Relato: Quiero morderte el labio

Tienes un sonrisa muy bonita.

Y unos labios muy apetecibles.

Realmente no.

Tienes un labio muy apetecible.

Tu labio inferior.

Siempre que te veo tengo ganas de mordértelo.

O besarlo.

O chuparlo.

O de sentirlo rozándome el lóbulo de la oreja,

O acariciándome el cuello.

Me hipnotiza.

Me gusta cuando hablas, pero más cuando te quedas callado pensando, o escuchándome. Me gusta cómo se muestra relajado, ajeno a lo que estoy pensando, aunque sea yo la que hable. Me gustaría morderlo.

Despacio, suave, una ligera caricia con los dientes, sentir como tu carne se escapa de mi boca. También podría besarte, y sentirlo pegado al mío mientras nuestras lenguas se reconocen, pero siento la necesidad de atraparlo y hacerlo mío durante unos segundos.

Me gusta cuando bebes y te pasas la lengua, porque lo humedeces y lo vuelves más deseable.

Me encantaría ver cómo te lo muerdes por deseo. Ese pequeño gesto que lo atrapara con uno de tus dientes, y creo que se me escaparía un gemido.

No voy a negar que me gustaría que lo que tus ojos miraran a través de tu labio fuera a mi, pero me fascinaría verlo hasta por una palmera de chocolate. Me pondría verte desear cualquier cosa.

Me encanta como me desconcentro en cada frase que estoy escribiendo, cierro los ojos, me muerdo el labio, sonrío, me muero de deseo, me lo vuelvo a morder, pienso en hacértelo, suspiro resignada por no poder , vuelvo a abrir los ojos, e intento escribir una frase bonita y con sentido de esas que lleguen profundamente y los lectores se sientan identificados, pero a estas alturas si ya he nombrado que me da igual que mires con deseo una palmera de chocolate rompiendo todo el clímax (perdón, soy así, ya me conocéis), es que ya no puedo dejar de pensar en tu labio con otra parte que no sea más que mi cerebro conectado a mi entrepierna y entonces lo que quiero es que me hables e interrumpirte de repente porque mis labios se abalanzan sobre los tuyos y así poder , junto con el factor sorpresa, pillarte desprevenido y de un empujón pegarte a la pared, porque necesito aprisionarte y que no te muevas para saciar esta sed salvaje que me ha entrado de ti, y quiero succionarte entero a través del labio. No te dejaré marcas, pero mañana te sentirás como si hubieses estado chupando una roca de sal.

Creo que pretendes hablar, aunque entiendo el hijadeputa que sueltas cuando meto mis manos heladas debajo de tu camiseta. Agradece que no haya empezado por el pantalón, querido.

Pero así es muy difícil follarte si pretendo no dejar de jugar con tu boca. Un sofá. Necesitamos un sofá. En mi imaginación, hay uno muy cerca y te arrastro hasta él. Creo que no vas a llevar camiseta y si camisa y corbata porque me apetece mucho manejarte con ella. Olvida mis manos frías debajo de la camiseta, puedes seguir llamándome hijadeputa por el asalto, si quieres. Pero tampoco te veo que estés sufriendo mucho, por lo fácil que te has dejado empujar sobre el sofá. Si cariño, te doy unos segundos para que recobres el aliento y generes saliva. ¿Ya? Me da igual. Yo no puedo esperar más, esa corbata y ese labio me están llamando al disfrute que da la confianza y las ganas. Va, yo desabrocho tu camisa y tú la mía. Sin arrancar botones, venga. Solo me pongo sobre ti y desabrocho los botones, despacito, uno a uno, y te beso y recorro tu labio con mi lengua. Así casi ni notarás mis manos frías.

Y de ahí a la hebilla del cinturón, la cremallera, el botón que se resiste pero que enseguida me ayudas a desabrochar porque eres un caballero, parece que no te lo estás pasando mal, tu polla suave y caliente entre mis dedos, ya no te quejas si te muerdo el labio, ¿te has acostumbrado o es que ahora mismo te lo podría grapar que te da igual? No hay manera sexy de quitarse unas bragas en esta postura, aunque es mucho más divertido hacerlo si me pongo de pie en el sofá y dejo mi coño frente a tu cara. Necesito que lo hagas claro, y veo que tu también porque tus cervicales no oponen gran resistencia a mi ligero tirón de pelo. Siento todos y cada uno de los movimientos de tu lengua y tus labios rodeando, besando y absorbiendo los míos, que mi boca también necesita descansar.

Pero yo lo que quiero es follarte. Y ahora con el sabor de mi coño en tus labios, con el poder saborearme a través de ti, más.

¿Estás preparado, darling? ¿Qué prefieres, que me la meta del tirón y te folle salvajemente y pase de ti y tus sentimientos hasta que nos corramos? ¿ O voy despacito, y notas suavemente como te deslizas dentro de mi, y sientes el calor de mis suspiros en tu labio, y mi lengua en tu boca cuando empiezo a moverme despacito, inundándote con mis gemidos, mordiéndote, follándote, corriéndome con tu boca mientras tu lo haces dentro de mi.

¿Cuál prefieres? Te dejo elegir.

Pero yo quiero morderte el labio, jo.

2 thoughts on “Relato: Quiero morderte el labio

  1. Como hubiese querido tener menos imaginación para que al leer este texto no tenga ninguna imagen en mi mente, ninguna pelicula se me aparezca, ninguna reaccion eruptiva. Pero no , la puta madre, con esta mente llena de nafta erotica que tengo, la llama de tu relato no hace otra cosa que incendiarme cada uno de mis reflejos eroticos y dejarme exhausto frente a un monton de palabras, que tienen la secreta fórmula que al montarlas bajo tus dedos se convierten en exultantemente inflamables.
    Será posible….

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