Todas las veces que lo hicimos. Capítulo 2.

No, no te dije nada. Estuve evitándote toda la mañana. Casi muero de deshidratación y de sueño por no acercarme a la máquina de café. No podía encontrarme contigo, no con los pezones aún echando fuego, el simple roce del sujetador me estaba matando aquella mañana. Eso sí, rendí aquella jornada más de lo normal. Sólo me levanté a hacer pis (y a refrescarme un poco los pezones con agua) las veces que mi vejiga consideró necesarias. Por suerte la antigüedad de la oficina hace que los baños de hombres y mujeres estén situados en lados opuestos de la planta, porque no sé si hubiese aguantado toda la jornada sin mear.

Aunque la hora de la comida se me hizo un poco interminable. Casi todos os habíais ido a comer y yo, para evitar ¿tentaciones?, me quedé comiendo un sándwich en mi mesa. Así pasó, que a os diez minutos ya no sabía que hacer. Sólo se oía teclear a lo lejos, aún así me levanté y me di una vuelta por la planta a ver si había alguien más. Nadie más de lo que se oía.

Volví a mi mesa y me quité el sujetador. Qué liberación. Aún así el roce de la tela de la camisa me seguía proporcionando esa mezcla de placer y dolor que provocan algunas situaciones. Y por cómo empezaban a mojarse mis bragas, estaba claro qué sensación ganaba.

Me levanté camino del baño a refrescarme un poco. No había llegado a la mitad del negociado cuando creí que me iba a correr allí mismo por el roce de la blusa al andar. Me apoyé sobre una mesa, jadeando. No me reconocía en este estado animal de salidez, pero ahí estaba, buscando con la vista y algo de desesperación qué llevarme a la entrepierna. Necesitaba meterme algo. Vi un rotulador de un buen grosor, y como un niño que roba una chuchería al descuido del dependiente, lo cogí y casi volé hasta el cuarto de baño.

En aquel momento ya no necesitaba refrescarme los pezones tanto como bajarme las bragas y meterme aquella cosa cilíndrica en suplantación de tu pene, que ahora debía de estar dos pisos más abajo tomando café. Ojalá hubieses entrado. Ojalá me hubieses empotrado contra el lavabo. Pero lo que tuve que hacer fue meterme en uno de los cubículos, y tras asegurarme de que nadie iba a poder abrir la puerta, me desnudé de cintura para abajo, dejando los zapatos, medias, falda y bragas sobre la cisterna, para que no asomara nada por debajo.

Bajé la tapa del inodoro y me senté encima. La verdad es que me vino bien notar el fresquito entre las piernas antes de entrar en combustión espontánea. Ni me lo pensé, más bien porque ya no tenía sangre en el cerebro, me aseguré de que la puerta estuviese bien cerrada, coloqué las piernas en las paredes del cubículo y le di rienda suelta a mi pasión con un rotulador. No tardé mucho en correrme, aquello era una paja más de urgencia que por placer. Volví a vestirme, salí y lavé el rotulador. Al principio estuve tentada de no hacerlo, ser un poco perversa y dejarlo tal cual en la mesa del dueño; pero igual le dueño lo notaba pringoso y temiendo que fuera a romperse, lo tirara. Y me venía muy bien saber que tenía un aliado para casos de emergencia como este. Aunque visto lo visto, iba a empezar a llevar un pequeño vibrador en el bolso. De esos que tienen forma de pintalabios, o brocha para el maquillaje, que siempre vienen bien para masajearse cuando uno está muy sobrecargado.

Pasé el resto de la tarde sentada en mi mesa, entre otras cosas porque se me había olvidado ponerme nuevamente el sujetador y la oficina estaba demasiado llena ya para volver a montar el numerito.

Cuando llegué a casa, tuve la tentación de llamarte. Bueno, quizás lo hice porque se me escapó el dedo al intentar poner tu foto de whatsapp más grande. Creo que llegaste a descolgar y oírme decir “no, no, no llames, cuelga” porque vi como el marcador de segundos se activaba mientras conseguía llevar mi dedo al botón rojo de la pantalla.

Pero volvimos al cochambroso motel esa misma noche. Esta vez el deseo era diferente, roto el hielo en el primer contacto anterior, tu mano se metió en mis bragas nada más entrar en el ascensor. La sonrisa picarona del recepcionista, y supongo que dueño a la vez, nos indicó que esta vez no se iba a entretener mucho en darnos explicaciones acerca de la habitación y sus cualidades. Al cerrar la puerta tras nosotros, te faltó tiempo para meter tu mano por mi blusa desde detrás y tu mano nuevamente en mis bragas. Me tuviste así, rozando levemente mis pezones con la yema de los dedos, y en contraposición acariciando mi clítoris con la intensidad justa como para hacer que mis piernas flaquearan lo suficiente para que me acabara corriendo a cuatro patas en el suelo con tu cuerpo sobre el mío. Sin sacar la mano, tiraste de las bragas y las medias a la vez que me enrollaba la falda a la cintura. Esta vez no íbamos a llegar ni a la cama. Tu polla buscó el agujero más húmedo y lo penetró hasta el fondo. Fue maravilloso que me follaras en el suelo mientras observaba las pelusas de debajo de la cama, sintiendo tus embestidas, tus jadeos (mierda, otra vez el móvil), tus manos sujetas a mis caderas casi a presión, tu aliento en mi espalda, sin poder verte, sólo notarte, follándome como me hubiese gustado que hicieras unas horas antes, como animales, aunque entonces no pudiéramos gemir sin ser descubiertos.

Me desperté a la mañana siguiente en el sofá. Mierda. No recuerdo cómo llegué a casa después del polvo y las cañas que nos tomamos, pero sí sabía que llegaba tarde a trabajar. Pero necesitaba una ducha. Aún tenía los muslos pringosos de noche pasional, y no me parecía bien empezar así ya el día. Me di una ducha rápida, me vestí y salí por la puerta. A los pocos segundos volví, cogí las bolas chinas de mi cajón y el pequeño vibrador y volví a salir. Me metí las bolas en el ascensor. A partir del cuarto piso, con compañía, por lo que tuve que hacer verdaderos esfuerzos para introducir la segunda bola solo con movimientos pélvicos y un disimulado toquecito. Aunque después en el taxi que cogí para llegar a la oficina, para deleite del conductor, pude colocármelas algo mejor.

Por suerte para mi, hoy no me importaba encontrarme contigo. De hecho, si los designios del destino no nos hubiesen puesto en el mismo proyecto para trabajar durante los siguientes meses, te hubiese buscado.

Verte aparecer en la sala de reuniones me hizo soltar tal gemido improvisado, que tuve que toser para disimular. Me sonreíste y a partir de ese momento solo pude pensar en que quería que desapareciera toda esa gente y me follases sobre la mesa. Bueno, en realidad me la soplaba si desaparecía la gente o se quedaba mirando, pero me moría por tenerte pegado a mi y notar tu erección en mi culo. Cuando saliste a exponer mis ojos no se podían apartar de tu paquete. Qué ganas de masturbarme. Si no hubiésemos estado tan apretados en esa sala, me habría acomodado en la silla y me hubiese hecho una paja escuchándote. Me pone tan cachonda tu voz como el resto de ti.

Era tal la humedad que se estaba produciendo ya en mi coño, que las bolas empezaron a salirse. Pese a que estaba sentada, noté como una de ellas se deslizó hacia fuera de mi vagina, quedando atrapada entre las bragas y mi clítoris. Temía ponerme de pie y que resbalaran ambas hasta mis tobillos por dentro de las medias, y la habitación estaba algo más llena que el taxi por lo que no había mucha opción para recolocarlas. Intenté hacerlo de la misma manera que en el ascensor, pero los movimientos lo único que me provocaban era más placer. Tanto, que no sé si fui yo inconscientemente o muy consciente de lo que hacía, o la situación, las leyes físicas del rozamiento o lo que fuese, pero lo único que conseguí fue tener un tremendo orgasmo agarrada a la mesa y mirando muy fijamente la portada del dossier que nos habían entregado para disimular. Ahí me di cuenta de lo duro que iba a ser formar parte de este proyecto.

One thought on “Todas las veces que lo hicimos. Capítulo 2.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s