De bolis y repartidores

 

No sé si he comentado ya que desde que dejé de tomar pastillas anticonceptivas vuelvo a ser la yo que era antes de tomarlas, un lustro atrás, y vivo en un estado de salidez constante. Que a los seguidores del blog durante 8 años no es algo que os pille de sorpresa, pero he tenido mis subidas y bajadas. Yo le echaba la culpa a la maternidad que acaba con las ganas de todo de cualquiera, pero no, coño, que eran las pastillas.

Llevo 3 meses ovulando un poco descontrolada, por lo que el estado de salidez es casi constante. Y esta semana es la semana de “me follaría a un caballo repetidas veces” en las que mi cerebro no tienen ni medida, ni control, ni saciedad. 24 horas al día, siete días a la semana, con un constante “run run run quiero correrme” Porque no es tanto un polvo como tener orgasmos. Es como si te duele una muela y te tomas un ibuprofeno que te calma el dolor, pero con pajas y sin efecto de seis horas. Una como mucho.

A veces me preocupo, no lo voy a negar. Esta vez, por ejemplo. Me cuesta concentrarme y no puedo dejar de pensar en que quiero correrme. Y lucho contra ello, me entretengo con otra cosa, pero a la mínima que le dejo las riendas a mi cerebro otra vez, ahí está machacando con el temita. Así que por eso estoy escribiendo esto. Porque si lo dejo salir y lo digo en alto (no es un tema que se pueda ir comentando por ahí alegremente, creo, hay que poner a la gente en un contexto y vosotros ya lo tenéis), pero es que tengo hasta taquicardia.

Empezó flojito como podéis comprobar en el relato del lunes, jajaja, y ahora, menos sádica, lo que tengo es un harén. 5 lobitos tiene la loba. Porque lo bueno, o lo malo, que tiene mi cerebro estos días es que no necesita tirar de porno para saciarse: con lo que se imagina le vale. Y como me repite hasta la saciedad cosas, pues llega un momento en que tengo una obsesión casi enfermiza por follarme a esas personas, que para más inri, suelen ser cercanas o conocidas y accesibles porque ya me podía dar por matarme a pajas pensando en Bruce Willis pero no, lo mío es el populacho.

Bueno, pues llevaba ya toda la mañana runrún con uno de los cinco lobitos (igual me da para relato algo de lo que me imagino), y aprovechando que hija estaba comiendo y que el dolor de muelas no iba a parar, me he tomado un ibuprofeno. Y mientras me imaginaba un fantástico empotramiento con uno de los lobos en los baños de un sitio en el que siempre coincidimos (sólo lo hacemos una vez al año, el coincidir, y siempre es en ese lugar), estando ya a punto de correrme, suena el telefonillo. Sus muertos. Quién viene a las dos de la tarde. A la vez oigo desde abajo “¡mamá!” y como se van acercando los pasos a pequeñas zancadas. Una mierda, yo no paro, que les ondulen a los dos. Oigo ya los pasos en las escaleras, y la puerta del pasillo abrirse en plena explosión. “Mamá, la puerta” “Si ya voy” con el corazón repartido entre la boca y el clítoris. Me voy a la ventana y le grito al de la puerta que ya voy. Un repartidor. No voy a decir la empresa para no dar pistas. Voy a salir por la puerta y me doy cuenta de que voy en sujetador, así que vuelvo a por una camiseta.

Bajo, Hola, hola, toma paquete, el muchacho súper guapo, yo acelerada, firma aquí, dedos mojados, boli al suelo. Lo recojo del suelo riéndome y controlando porque el repartidor está muy bueno o los pantalones le quedan muy bien o yo estoy salidísima pero el barrido de la cámara de mis ojos desde el suelo hasta ponerme a la altura de sus ojos ha sido de óscar a la mejor fotografía. Ya he firmado, sujetando bien el boli y se ha ido. Me he mirado los dedos que parecían garbanzos a remojo del día anterior, y ya si el muchacho se mete el boli en la boca es cosa suya. Yo estaba tranquila que ya me había duchado. Con paja incluida, claro.

3 thoughts on “De bolis y repartidores

  1. Veo que esto de que me mole el populacho, 5 o 6 bien accesibles, y que tenga el cerebro en modo repetición, no es algo que me pase a mí sola. Me quedo más tranquila 😂😂😂

  2. Pues la verdad es que me consoláis vosotras a mi también jajaja. Ya sabéis, mal de muchas… Y es verdad Isi, no había pensado en el estrés que llevo desde que volví del verano, que también influye, porque cuando me pongo nerviosa necesito ibuprofeno para relajarme 😉

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