Necesito azúcar

Hace una semana por causas ajenas a mi voluntad, decidí ponerme a régimen. Cosa que no os sorprenderá siendo mujer y el mes de Mayo. Me suda mucho el coño la operación biquini porque no lo he llevado nunca, no me gusta la playa, soy alérgica al cloro y al amoniaco ( bañarme en una piscina pública entre meadas del personal y el disimulador de meadas del personal, es como meterme en una vasija de ácido). Con esto quiero decir que ha dado la casualidad de que no me quepan ahora los pantalones que quiero ponerme. A ver, ponérmelos me los pongo, lo que ya no me siento. Y una tiene una edad para estar todo el día de pie.

 

Por otro lado he tenido unos picos de curro y estrés muy salvajes y para mantener el cerebro vivo, no he parado de meterle azúcar y potasio. En formato conguito algunas veces (de ahí que no me entren los pantalones y todo sea un puto círculo vicioso). Mantener el cerebro vivo= no morir de la ansiedad. Además le añadimos que en estos meses me ha venido la regla también, por lo que la ingesta de azúcar ha sido alta.

El estrés no ha bajado ni un gramo (¿cuál es la unidad de medida del estrés?), y le podemos añadir que en 11 días cumplo 41 años. Y la crisis que no me dio a los 40 porque estaba más preocupada por quitarme ya la L que otra cosa, este año me ha venido toda en versión bloguera de moda: Me he cambiado el color del pelo (otra vez) porque se me ven mucho las canas y me siento menos buenorra que antes y por eso me pongo a plan.

 

En realidad lo que os voy a contar es una chorrada pero necesita todos estos antecedentes para rellenar espacio.

 

Total, que al ponerse uno a régimen lo primero que hay que dejar es el azúcar. Y oye, he visto monos de heroína mejor llevados que el mío con el azúcar. Dolores de cabeza aparte, ganas de morirme y media serie de 13 Reasons Why mientras le doy a la elíptica vistas, lo llevo muy bien porque ya veo resultados, como que me levanto siete veces a mear durante la noche cuando antes sólo lo hacía dos, tener agujetas en el culo constantemente y ese tipo de cosas.

 

Todo esto es el resumen para que podáis haceros una idea de la falta de azúcar, que miro una remolacha y la dejo blanca como una cebolla.

 

Ahora vamos al escenario en el que transcurre la historia.

 

Como pareja culta y bien avenida, antes de dormirnos leemos un ratito en la cama. Hay noches que el ratito es encender el ebook y meternos en la frente con él una hostia porque nos hemos quedado sopas mientras arrancaba, pero la intención está ahí. Bueno, va, a mi no me ha pasado nunca pero me descojono cuando le pasa a él. Un día de estos nos vamos a tener que levantar para ir a urgencias porque se ha partido la nariz, pero las risas no me las quita nadie. Y el que me llame hijadeputa tampoco.

 

Luego viene la parte en la que yo acabo el capítulo antes de mi libro y además quiero jarana. Entonces deslizo mi mano hasta su ingle y voy despacito acercándome como para no molestar hasta la polla, y ya empiezo a contar el tiempo que tarda en sonar el click del apagado de pantalla, el cajón de la mesilla abrirse para guardarla (tenemos 4 gatos, por muchas ganas de follar que tengas hay que ser ordenado si no quieres cambiar la pantalla al día siguiente) y ya llamarme cabrona interesada y al lío.

 

Eso sí, si el libro está interesante me dan por el culo y me espero a que acabe. Y ya puedo estar con la polla en la boca que el desgraciado sigue leyendo. O sujetando la tablet. No sé, yo estoy a lo mío.

 

Por otro lado, habiendo tenido un sex shop, os podéis imaginar las cantidades ingentes que tengo de lubricantes de todas las texturas, efectos, (ays, os tengo que contar otra cosa en otro post, que me he enganchado a uno en plan “dame mi droga o te rajo” lo uso para las pajas, pero ays, cómo me mola.) , colores y …sabores.

 

Y entonces, pensé para mi misma, en la oscuridad de la habitación, apenas iluminada por el resplandor de su dispositivo de lectura: “ Podría chupársela, así le echo lubricante de sabores y como algo dulce”

 

Y me dio la risa, claro.

  • De qué te ríes.
  • De nada. De una cosa que se me ha ocurrido. Pero si te la cuento tengo que hacerla.
  • A ver. (entonación entre susto/desesperación/amiga que nos conocemos).
  • Nada, que estaba pensando que si te hago una mamada y le echo lubricante, me llevo algo dulce a la boca.

 

Carcajada.

  • Pues nada, elige el sabor.

 

Fue fresas con cava, que es el que tenía más a mano. No es que me guste la fresa en exceso, pero me supo a gloria.

 

 

Hace poco alguien me preguntó si me inventaba estas historias. Le dije que no, sólo que tengo una manera “diferente” de contarlas.

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