Relato erótico navideño: All I want for Christmas is you

No sé cómo empezar. Bueno, sí, quizás por haberte traído hasta aquí sin avisarte. Tranquilo, ahora te desato y te dejo que te vayas si así lo quieres. Pero escúchame primero. Con el ruido del bar no podía contarte esto tranquilamente y me ha sido más fácil drogarte y traerte hasta aquí para contártelo que hacerlo a gritos. Soy exagerada, sí, vale, pero ya me conoces. También sabes que nunca te haría daño, y que sobre todo, te respeto. Por eso estás aquí aunque no te lo creas.

Mira, yo quiero follarte. Eres una maldita obsesión. Pero tú no quieres, y eso es otra maldita obsesión. ¿Sabes lo que es una niña caprichosa a la que se le mete algo en la cabeza y no hay manera de sacárselo hasta que lo consigue? Pues así soy yo.

Sí, entiendo que el decirte que quiero follarte y que se me ha metido entre ceja y ceja el hacerlo y que estés a su vez atado en una silla no debería ayudar a tu tranquilidad, pero los dos sabemos ahora mismo que te podías haber soltado en cuanto he empezado a hablar y ahí sigues, sentado. Que te pique la curiosidad es contraproducente, me estás poniendo cachonda sin saberlo.

Yo quiero follarte. Y no puedo. Y no me dejas. Y no me voy a quitar esta obsesión. Así que he tomado una determinación, que en realidad es un placebo, pero que igual funciona. Quiero follarme a alguien que se te parezca, contigo delante. Ya, se me ha ido del todo, pero es lo que necesito ahora. Ahora no, llevo meses rondándolo, pero creo que este va a ser mi auto regalo de Navidad.

Como ya te he dicho, puedes irte en cuanto quieras. Pero espero que el morbo pueda más. Pero si te quedas, te desarrollo la idea: No voy a negar que lo primero que se me pasó por la cabeza fue cortarte la cabeza a lo Necromantik y follarte tantas veces como quisiera. Pero me pareció un poco psicópata, por lo que pensé en quedarme el cuerpo entero. Pero seguía sin acabar de verlo, mover el cadáver, conservarlo, disimular tu desaparición, etc… además de que me caes bien y oye, aunque no follemos, podemos hacer otras cosas.

Bueno, ahora que sabes que la necrofilia es la segunda opción, supongo que ya tendrás interés en saber cuál es la primera. Como ya te he adelantado antes, en este caso no necesita morir nadie: nos vamos a un bar, entro a un tipo que se parezca a ti, le propongo un polvo con mirón y a ver qué sucede. Podemos hacernos pasar por pareja y ser tú un tipo de esos a los que les gusta mirar mientras otros se follan a su mujer, pero si no quieres quedar como un tío rarito, puedo contar la historia real y quedar como desviada yo. Aunque el raro en cualquiera de ambos casos, seguirás siendo tú.

Una vez conseguido el placebo, yo creo que el mejor sitio para hacerlo es aquí. Hay un sofá, una cama, varias sillas y puedo gemir todo lo alto que quiera.

Quiero que estés cerca,, muy cerca. No te tocaré, sólo te miraré, pero quiero sentirte, notar tu calor, aunque sea desde otro cuerpo. Esa silla en la que estás nos vendrá muy bien.

Creo que le diré que le voy a vendar los ojos, no quiero desconcentrarme. No sé si funcionará. Tú crees que un “hola, quiero follarte, pero ha de ser con los ojos vendados porque en realidad no quiero follarte a ti si no a alguien que va a estar mirando,” ¿funcionará? . Espero que sí, porque me muero de ganas de no echarte un polvo.

Quiero desnudarle mirándote a los ojos, y hacer lo propio conmigo; chupársela clavando mi mirada en ti, y cabalgarle en el sofá contigo a la espalda. Quiero ver cómo te revuelves en la silla cuando mis gemidos suenen casi en tu oído; deseo ver cómo crece tu polla dentro del pantalón mientras tengo la suya dentro. Quiero que disfrutes y sufras lo que te estás perdiendo. Quiero correrme dentro de tus pupilas, que de mi orgasmo nos separen centímetros; pretendo que estés incómodo, que tu polla te mande a la mierda y te diga que me folles; te dejo, quiero y necesito que me toques hasta donde creas que puedes hacerlo; me pone mucho pensar en tenerte debajo mientras me folla a cuatro patas; me gustaría acariciarme el clítoris sobre ti mientras noto sus embestidas, que mis nudillos rocen ligeramente tus vaqueros cuando lo hago; pero me apetece sentir el morbo de correrme encima de ti, aunque a la vez sea un sufrimiento no poder cogerte las manos y ponértelas en mis tetas… ¿pero crees que a esas alturas podré agarrártelas para correrme sin perder el equilibrio?

Me quedaría una última petición, si es posible, a estas alturas: córrete sobre mi. Sobre mi coño. Te prometo que solo lo usaré como lubricante para correrme por última vez masturbándome frente a ti. Nada más. Después podrás irte y no volver a verme si así lo deseas.

Bueno, tú eliges… ¿plan a o b?

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