Relato: Putas Sutilezas ( y III)

Autos de choque. No sé, no preguntéis el porqué. Se acerca y me sonríe. No sé qué hacemos aquí, pero me gusta que estés tú. Dos besos. Me alegro de verte. Me sujeta del brazo. Hoy estás especialmente guapo. Sí, mejor vámonos a un sitio más apartado, algo más lejos de esta horrible y atronadora música.

Nos paramos cerca de un muro. La inercia y la comodidad nos lleva hacia él por inercia. Apoyo mi espalda en la pared, y tú la mano sobre esta frente a mi. No sé porqué sale en la conversación Peppa Pig, pero lo hace. Me besas. ¿Ha sido por hablar de la cerda? Da igual, no pares. Tus manos han abandonado la pared y están sobre mis hombros. Muevo mis brazos para que los tuyos bajen por inercia, como poco, a mi cintura; vale que el beso ha sido robado, pero no es necesario que me sujetes como a una detenida. Además, tus manos en mi cintura me vuelven loca. Sigues besándome y tu mano izquierda me hace cosquillas en el cuello y siento como si pudieras quedarte con mi cabeza en la mano porque flota sobre mis hombros.

No pienses. Déjate llevar. Ahora no hay peros. Céntrate en que sus labios ahora recorren tu cuello y que es posible que te estalle la aorta de la excitación. Disfruta lo que puedas antes de la embolia, querida. Apenas me muevo porque pese a que las señales no llevan a equivocación, tengo miedo a precipitarme y joderla, aunque ese verbo es el que busco como fin. Pero que esté buscando con su pelvis la mía, y la dura erección que siento a través de sus vaqueros cada vez que se acerca a mi creo que son signos inequívocos de que por fin vamos a follar.

 

O no.

 

Fue al ir a juntar mi pelvis con la suya cuando el vacío, la falta de su bragueta erecta rozándose con el punto exacto para comenzar lo que esperaba ser un gran polvo cerdo salvaje contra un muro, se convirtió en lo que era, un sueño erótico sin más pretensiones que despertarme en mitad de la noche cachonda como una perra. La solución en el momento fue inmediata, claro, y aún dio para un par de pajas más a lo largo del día.

 

Pero estaba harta de tanta sutileza. Y en especial de las oníricas. Y en ese momento me encontraba un poco como Kathy Bates en Misery pero con ganas de follar. Y entonces se me ocurrieron dos cosas: secuestrarle y provocarle hasta que me suplicara que me lo follara. Sé que suena un poco esquizofrénico, y lo fue, pero era la mejor manera de pasar página. O a mi me lo parecía. Quizás no era la más correcta, pero como ya he dicho antes, estaba harta de las putas sutilezas.

 

Quedé con él, claro, pero en ningún momento le mostré mis intenciones, más allá de los coqueteos habituales, para que no sospechara. Quizás fue cuando me acompañó al coche el momento en que dejé de ser sutil. O cuando le di con la llave de tubo en la cabeza para poder meterlo en el coche. Qué nervios pasé, la noche anterior estuve horas buscando cómo dejar inconsciente a alguien con cosas que tienes en un coche sin provocarle un trauma craneoencefálico.En Youtube hay vídeos para todo, por lo que no me costó nada darle el golpe en la posición exacta para que cayera directamente en el asiento trasero.

Cuando recobró el conocimiento, ya estaba sentado y atado en una silla. El tiempo justo, como indicaba el video, para que no te pillara con las manos en la masa ni que te murieras del aburrimiento esperando a que despertara. Aunque al principio forcejeó un poco por instinto al encontrarse atado, al verme cierta calma inundó sus ojos.

 

Le expliqué en pocas palabras el porqué le había llevado allí: estaba harta de tener orgasmos disimulados en su presencia, por lo que había tomado la decisión de tener, al menos uno, sin disimular. Que me quería dar ese gusto al cuerpo, chico. Como sabía que si te proponía el tema directamente me ibas a decir que no, pensé que este era el método más equitativo: Yo me masturbo y tú si quieres cierras los ojos y no miras. Lo de no oírme gemir lo vas a tener más difícil. Yo no te toco si tu no quieres que te toque. Si tú quieres tocar o follar, sólo tienes que pedirlo. Para ti son todo ventajas, no te quejarás.

 

Como su mirada era una mezcla entre sorpresa, miedo, locura y expectación, di por hecho que lo había entendido todo y empecé a desnudarme. No vayáis a pensar que estaba amordazado, simplemente debí dejarle sin palabras. Son los peligros que tiene quedar conmigo a tomar café, será que no lo he advertido veces.

 

Tampoco creáis que le encontraba alguna satisfacción especial a masturbarme delante de él más allá de calentarle lo suficiente para follármelo, pero no se me ocurría mejor manera de hacer que el deseo, o más bien la erección, creciera en su pantalón, obnubilarle por la falta de riego sanguíneo y que acabara empotrándome contra la pared sin tocarle. Porque tocándole, se me ocurría una infalible que incluía miraditas de niña buena y saliva.

 

Pero soy una mujer de palabra, con una llave inglesa, sí, pero de palabra, y mi único propósito era tener un orgasmo en condiciones con este tío, aunque las condiciones de las condiciones fueran un tanto…extravagantes.

 

Yo tenía bastante claro que esa iba a ser la última vez que le iba a ver. Cosa que por otro lado, era hasta lógico. Por un momento pensé en soltarle y decirle que era todo una broma y tal, pero siempre me quedaría el resquemor del “porqué no lo hiciste” y tendría que acabar suicidándome en la bañera e iba a ser todo un lío. Además, no es por quitarle tensión al momento, pero creo que se hubiese podido desatar él mismo si lo hubiese querido, pues carezco de alma de marinero y/o girl scout.

 

Como apenas había pensado el escenario en los días anteriores, frente a la silla había dispuesto unos cuantos cojines a modo chill out (comodidad ante todo) y como armas, un doble dong de 37 cm y un bote de lubricante. Sencillito.

 

De momento no le había visto cerrar los ojos, no sé si por la tensión o porque en realidad no le importaba ver lo que iba a hacer.

 

Me tumbé en el suelo, frente a él. Acomodé los cojines a mi gusto , abrí las piernas y me empecé a acariciar. No dejó de mirar. La verdad es que me estaba poniendo bastante nerviosa, me dio vergüeza por un instante y pensé en parar, pero en contra a lo que mi cuerpo me pedía, empecé a hablar:

 

Uff no veas cómo necesitaba hacer esto. Llevo toda la semana cachonda perdida pensándolo, y sin masturbarme para la ocasión. Y no entiendo el porqué me pones tanto. Pero mucho. Desde el minuto uno. Desde que vi tu primera foto en instagram algo se revolucionó dentro de mi y solo podía pensar en que tenía que follarte. Despertaste en mi un instinto completamente animal que espero saciar hoy.

 

 

Yo cada vez estaba más cachonda, mis dedos se resbalaban solos y los pensamientos, todo lo que le quería decir se agolpaba en mi cabeza; mi cerebro y mis dedos iban más rápidos que mi lengua, y no sé porqué sentía la necesidad de decirle todas las veces que había tenido un orgasmo por su culpa, tan indecente que casi eran las mismas que días que hacía que se conocían, que cuando no era mi muso inspirador pajero, de repente aparecía en mis sueños, en cualquier parte, para meterme una empotrada salvaje y dejarme el resto del día con las ganas… pero hoy no me iba a quedar con ellas.

 

No sé si el llego a cerrar los ojos, pero yo si tuve que hacerlo. Pese a que lo tenía delante y no me hacía falta evocarlo ( y mira que lo he hecho: de pie, sentado, de rodillas ,tumbado, sobre mi, sobre él, de espaldas, en una cama, en el campo, en mitad de la calle, en un coche, sobre la acera y contra un muro en unos autos de choque la última vez), para todos esos polvos imaginados, siempre presentaba un look bastante diferente al actual pero que en su momento me hizo lubricar cuando lo vi en su Instagram. Lo que hace el cerebro humano cuando está en brazos de Morfeo.

 

¿Uhmm y porqué no duplicarte en mi mente? La realidad es tu yo atado en la silla, flipando, espero que algo excitado aunque sea solo por los nervios, pero de repente te desdoblas y tu yo maligno, perverso y sin escrúpulos (que tiene la pinta de la foto de Instagram, claro) se viene conmigo a los cojines y me revienta a pollazos. Sí, bien, podría ser más fina pero a. Estoy cachonda y no acierto con las palabras, b. Quiero follar, no pasear por el parque.

 

¿Me dices que me harías o me lo voy imaginando yo? ¿Cómo te imagino, rabioso por lo que te he hecho o deseoso de lo que vas a hacer? En cualquier caso creo que el mejor recibimiento siempre es a cuatro patas, que se aguantan mejor las embestidas y estoy segura de que en cualquiera de los dos casos me he ganado unos azotes. No te cortes. Dámelos bien fuerte. Que te pique la palma de la mano. Déjame todos los dedos marcados. Y si es en la nalga izquierda, mucho mejor.

No sé qué haría tu yo tridente, pero yo me follaría, sin más. Ya hemos hablado todo lo que teníamos que hablar y solo me apetece oírte gruñir y jadear a mi espalda mientras noto tus embestidas. Quiero que te agarres fuerte a mis caderas hasta que te corras dentro de mi.

 

Vale, había prometido que no le iba a tocar, pero después de los tres orgasmos que había tenido mientras le imaginaba follándome como un animal, dejé de pensar un poco y de cumplir promesas y de ser una mujer razonable si es que alguna vez lo había sido.

 

Uff qué calor, ¿tú no lo tienes? Si quieres te desabrocho la camisa.

 

Qué difícil es aguantarse una sonrisa perversa cuando un movimiento de cabeza es asertivo.

 

Estoy segura de que el sonido de mi corazón retumbaba por toda la habitación. Me acerqué intentando disimular la emoción, pero el suspiro jadeante que solté al desabrocharle el primer botón rompió todo mi teatrillo.

 

Y es que fue muy duro tenerle ahí sentado, atado, entre mis piernas, desabrochándole la camisa con mis tetas frente a su cara, con ganas de hundirle la cabeza entre ellas, y mi coño sobre su bragueta, que hubiese continuado desabrochando después de la camisa si hubiese querido ser mala… tenía ganas de frotarme contra él como si fuera un conejo en celo (bueno, lo era), pero de verdad tenía que tener mucho calor pues sus jadeos, iban en aumento.

 

No voy a negar que quise golpearle nuevamente en la cabeza con el bote de lubricante, sacarle la polla y recrearme hasta que volviera en sí, pero eso se llama violación y no está bien visto por muchas ganas que tengas.

 

Oye, ¿te molesta que me masturbe encima de ti? – dije con mi voz más dulce y angelical, mezclado con la ronquera típica que da el estado de cachondez. Su encogimiento de hombros lo tomé como un “sí” resignado, aunque tal vez se le estaban cargando ya los hombros por la postura.

 

Me fui a por el bote de lubricante y el dildo, y por un momento volví a ver el terror en sus ojos cuando le pedí que abriera las piernas. Su rictus se relajó cuando le pedí que lo sujetara entre los muslos como si de la propia se tratara.

 

Volví a colocarme con su cuerpo sentado entre mis piernas. Se iba acercando el final, y pese a que no sabía cómo terminarlo, pues le tenía el suficiente cariño como para no dejarlo ni inconsciente dos veces en la misma noche, ni morir de inanición atado a una silla, decidí disfrutar del momento todo lo que este me dejara sin traspasar los límites.

Y fue difícil quedarme a escasos milímetros de su boca con mi pezón, deseando que lo atrapara con los labios y que con ligero mordisquito me indicara que aceptaba el juego; pero fue inevitable sentir su aliento húmedo tan cerca y endurecerse casi al límite de que la naturaleza fuese la que hiciese trampa; decidí pellizcarme más los pezones pese a que mi deseo era ponerlas en el suyo, tanto por tocarle como por ayudarme un poco a la hora de meterme el dildo que seguía aguantando estoicamente entre sus piernas; lo sujeté por la base, casi rozando sus muslos, y me lo fui metiendo lentamente, sobre todo por disfrutar del momento; frotaba el glande ficticio por mi clítoris, lo hacía desaparecer entre mis labios para volver a sacarlo húmedo y brillante, y repetir la operación cada vez metiéndome un poco más; la posición era complicada para no rozarle, así que mis gemidos acabaron pegados a su oreja; ahí le vi los ojos y morderse el labio. El primer orgasmo fue inminente.

Eh, que yo también sufría, que tener orgasmos sin un punto en el que apoyarse más allá de tus propios pies tiene su dificultad.

 

La hebilla de su pantalón tenía un nuevo brillo especial.

 

Oye, mira, me muero de ganas de cabalgarte. Tenemos dos opciones: o me dejas que me agarre a tu espalda para poder “follarte” sin incidentes, o no y resulte probable que acabemos en el suelo; a mi me da igual, el que está atado a la silla y se acabará partiendo una muñeca eres tú.

 

Le di un tono trágico y severo para que eligiera la primera opción, como así fue, y conteniendo la sonrisa perversa nuevamente, me dejé caer sobre el dildo con mis manos alrededor de su cuello. Uhmmm fue acojonante tocarle y no tocarle, follarle y no hacerlo y esta vez obligarle a mirar mientras lo hacía. Quizás me pasé un poco al clavarle las uñas en la espalda cuando me corrí por tercera vez, pero el resto del tiempo fui buena.

 

Hubiera estado genial compartir el cigarrito de después sentada en su empapado regazo, pero me pareció abusar. Le di las gracias y un beso en la mejilla, y al ir a liberarle de sus ataduras, vi que hacía rato que estaban en el suelo. Me sonrió, me guiñó un ojo y se fue.

No he vuelto a saber nada de él. Y me ha bloqueado en Instagram. Putas sutilezas.

 

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