Canciones inspiradoras.

Voy con otra de mis locuras sin sentido que no me siento capaz de hilar.

Hace mucho que no escribo un relato, pero estoy en uno de esos momento en los que no me da la coherencia para más allá de dos frases con sentido. Dispersa que estoy, vaya.

Pero tampoco es dispersa. Es “acumulada” de sensaciones. Que necesitaría escribir. Pero no me salen. Vale, creo que estoy repitiendo lo mismo que en el párrafo anterior pero con otras palabras.

 

Creo que os conté, y si no ya lo cuento ahora, que antes escribía relatos unidos a canciones. Lo que me inspiraba la música, vamos. Podía o no que tener que ver la letra de la canción con lo escrito, pero no era una condición. Era ponerle banda sonora a un relato. Para leerse a la vez que se escuchaba la música. Así a mi esclavo-superguay-delquesiemprehablo le escribí un relato que ocupaba 10 canciones. Y un millón de folios que me escribí a mano. De esas cosas que te arrepientes no haber guardado una copia porque me quedó de la leche. Me acuerdo que se lo envié por paquetería urgente (que para eso trabajaba en ello) y en menos de 6 horas lo tuvo en sus manos. Flipó mucho, mucho. Luego se lo leí de viva voz una noche juntos tirados románticamente en el sofá de su casa y no es porque lo escribiera yo pero me quedó de la leche. No me acuerdo exactamente de que iba aunque recuerdo algún puntillo extra sádico de esos que no suelo escribir por aquí porque os mega escandalizáis, y que entre las canciones estaba “Du Riechst so Gut” de Rammstein.

 

Pues todo este prefacio viene porque hay una canción que me ronda desde hace unos meses que me provoca esas ganas de escribir sadiqueces. Además desde la primera vez que la escuché, con los ojos muy abiertos y las orejas espatarradas.

Según pasaban los segundos de la canción cada vez se me iba formando una visión (qué casualidad) más clara de la escena.

Y como no sé ponerla en orden, os voy a contar todo el chorreo de sensaciones que me provoca a ver si sale un texto chulo o una paranoia desordenada de una loca del coño.

La canción es esta.

Si os la ponéis a la vez que seguís leyendo, pues casi mejor. Y si puede ser muy alta mucho mejor. Alta nivel vecinos llamando a la policía. 

Y desde ese primer momento en la escena había un tío atado en una silla y amordazado y con los ojos vendados, y yo con un megacorsé superchulo y una fusta de cuero en la mano. Podía verme hasta las botas, en planos de película, como si la cámara estuviese en el suelo debajo de la silla y sólo se vieran las botas desde ese ángulo, y la sombra de la fusta. El tío no tiene cara ni es nadie en particular, por lo que yo misma analizándome que me conozco, muy bien sé que la canción me pone burrísima por si sola porque no existe “elegido” para fantasear con ella. Me podría follar una cabra mientras suena. Una cabra atada, claro.

Porque esta es una canción de torturar. De arrancar confesiones. De ponerla a todo volumen marcándote un Reservoir Dogs con tu víctima pero dejando las orejas en su sitio.

Dios, encima le mete frases que podría cantarle a la víctima. Muhaha.

 

Un local vacío. Un sitio donde pueda sonar muy alto. Susurrarle al oído que sus gritos no se oirán con la música, notar como su cuerpo se tensa y dar golpecitos con la fusta en la silla al ritmo de la batería.

Recorrer su cuerpo con ella mientras doy vueltas alrededor de él … muslos, brazos, cara… You and me ….

Sí, voy a cantarle …torture us eternally…

Cada segundo que pasa la batería se me mete más en el cerebro y va despertando mi instinto animal, el que me hace pasar la lengua por el colmillo y casi jadear de deseo.

Me gusta verle asustado. Tenso. Expectante. Moviendo la cabeza en sentido del sonido de las botas, o los susurros que de vez en cuando le distraen del sonido de la canción. Porque ya ha empezado a comprender, que lo que sea que venga, va a ser a este ritmo infernal para él, delicioso para mi.

 

Y tiene suerte, mucha suerte, porque lo que me apetece hacer a ese ritmo, es follármelo. Así, atado en la silla, sin ver, ni tocar, ni casi oír, sólo sentir.

Un follada objeto. Un consolador de carne. Un regazo sobre el que cabalgar. Un trozo de carne que respira, al fin y al cabo. No quiero hacerle daño, quiero usarlo para mi disfrute. No quiero que me bese ni me agarre el culo ni me muerda los pezones, quiero engancharle del pelo, echarle la cabeza hacia atrás , abrirle la boca y dejar caer mi saliva dentro de ella, colocarme con él entre mis piernas, agarrar su polla y metérmela despacio siendo muy cerda gimiéndole al oído. Solo gemidos, sin palabras,

Quiero la sensación de poder que da tener un cuerpo indefenso entre las piernas, follarle despacio, con sinuosos movimientos de cadera, y es otro de los momentos en los que veo la escena desde fuera, veo las botas y el tacón que dan la suficiente altura y estabilidad para realizar cualquier juego, bailarle encima en plan bailarina de streaptease con algún toquecito de fusta para que no se olvide de dónde está, y lo que podría pasar si opone algún tipo de resistencia…

 

Y entonces comienza un torrente de ideas influenciados por mil películas y videoclips y hay una mezcla de Flashdance pero con corpiño y tacones mezclado con Cabaret por aquello de que hay una silla (con un hombre encima, pero una silla en el fondo) pero lo que me tralla la cabeza es hacer el loco a lo videoclip Cradle of Love de Billy Idol (dios, ver este vídeo por primera vez siendo una tierna adolescente me marcó) y ya no sé si quiero hacer el cabra saltando o follarme al tio de la silla o las dos cosas a la vez o desatarlo y dejar que me meta una empotrada (últimamente me ha dado por las paredes, sí, tengo que hacer musculatura en los brazos y no sé me ocurre manera mejor que intentando que no me partan la nariz contra la pared mientras me dan desde detrás. Yo tengo mis propios ejercicios de Zumba, que pasa).

Pero no, siempre me tira más el rollo te ato, te amordazo y te ciego en esta canción porque para el momento pared si que le pongo cara (no me dejo empotrar por cualquiera) y no quiero asociarle la canción a nadie.

 

Así que yo lo que pretendía era escribir un relato que se leyera a la vez y coincidieran las partes y flipárais con lo bien que me habría quedado, y no puedo porque mi cerebro hace squirting cada vez que escucha la canción y es imposible poner en orden una sola idea.

 

Por cierto que este grupo suena en los podcast que perpetramos en La Letra Capital.

 

Ahora me estoy descojonando yo sola porque hace un rato hablando con mi socio podcastero de los oyentes y la promoción le he dicho que mis seguidores de twitter pasan de mi en ese tema en general, pero que hoy tenia un post para este blog que igual nos hacía ganar alguno más (yo ya sabiendo lo que había empezado a escribir aquí).

Así que estaba imaginando su wasap mañana por la mañana en plan “¿¡EN SERIO LLAMAS PROMOCIONAR A ESTO?? Eres una loca del coño” .

Aunque no lo hará porque ya sabe mi respuesta.

4 thoughts on “Canciones inspiradoras.

  1. Es promoción. Gracias a ti casi borro la canción de tanto oírla jajajajaja

    El caso es que si escribes el relato yo quiero leerlo 🙂

    ¡Besos!

  2. A tí te la he metido por embudo por todos los sitios , fb, tw, aquí…jajaja PERO ES QUE MOLA MIL, REDIOS.

    Ahora que me acuerdo, también le pega a un relato tuyo que leí hace tiempo y me encantó 🙂 Algún día lo escribiré, cuando consiga dejar de bailar cada vez que suena y gritar Visions. Madremia como vengan en concierto.

    Besicos chula¡¡

  3. Ah, por cierto, hora del whatsapp 7:32 A.M. De un lunes.
    Hay que ser muy pervertido para haberme leído ya a esas horas.

  4. Me encanta el relato, lo re filmo! Y mas aun porque me vuelve loco la mujer con botas, y si sumamos la actitud de guacha turra… en fin …Pero puse la musica esa que posteas y no solo se me re bajó sino que me sentia un zombie nazi (un nuevo item en la cultura del espectaculo y los juegos de computadoras). Pero bueno , no te critico mas tus gustos musicales. Sino nuestro amor se diluirá como lagrimas en lalluvia (faa!!!!)

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