Monstrua 2016

Como ya os he dejado un par de relatos cochinotes antes, hoy el post se lo dedico a una de las cosas más divertidas que hago desde hace tres años (y una pena no haberme enterado antes) que es la ineludible visita a la Monstrua de Cine Chungo que se celebraba en Rivas Vaciamadrid gracias a los fornidos y talentosos muchachos de Campamento Krypton. Este año repetíamos tres, y conseguimos engañar a otras tres más. Esto engancha. En serio. Y te aliena de tal manera que eres capaz de transmitir tal entusiasmo en tus palabras para convencer al resto con frases como “las pelis son horribles” “no vas a ver mierdas más grandes en tu vida” que les resulta irresistible cuando menos, curiosear. Y una vez que te acercas es como una tela de araña, te atrapa y ya no puedes ser más que sucumbir a lo que monta esta araña de cinco patas.

Por cierto, en mi opinión ha sido un acierto hacer el maratón este año solo en la sesión de tarde porque sales menos cansado y llegas a la última película como una rosa. Además a las que somos madres nos da tiempo a ir a la compra el sábado por la mañana, dejar a nuestra hija con gastroenteritis y un cubo al lado de su padre y salir pitando sin echar la vista atrás alejándote 50 km del foco de infección por unas horas.

Vamos, que lo que es yo, iba ya concienciada con que lo que fuera a ver no iba a ser peor que llevar levantada desde las 6 de la mañana limpiando vómitos.

Animalica.

Primero nos tragamos Escuadrón Infernal, una peli de 1986 con la calidad de ese año, que es lo que le da encanto también a estas sesiones, y que iba de un señor que era el embajador de los Estados Unidos de no sé qué país porque no lo dicen en ningún momento pero que intuimos mucho que por la gente con turbantes árabe es, y para liberarlo contratan y entrenan a un grupo de cabareteras de Las Vegas que son tan mercenarias que lo mismo te bailan que acaban con grupos terroristas en tacones, shorts y con metralleta que te bailan una pieza de can can para liberarse de las cadenas que las aprisionan. Y son muy limpias. Mega limpias. Tanto, que las nueve se bañan en la misma bañera a la vez cada vez que vuelven de una misión. Y van a un montón de misiones. Y se bañan un montón de veces. Y siempre eligen encima el momento en el que las llaman por teléfono para la misión siguiente, que digo yo que si ya saben que las llaman a tal hora no pueden esperar cinco minutitos más a meterse en esa agua que tiene que tener más mierda que el Ganges, y evitarse la escena de teta metida con calzador. Al menos seis veces.

Tal fue el éxito de los lavados de las muchachas que el grito “¡BAÑERA, BAÑERA!” nos va a acompañar hasta el año que viene. El final de la peli, que no desvelaré porque deberíais verla (en vuestro lecho de muerte, cuando ya no tengáis nada más que hacer en vuestra vida) es tan ochenta’s que hasta sueltas una lagrimita de la emoción. Más que recordando cómo rebobinabas antes las casettes. Cansinos.

Así de seguidico, con sorteo de por medio en el que una de mis acompañantes se llevó dos cómics y un libro (más te vale que me los dejes), nos tragamos Qualen: La Maldición del Miedo, una cosa que supongo que pretendía ser de miedo y/o suspense, pero claro, si cumpliera sus pretensiones no estaría en la Monstrua. La historia va de un pavo que hereda una casa después de que el cansino de su padre acabe en el fondo del lago, con la condición de que viva en ella. Él tiene una novia muy rubia con mucha sombra de ojos azul, de esa que nunca debió de existir, y que al principio parece muy maja pero que luego es un poco mala pécora. La verdad es que en esta peli desconecté un poco de la trama porque el jardinero al que se folla la novia del heredero 8veis, una mala pécora) estaba bastante potente, a ver, era una gamba el tío pero tampoco tenía muchos planos la cara de cerca, así que mi cerebro estuvo más rato pensando “joder que culo” “vaya espaldaca” “madremía cómo coge la carretilla” “redios qué brazacos” que pendiente de la trama.

Y llegó, sin saberlo, el momento más maravilloso de la tarde. Presagios Peligrosos. Como estábamos faltos de nicotina, nos perdimos los diez primeros minutos de la película, pero creo que fue hasta mejor ahorrarnos unos minutos de tortura. La peli era de 2013, por lo que la calidad era tan excepcional que no sé si por los encuadres o por esta calidad, me parecía todo el rato la escena de antes de follar de una peli porno. Y las actrices tampoco ayudaban mucho a que no lo pareciera. Yo estoy segura de que a la mujer de Neil la he visto muchas veces en muchos sofás en otras casas con otros señores.

Volviendo a la trama: La peli va de un tipo escritor al que atropellan y tiene un accidente que le deja en coma en el hospital, cosa que tampoco me extraña porque la mascarilla de oxígeno estaba puesta por encima de una escayola y así no hay quien respire ni nada, pero un día se levanta y se va a su casa a desangrarse en la ducha junto a su mujer. Luego ya están en la cama como si no hubiese pasado nada, pero en realidad si ha pasado porque él se ha convertido en un super hacker informático que ríete tú de Snowden, que este no necesita ni encender el portátil, y es capaz de descubrir todas las miserias y mandamases del mundo mundial. Pero para ello necesita tirar los portátiles al suelo unas siete veces durante la película: porque está frustrado, porque está enfadado, porque quiere follar sobre la mesa aunque no pasa de darle unos castos besos de señor mayor baboso e inerte a su mujer que tuvieron que revolver el estómago del público femenino congregado, porque está enfadado otra vez y por la puta cara. No sé yo hasta que punto Vaio estaría feliz con ese product placement. De sus pantallas. Porque estoy convencida, esto ya es frikez mía porque vivo en una casa por la que pasan una media de 15 portátiles semanales, que la pantalla no correspondía, por el grosor, al chasis de la parte de abajo. Sí, era tan insufrible que te daba para pensar estas cosas y otras tantas más. También sale un Ferrari del que sólo podían tocar por contrato el retrovisor del conductor (esta frase que soltó el chico que había a mi lado me hizo reír tanto que casi me peligra el maquillaje) y una señora rubia con una hijastra a la que le da por calentar al inexpresivo protagonista de unas maneras muy raras y que él rechaza hasta la saciedad, porque todo lo que hace lo repite hasta el paroxismo, los diálogos son insufriblemente largos repitiendo la misma frase, cada vez con una entonación peor, hasta que le gritas a la pantalla “que sí, tronco, que sí, que ya nos hemos enterado”. Pero básicamente la trama va de hacernos creer que una chica que no llega a los 30 es coetánea del protagonista, un señor que de estirado si estornuda se hace un esguince. No sé cuanto duraba en realidad, pero la sensación era como llevar cinco horas con ella. La gente se revolvía en sus asientos, gritaban que parara ya la tortura, hasta que la escena final, no sé si por tremenda o por el hecho de que por fin se acababa ya aquello, puso a la sala en pie en una ovación. Eso es algo que me maravilla siempre del ambiente de la Monstrua, esa sensación de felicidad rara que te queda después de que te hayan dado por el culo sin vaselina pero que aplaudes. Porque volverías a dejarte dar sin miramientos. No sé si es el ambiente, la gente, las películas en sí pero es como cuando tu mejor amigo te hace una putada: la perdonas y no dejas de quererle.

Sin duda mi favorita. Yo que he visto The Room tres veces en el cine y una en casa porque soy una masoca, creo que Tommy Wiseau es el puto Spielberg al lado de Neil Breen. Creo que este señor se ha ganado una horda de cientos de fans en una tarde.

Y con el subidón de la anterior, cogimos con unas ganas increíbles la última peli, Furious, de chinos dando hostias que según cuenta la sipnosis iba a vengar la muerte de sus alumnos y yo creía que era la de su hermana, por lo que igual no me enteré bien de qué iba. La peli va de un tipo que tiene un hermano gemelo con una peluca plateada y que utiliza para que haga de malo en el film. Luego vive al lado de una corporación ultrasecreta que tiene las oficinas en mitad del campo donde vive él, o se desplaza súper rápido, o algo así porque las escenas así te lo hacen entrever. En toda la película debe de haber unas diez frases de diálogo pero que en realidad no hacen siquiera falta porque hay un malo que lanza gallinas por los puños y con eso es suficiente para entender que no vas a comprender nada y que mejor te relajes y disfrutes la pérdida de neuronas.

En resumen, sufridísimo a la par que divertido. No deberíais morir sin haber tenido esta experiencia de saber que has perdido una tarde viendo unas cosas que ni por asomo se te ocurrirían y que encima no puedes contar a nadie porque te van a mirar como las vacas al tren.  Gracias nuevamente a Campamento Krypton por dejarme esta sensación de “y ahora un cigarrito e ibuprofeno para el dolor” que me deja siempre la Monstrua.

 

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