ya que estaba, me acordé de alguien a quién he nombrado varias veces en el blog ,creo que con diferentes nombres, “esclavo con el que tenía un rollo mental superchulo y estuvimos enamoradísimos dos años hasta que pasó “algo” y con todo el dolor de mi/nuestro corazón tuvimos que dejar de hablarnos” pero creo que le puse un nombre más corto. Y para mi fue especialmente doloroso, aunque supongo que para él también.

Esto ocurrió hace más de diez años, y no me he olvidado de él en este tiempo, porque tuvimos una despedida tan brusca, no por nuestra culpa, que no nos hubiésemos separado, que siempre he tenido ahí esa espinita de si después le fue bien.

Y ayer se me ocurrió mirar, ya que me había puesto, aunque ya lo había hecho unos años antes, si estaba en Facebook, sin guardar gran esperanza ya que siendo su primer apellido Pérez y el segundo otra españolada, dudaba que fuese a encontrarlo.

Y ahí estaba, en quinta posición de búsqueda. Pese a la década encima que llevamos ambos, sus ojos los reconocería en cualquier parte.

No quiero hablarle. No voy a hacerlo, porque sé que no sería bueno para él hacerle recordar. Pero me alegra saber que sigue vivo. Y como todo, o gran parte de lo que me gustaría decirle y no puedo me acabará quemando por dentro, y lo mío no es “morir de silencio” como alguno bien sabe, voy a aprovechar el espacio que me brindo yo misma y el señor wordpress para desahogarme un poquillo. Que lo podía hacer en privado y guardármelo, también, pero creo que todos los que escribís sabéis que si las palabras se guardan, se mueren.

 

 

Ha sido verte y he notado cómo se me alegraba el corazón. Qué sensación tan extraña y diferente a cuando nos veíamos en Sants y el vuelco me lo daba el estómago y un poco más abajo. Te veo diferente, no lo voy a negar, pero tus ojos los reconocería en cualquier cuerpo. Recuerdo tu mirada en todos los estados, haciendo travesuras, pidiendo perdón, emergiendo entre mis piernas o hablando tranquilamente sentados en el coche mientras observábamos la tormenta.

Todos los 4 de Febrero me acuerdo de tu cumple, y te felicito mentalmente. Y en navidades, me acuerdo de cómo rabiabas cada vez que me llamabas y te obligaba a decir la frasecita odiosa del anuncio de Airtel, sólo porque sabía que te molestaba muchísimo pero lo hacías por mi.

Nos hemos reído mucho y se nos ha ido la olla mucho también. Quizás demasiado en algún momento, pero éramos jóvenes (yo un par de años más que tú) y ambos estábamos donde no queríamos. Y nos unimos y protegimos y fantaseamos y jugamos y disfrutamos. Y nos olvidamos del resto del mundo. Y nos enamoramos. Y fue precioso, en la distancia, las llamadas, las escapadas (aún me acuerdo de cuáles son los días festivos que hay en Cataluña) las horas chateando, las cartas, los cds, los miles de sms… vivimos una bonita locura.

Pero de repente un día se truncó, y todo se convirtió en una pesadilla de la que la mejor forma de salir era diciendo adiós para siempre. Y me quedé con las ganas de decirte que me prohibieron hablarte, que lo intenté, pero no me dejaron. Pero también comprendí que en ese momento era lo mejor que podía hacer por ti, porque te quería y era lo mejor y porque sé que lo que hiciste lo hiciste por mi y vaya, muy saludable no era.

Así que todos estos años, cada vez que me he acordado de ti ( y han sido muchas… cuando veo tu coche, con ciertas escenas de películas, cadavez que veía un camión de tu empresa, etc…) he deseado que siguieras vivo y que estuvieses bien. Te puedes imaginar ahora cómo me alegré de ver tu cara. Estuve sonriéndole a la pantalla un buen rato. Y sentí cariño, y recuerdos buenos, y risas en mi interior, pero en ningún momento ganas de decirte “hola peque” y volver a hablar. No creo que sea bueno para nadie aunque todo haya cambiado mucho. Me quedo con la alegría de haberte visto por un agujerito y de saber que estás bien. Y que sean muchos años. Te deseo toda la felicidad del mundo.

Me alegro mucho de haberte conocido, y siempre, siempre, siempre tendrás un trocito de mi corazón (pero no hagas cerdadas con él que nos conocemos)

 

Me acuerdo perfectamente del primer y del último beso que nos dimos. Guárdalos con esta carta.

 

6 thoughts on “La carta que nunca recibirás

  1. Hermosa carta! Y te digo gallega que si algo espero de la ciencia es que logren clonar gente como vos y preferiblemente en Buenos Aires (Montevideo también es una opción). Pero qué sé yo! Cuando eso llegue, capaz que estoy mirando crecer las plantas desde abajo. Besossss!!!

  2. Qué bonito… e inesperado. Cuando ya creía que nada podía sorprenderme de ti, vas y sueltas un texto como éste, donde destilas madurez basada en el sacrificio, la más difícil de adquirir y apreciar en los tiempos que corren.

    Me inspiras ternura, ganas de abrazar, de consolar y de animar, aunque me da que estas dos últimas cosas… pasado mañana seguramente las sustituyas por unos cuantos cachetes llenos de energía y cariño malvado, o algo parecido XD XD XD

    Ojalá que ese hombre reciba aunque sea por influjo kármico algo de la buena voluntad que expresas aquí, aunque no sepa de dónde viene.

    Un saludo.

  3. Qué bonitas palabras. Espero que le llegue aunque sea de pensamiento los buenos deseos que has escrito.

    Jodía, me tienes con la lagrimilla saltada y tó xD Ahora te toca a ti ser la mente maligna y hacerme recordar.

    Un beso.

  4. Yo no hubiese sido capaz…. Después de leer la carta y viendo ese punto de (no se si llamarle) nostalgia, o “recuerdo de algo que fué y luego no pudo ser”, o lo que sea (las palabras no son lo mío,….) pués yo no me aguanto y le escribo algo en el facebook.

    Y claro, dos segundos después de darle al “enviar” me doy cuenta que la he cagado, y que ha sido un error. Pero es que uno es un poco primario.

    En fin, bonita carta. Si, bonita carta, aunque al final, el post me deja un poco triste. Lo reconozco, soy ñoño y no tolero bien los finales que no sean “y fueron felices y comieron perdices”

  5. Gracias gentes.
    La verdad es que la iba a hacer mucho más personal aún, pero pensé que también iban a ser ganas de recrearme en “mi dolor” y tampoco iba a llevar a nada. Así que yo veo la carta hasta un poco fría. Para mi, aunque no lo sea realmente, si me parece un final feliz aunque no hayamos acabado juntos… los dos estamos bien que es lo importante. Yo también soy una impulsiva y mando mensajes de los que luego me arrepiento pero esta vez me contuve porque sé que es abrir la caja de Pandora y no iba a traer nada bueno. Y no podría volver a perder a esta persona por segunda vez.

    Beesoss para todos ¡¡ Gracias songtsen por manifestarte 🙂

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