Anécdota sobre mi rabo

Como esperaba, y mira que esperaba equivocarme, empiezan a salir tarados con la excusa de las 50 Sombras de los Huevos que les meten unas palizas de aúpa (algunas hasta la muerte) a sus parejas sexuales, y claro, el ligar se va a empezar a poner peligroso en cualquier momento. Hoy, comentado esta noticia con unos amigos, todos han dicho lo mismo, que el problema es excusarse en el libro cuando hay un psicópata de por medio, más bien, que es lo que son esta gente. Yo les he contestado que me alegraba de que pensaran lo mismo porque me aseguraba el poderme tomar unas cervezas tranquila con ellos, así en plan broma.

Y después me he puesto a pensar y me ha dado la risa, porque realmente la “tarada del látigo” siempre he sido yo para ellos, la peligrosa de la cita era yo. No sé si es porque lo digo yo mucho o porque se me nota o porque para mi es tan normal como el que sepan que me apasiona el color morado, pero todo el mundo que me conoce sabe que me va el bdsm. Cosa que a mi marido le viene fatal porque todo el mundo debe de pensar que le meto unas truscas como panes y nada más lejos. No le he tocado un pelo en mi vida. También es que es calvo. Muhaha.

A los hechos me remito: No ha habido ningún tío con el que haya quedado a través de internet que no haya sido para sexo (eh, si, a veces he conocido gente que no me he follado, sorprendente, ¿verdad?) que en algún momento no me haya dicho que si no le iba a pegar con el látigo, o a llevarlo a mi mazmorra, o si lo iba a atar, y cosas por el estilo. No voy a decir que al principio no me diera por el culo bastante la “gracia-bromita-preguntaenserio” porque me parecía una falta de respeto el que pensaran que no sé comportarme más que con una fusta en la mano; ¿yo he quedado contigo para follar, no, verdad?. Entonces no tengo porqué llevar un látigo ni unas esposas en el bolso.” Vale, las esposas las llevo, dos pares, pequeñitas, de pulgares. Un par va de adorno en el bolso y el otro de llavero. Pero no tengo porqué usarlas contra nadie con quien no he quedado expresamente para martirizarle los pulgares. Punto. 

Volviendo a marido, hasta él me dio como respuesta a una pregunta de la que no me acuerdo “vale, pero no me pegues muy fuerte” mucho antes de ni siquiera saber que acabaríamos juntos. Qué fama, hija.

Bueno, pues mis citas siempre han tenido eso ahí al principio, aunque luego se van calmando según vamos bebiendo cerveza. Lo normal. Que si me he pasado bebiendo luego igual ha pasado algo que no estaba previsto, pues también, pero siempre ha sido de mutuo acuerdo y sin hostias de por medio si no se han pedido (que algunos tenéis más vicio…)

Una vez hablando con un amigo-amante sobre el tema de la primera vez que nos vimos, me suelta: “te voy a contar una cosa, pero no te mosquees”. Esa es de las peores frases que te pueden soltar porque ya sube tu cabreo hasta el 25% sin oír nada más, pero supongo que sopesó que aunque seguíamos follando cuando me lo soltó, eso no iba a estropear nuestra relación.

“Hasta que no te vi en pelotas pensé que tenías rabo”.

Yo lloraba mucho de la risa. Le pregunté qué le llevó a pensar eso, porque vale que por mi manera de escribir parece que tengo más rabo que el diablo, pero que antes de vernos desnudos habíamos hablado mucho por teléfono, y visto fotos el uno del otro. Y no podía parar de reírme, claro.

“¿Y porqué quedaste conmigo entonces y para follar encima, que lo sabías desde el minuto uno?”

“Porque me gustabas y me daba igual”

Aquí me lo hubiera comido a besos al muchacho. Pero yo seguía con mis risas.

“¿Y mi voz? Precisamente a maromo no suena.”

” A veces estabas ronca” (gran temporada de catarros aquella,vive dios)

 

“¿Pero en serio te creías que era un tío? ¿Con rabo y todo? “¿Incluso viéndome ya en persona?”

“Sí. Estaba nervioso, tía”.

Y respiraría aliviado el jodido al verme el coño, no te digo. Menos mal que tardamos poco en ponernos al tema (cuando sé a lo que voy con una cerveza me sobra) y no necesité ir a mear, porque aún le veo mirando a ver que puerta del baño elijo. Eso sí, tardó 3 años en hacerme la confesión. Y la siguiente vez que nos vimos aparecí con un arnés, claro. Acabo de tener un flashazo de esos que te hacen sonreír. Así le pasó, que luego siempre que soñaba conmigo ya le salía con rabo directamente.

Resumiendo, que no tengo rabo y no suelo ir pegando a la gente ni haciendo cosas contra su voluntad. Alguien incluso ha llegado a clasificarme como “columna” de lo buena y calladita que soy. Y aburrida al parecer. O apoyable. Porque si hubiera sido empotrable me hubiese llamado viga.

 

5 thoughts on “Anécdota sobre mi rabo

  1. Ay jajajajjajaja no me he reído a carcajadas de milagro, la tía de al lado me mira raro igualmente. Es que impones y ya se sabe la mentalidad de la autoridad va con rabo.

    Que eso, que me ha encantado la anécdota xD ¡Besos!

  2. A veces molesta un tanto el tema de las Sombras porque al parecer para la mayoría son cosas novísimas, y si tú las haces, de fijo las haces porque las leíste en el libro o las viste en la película. No tengo el dato duro, pero seguro que el sado existe desde hace muchísimos siglos, porque tampoco Sade lo inventó en el XVIII, sino que venía de más atrás.
    Me agradó la entrada.
    Saludos

  3. Liri, ya sabía yo que te descojonabas 🙂

    Carlos, muchas gracias 🙂 Se hace lo que se puede

    Mueremata, pues eso. Que yo llevo practicando el bdsm desde los 23 y me queda un mes para cumplir los 39. Y Sade tampoco inventó el sado, los elementos de tortura y el torturar elementos viene yo creo, que desde que existe el ser humano. En fin, que a ver si se ls pasa la moda rápido y les da por el encaje de bolillos.

    Besos a los tres, y gracias por comentar a los nuevos¡¡

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